ALONSO DE MONROY
IV
CCXV
Cáceres
Segunda
Mitad siglo XV
Clavero y
Maestre de la Orden de Alcántara
Crónica
de Alonso Maldonado 1494
En el capítulo
anterior:
El Rey
Enrique IV de Castilla y León dolido por esta felonía del Maestre, ordeno al
clavero de la Orden de Alcántara don Alonso de Monroy, que combatiese a los
amigos parciales de don Gome, y especialmente al Comendador frey Diego Bernal y
su fortaleza de Trevejo. El clavero que hacía poco que acaba de escapar de las
prisiones que le había tenido en Maestre en fortaleza Alcantarina, por aquello
de la boda de su hermana, la escaló y la ganó.
Crónica
desde la Ronda de la Pizarra.
En este tiempo sucedió que, estando
Hernando de Monroy, el señor de Belvis en Deleitosa, acaso pasó por allí don
Alonso de Sotomayor, hijo del gran Maestre Gutierre de Sotomayor, señor de Belalcázar, Hernando de Monroy le
hizo mucha fiesta porque era su primo hermano, don Alonso rogó á Hernando de
Monroy que luchasen: Hernando de Monroy se escusa porque le conocía por hombre
bravo y muy soberbio desque cuando se enojaba, pero tanto porfió el don Alonso, que hubieron
de luchar, y como Hernando de Monroy fuese de los más recios hombres que hubiese
en aquel tiempo, dio con don Alonso en el suelo, don Alonso airado y corrido de
esto, dijo muchas palabras de hombre enojado contra Hernando de Monroy, y
volvía a importunarle con que volviese a luchar, pero Hernando de Monroy como
le tuviese por duro de corazón, le decía que no quería tenerle enojado sino hacerle todo placer. Pero en gran
manera más agraviado por de esto el don Alonso dijo palabras más duras que al
principio á Hernando de Monroy, más á Hernando de Monroy no se le daba nada de
todo esto, pero un criado suyo llamado Paniagua, que estaba ahí, echó mano a la
espada y dio una estocada a don Alonso de Sotomayor, y como fuese muy grave murió.
Este Paniagua había sido paje de Don Alonso,
muy cazador, y este paje se llevó un halcón y lo lanzase a una garza y el halcón
se perdiese con ella, enojado de esto don Alonso mandó dar a este paje cien azotes
en un asno por las calles de Belalcázar, este, cuando ya de hidalgo, fuese
luego de su casa como hombre afrontado, y se halló en esta coyuntura por donde
se quiso pagar de su afrenta.
En este tiempo como el Maestre don
Góme de Solís, se viese tan poderoso en la provincia de Extremadura, acordó
romper la paz con el Clavero, las razones que más legitimas daban para ello,
eran estas: que los dos castillos que había dado al Clavero decía no ser suyos,
sino de dos caballeros de la Orden, y que no podía él quitar a estos caballeros
que cada uno no guerrease por lo suyo, y con
esto les dio mil lanzas, cada uno tomó quinientas lanzas, y fueron a
sitiar sus castillos.
Sabido esto por el Clavero, bien veía
él que mientras el Maestre estuviese poderoso, la paz era escusada a causa de
las guerras pasadas y las enemistades que tenían que habían de ellas crecido.
Luego el Clavero se partió de Montánchez con doscientas lanzas de su mesnada, y
porque el tiempo era en lo más recio del invierno, y las abundancias de las
aguas eran infinitas, pasó mucho trabajo pero finalmente, él llegó una noche un
poco antes que amaneciese á Piedrabuena, y halló a sus contrarios que en medio tenían
muy grandes lumbres, y acometiéndolos bravamente cuando el albor rompía, los
del Maestre como no tuviesen consejo por aquella hora, las cosas estaban
suspensas y puestas en terror, pero acordaron de tomar sus caballos y pelear a
caballo como gente inexperta, ninguna cosa les daño más que este parecer, que
como los caballos estuviesen los más sueltos, esparcieronse por muchas partes, los
del
Clavero, que ordenados venían en
ordenanza de guerra, dieron en unos y después en los otros, y desbarataronlos y
mataron la mayor parte de ellos, y los que quedaron despojaron y con ello volvieron
con buen despojo y muchos caballos
Después de esto hecho, el Clavero se vino
a Azagala por curar de los heridos y descansar para ir a pelear con los que tenían
cercada de Mayorga, más sabido esto por la gente del Maestre que estaba sobre
Mayorga luego se fueron para Cáceres, a donde a la sazón estaba el Maestre.
Luego que el clavero vino a Azagala, le vinieron a ver muchos deudos suyos y
cada uno venia con la gente que tenía por saber el rompimiento de la paz, entre
los que, vinieron estaba Luis de
Chaves mayorazgo de Trujillo, y el
comendador de Santibáñez y el comendador
mayor de Alcántara Raudona, y otros muchos caballeros deudos y amigos, el
clavero, como estos caballeros llegasen, no quiso se volvieran en balde a sus
casas, antes luego otro día de mañana mandó tocar las trompetas e hizo sacar su
estandarte y dijo a aquellos caballeros que nuevamente habían venido, si les parecía
que debían de ir a dar vista a Mayorga y ver si querían pelear los que allí
estaban en el cerco. Todos dijeron que de buena gana irían siquiera por no hacerle
mentirosas las ofertas que le habían hecho esa noche, y tras esto se partieron,
y cuando llegaron a Mayorga ya era ida la gente del Maestre.
