EL PENDÓN DE SAN JORGE Y LA REINA ISABEL I

                                               CCVIII

                                              Cáceres

Tradiciones Cacerenses.

Crónica desde la Ronda de la Pizarra.

La joya de más estima, como la más antigua y más gloriosa del consistorio cacerense, es el pendón de la villa, o insignia militar conocido como el Pendón de San Jorge, sin duda por haber sido el que enarboló sobre el alcázar musulmán, de la antigua Norba Caesarina, el día de la conquista definitiva para la cristiandad de la Hins-Qazrix del moro, día en que la iglesia celebraba la fiesta del Santo Jorge, pero no porque tuviese hoy ni hubiera tenido nunca, figura o leyenda que hiciese la más remota alusión a su santo patrono, don Publio Hurtado, nos cuenta:

“Hay un historiador, Solano de Figueroa, de escaso o ningún crédito por los anacronismos y patrañas de que abundan sus obras, que cita en sus santos de Cáceres, un pendón que tenía bordada en una de sus caras la figura de San Jorge, armado y a caballo, con un dragón a sus pies, ningún documento oficial, ni ninguna referencia hace mención de tal estandarte”.

“Merecía efectivamente contemplarse, nos sigue diciendo don Publio Hurtado, en ocasiones lo había visto paseando por las calles de la ciudad y que sería cosa de examinarla más de cerca, al poco lo sacaron de las vitrinas colocadas en el salón de sesiones del Ayuntamiento donde se custodia, al par que otras tres o cuatro banderas y estandartes de las milicias locales, y lo desliasen y tendiesen a la vista del público en general, el señor Hurtado, mirado, y admirado, se dio cuenta de que aquello, no era ya más que un venerado guiñapo que antaño perteneció a otra bandera, piadosamente sobrepuesto y recosido sobre una tela de seda carmesí, por las propias manos de la Reina Católica, según afirma el licenciado Rodríguez Molina, haciéndose eco de la tradición local”.

(Publio Hurtado-ayuntamiento)

Existe o existia otra tradición que corría de boca en boca no ha mucho tiempo entre el paisanaje de la antigua villa cacerense, un sucedido que se refiere a la venida de su majestad la católica Isabel I, que por lo visto y según testigos, era mujer mañosa, que lo mismo mandaba desmochar las torres de las casonas, que guerrear con el de Portugal, cuando su tía, doña Juana, hija de su hermano Enrique IV “El Impotente” le dio en reclamar el trono de España para si y para su marido Alfonso V, monarca del país lusitano, y tío suyo a la sazón, de doña Juana, su mujer, del cual se separó años después sin haber consumado el matrimonio, que se le ocurría mandar a un dudoso almirante de origen judío en busca de Nuevos Mundos, como iniciaba guerra contra el moro, que se ponía a zurcir lo roto.



Y he aquí donde interviene Cáceres y el sucedido, y es que, llegando de paseo de la Ribera del Marco, donde concedió merced a la huerta que llevaría este mismo nombre, y sin tener nada que hacer hasta la hora de la cena, dio en curiosear por las dependencias municipales, y sus regios ojos dieron en reparar en una enseña, hecha girones y descoloridas, dando muestras de su mucha antigüedad y de estar bien paseada tras por el paso del tiempo por diversos campos de batalla.

Esta reliquia en la que se interesó la primera dama del reino, era ni mas ni menos que el Pendón o señera del santo Jorge, patrón de la villa, por ser su día, el día que se conmemora su efeméride, día que entraron en señal de conquista de Hins Qazrix, que resultó ser un 23 del mes de abril del año de 1229 por las huestes de Alfonso IX de León y Galicia.

Viéndolo en total ruina, arremangándose sus graciosos brazos dio en pedir aguja e hilo, y con sus lindas y delicadas manos, comenzó a coser y zurcir los desperfectos de tan reverenciado pendón. ¡Oiga y dice el cronista que le quedo como nuevo eh!

Más ocurre que,  tenemos la duda de donde esta el pendón original,  porque en el transcurrir de los siglos, se acordó varias veces por el Consejo sustituirlo o duplicarlo, para que no sufriese mayor deterioro, con tal fin por acuerdos del Ayuntamiento de 1532 y 1534 se mandó traer tafetán de Medina, de tornasol dorado, y sedas para hacer otro, más tarde cuando Pedro Rol de la Cerda, nombrado a perpetuidad Alférez Mayor de Cáceres por el Rey don Felipe II, el 8 de octubre de 1566, requirió a los regidores para que le entregasen los pendones y banderas de la villa, y el que tenía el Alférez, existente a la sazón, contestaron los requeridos que:

“mandaran y mandaron notificar a Alonso Martin Texado, que tiene en su poder el dicho pendón, con que esta villa fue ganada al moro, que por ella había sido nombrado éste presente año, que lo de y entregue a dicho señor Pedro Rol de la Cerda, Alférez Mayor, porque para ello reclamaron al dicho Alfonso Martin Texado el pleito homenaje que hizo, al tiempo que lo entregó, y así mismo le mandaron dar, y entregar otro pendón y bandera de tafetán blanco  y azul, que la villa cacerense tenía y que estaba en el Ayuntamiento, el que luego se le dio y entregó, y al día siguiente 19 de diciembre, el dicho Alonso Martin, en cumplimiento, dio y entregó al señor Pedro Rol de la Cerda , Alférez Mayor, el pendón que por la villa a él se le había entregado, con las armas de león y Castilla, que es el que esta villa ha tenido, que es público y notorio se ganó a los moros, y el dicho señor Pedro lo recibió”.

Años después, muerte el Rey Felipe II, el Ayuntamiento cacereño, aclamó por sucesor a su hijo Felipe III, en 18 de octubre de 1598, y para tal ceremonia mandó que se hiciese otro pendón de color carmesí y de riquísima tela, y que pusiese de un lado las armas reales, y del otro las de la villa.

Aparecen pues varios pendones, uno el repasado por la Reina Católica, si es que llego a hacerlo, con el castillo en el primer cuartel y el león en el segundo, otro pendón, el tornasol morado, y acordado hacer en 1534, el tercero, en blanco y azul entregado al Alférez Mayor Pedro Rol, el cuarto, el de la reconquista que también se entregó al mismo, con el león en el primer cuartel y el castillo en el segundo, y el quinto, el mandado hacer para la proclamación de don Felipe III

El paradero de los cuatro últimos, se ignora, solo queda el primero, que por su mayor antigüedad y por lo que revelan los superpuestos en la tela de seda de carmesí, del que se destacan, aunque confusamente, se pudiera tener y se tiene por el pueblo, por el Pendón de san Jorge.

(“¡perdónenme su antigüedad!, ¡perdónenme la tradición! ¡perdónenme los documentos que así se hace constar! -yo niego que tan arcaica y prestigiosa enseña, sea la que agrupó a su alrededor las huestes reconquistadoras, ondeo el 23 de abril de 1229 sobre el alcázar musulmán de la villa cacerense”.) (Publio Hurtado-Ayuntamiento y familias)

Justifica el señor Hurtado su negativa como sigue:

El Rey don Alfonso VI, que por muerte de su hermano don Sancho, reunió las coronas de León y Castilla, unió en su blasón las armas de ambos reinos, colocando en el lugar de preferencia el león, emblema del primer estado que había regido, a la muerte de su nieto don Alfonso VII volvieron a separarse, por la división de los reinos entre sus hijos don sancho y don Fernando, para el primero Castilla, León para el

segundo, tornando en su virtud a ostentar las banderas leonesas, el león de gules, lenguado y armado en oro, con corona de oro en campo de plata, y la castellana el castrillo de oro, con tres almenas y tres homenajes, cada uno de estos con otras tres almenas y mayor el del medio en campos de gules, y en esta división de armas, llegó la época de nuestra redención del yugo mauritano.

Todos los historiadores están de acuerdo, en la afirmación de la malquerencia del monarca leones Alfonso IX, hacia su hijo el monarca castellano Fernando III, efecto por el cual atentos uno y otro a sus discordias internas, olvidaban sus obligaciones de ir sustrayendo territorios y ciudades al dominio musulmán, es más, concertadas entre ambos saludables paces, el leones se dispuso a emprenderla contra el moro a cuya campaña, que resulto la conquista de Cáceres, contribuyó don Fernando III, con un cuerpo auxiliar de soldados castellanos, acaudillados por el Comendador y trece de la Orden de Santiago, Ruy González de Valverde.

Cada hueste traía su pendón, los castellanos con su castillo, los leoneses con su león, y si el ejército auxiliar se retiró después de logrado el rescate, si don Alfonso IX quedó enseñoreado de la villa, y si dio esta como presa del triunfo, para su uso y glorioso recuerdo, el pendón emblemático de su real jurisdicción ¿cómo puede afirmarse que fuese alguno que ostentase el León y el Castillo unidos.?

Recordemos que estos dos signos heráldicos no se volvieron a unirse hasta que muerto don Alfonso IX, el sucesor en el reino leones, su hijo Fernando III. Mandó reunir en un solo escudo las armas de sus dos reinos, que cuarteló, prefiriendo el Castillo al León, por haber sido antes Rey de Castilla.

Es esta forma aparecen dispuestos en el Pendón de San Jorge, por lo que, dándole mayor antigüedad posible, no se puede remitir su confección más atrás del reinado de San Fernando, unos cuatro o cinco lustros después de la reconquista, fecha que conviene con el periodo de dos siglos largos que pudo resistir el deterioro del tiempo, hasta que doña Isabel, su católica majestad, compadecida de su estado, cosió sus ajados retazos a la tela sobre que hoy resaltan, aquí el cronista nos cuenta:

“Don José Ramon Mélida (arqueólogo) atribuye el hecho de remedar el pendón, a la época de don Alfonso X, hijo de San Fernando, por advertir en el bordado, juntamente con finezas ornamentales góticas, reminiscencias arábigas, semejantes al códice de las Cantigas (poesía cantada) atribuido al monarca Alfons X el Sabio”.

“Recordemos que estamos en el año de 1477, concretamente en el mes de julio, fecha de la venida de su católica majestad a la villa cacerense, y que fue tras nombrar a los representantes del Concejo, cuando ordeno se destruyeran los dos sellos imperantes en la villa, uno el de León el de Castilla el otro, y con los dos se hiciera uno solo y no más. Y que tenga un escudo de armas y en una mitad figure un león y en la otra un castillo.”



Conclusiones, según vamos leyendo cada poco parece más y más confuso y quizás hasta inverosímil, que tan altísima señora se pusiera a zurcir el pendón de la conquista, y si lo hizo seria cosa extraordinaria, ya que según vemos la mencionada señera es posterior a su venida a la villa cacerense.

Pero tradición es, y así la cuentan por Cáceres

(Fuentes Publio Hurtado-Ayuntamiento)

(Fuente licenciado Rodríguez Molina-Abreviatura)

(Fuente Sanguino Michel-Revista Extremadura VI 1904-pag,553)

 


Agustín Díaz Fernández

 

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