El clavero mostró algún enfado por no haber
llegado a tiempo de probar a aquellos caballeros noveles sus huéspedes que eran
más de cien lanzas, volviendo a Azagala y cenaron aquella noche con mucho placer,
cada uno de los huéspedes hablaba en lo que pudiera hacer en la batalla si los
del Maestre esperaran. Luego en cenando vino un mensajero al Clavero de parte
de Lorenzo de Ulloa , y Juan de Carvajal y sus deudos, le mandaban una carta
firmada de muchas firmas de caballeros por la cual le hacían saber que en la
villa de Cáceres había gran bullicio por echar al Maestre de ella, y que no querían
comenzar esta cosa sin su favor, por tanto, pues era servicio del Rey tomarle
su villa a aquel Maestre que tiranizada
la tenía , que luego en la mañana fuese con ellos, y que ellos saldrían a meterle
a él por una puerta de la villa., cuando el Clavero supo esto, mandó ensillar y
aderezar a los suyos con mucha alegría, y dijo al Comendador mayor y a Luis de
Chaves que él haría que pagasen el escote de la cena, aunque mucho más debiesen
a él, por ponerles en las manos cosas en que ganasen mucha honra. Luego
salieron de Azagala, iba con el clavero trecientas lanzas y cuatrocientos
peones, y en saliendo el sol fueron en Cáceres, y cuando llegaron hallaron muy
gran alboroto, porque los del Maestre habían peleado con los de la parcialidad
del Clavero, y los tenían en una parte del lugar cercados, al Clavero salieron
algunos caballeros a mostrarle por donde había de entrar, y dijeronle que por
la puerta de Coria, en la Plazuela del Socorro, estaba menos gente, el Clavero fue a la puerta
de Coria con mucha furia por mezclarse con los del Maestre, y como esta puerta
guardase un caballero de los más principales de Cáceres que se llamaba Gonzalo
de Cáceres Espadero, hizo alguna resistencia como buen caballero, pero no podía
él durar a la muchedumbre de los del Clavero, que luego le mataron.
Como el Maestre don Góme de Solís,
supiese que el clavero venia en socorro de los de Cáceres y que estaba ya tan
junto a él, salióse de la Villa por otra parte, Puerta de Merida, y sus
parciales con él, El Clavero quedó en mucha amistad de los de Cáceres y quedó
la Villa en servicio del Rey, y después volvió á Azagala para desde sus
fortalezas guerrear al Maestre. Luis de Chaves y el comendador de Santibáñez y
los otros caballeros todos se volvieron a sus casas muy contentos del Clavero,
solamente quisieron quedar con una mesnada de treinta de a caballo, todos
mancebos deseosos de guerra, entre estos quedó un hermano de Luis de Chaves que
se llamaba Nuño de Chaves.
También quedó el Comendador mayor,
porque tenía perdido su estado por haber seguido al Clavero, que se lo tenía el
Maestre tomado, después de ahí a seis días,
el Clavero y el Comendador mayor un día amanecieron sobre las Brozas, lugar de
la encomienda de Alcántara, con doscientas y cincuenta lanzas y otros tantos
peones que habían llevado a las ancas de los caballos, pensando tomarlos descuidados
a los que estaban en las Brozas, y en llegando que, llegaron descabalgaron
todos y comenzaron el combate reciamente con gran furia, más como los del
Maestre fuesen quinientos hombres que estaban a la guarda de la villa y muy
escogidos, y los vecinos de la villa eran aficionados al Maestre, y la villa
estaba muy separada, sostuvieron la arremetida de los del Clavero, que no
recibieron daño ninguno.
Visto por el clavero estar la villa
fuerte y bien reparada, determinó de no combatirlos por parecerle recibirían
más daño que provecho él y su gente, sino cercarlos muy bien, y la gente de caballo
andaba por el campo, y en saliendo algunos de los de la villa luego eran
muertos, porque la villa tenía muy poca gente de caballo y no osaban salir.
Así estuvieron dos meses pasando gran
hambre, hecho saber esto que pasaba por los de la villa al Maestre, luego el
Maestre se partió con la más gente que pudo reunir y llevó seiscientas lanzas
consigo y quinientos peones, que con la prisa que le daban, no había podido
juntar más, y vino a las Garrovillas con toda esta gente, el conde de Alba de
Lister le hizo gran recibimiento, que a aquella sazón era su amigo, y de aquí envió
el Maestre sus espías para saber que gente tenía el Clavero sobre las Brozas, y
tuvo esta manera:
Envió dos criados suyos al Clavero, y les mandó
decir que alzase el cerco que tenía sobre las Brozas y les devolviesen lo que
les habían robado, y que él no pasaría adelante, sino que se volvería a Coria.
Esto no lo decía el Maestre a fin de cumplirlo, si no para saber la gente que había,
según después pareció, porque bien sabia el Clavero no haberse puesto tan tibio
allí.
Como fuese el Clavero bien avisado y
diestro en la guerra, tenía puestas guardas y escuchas en todos los cerros y
altos más cercanos a su real, y como los de un cerro vieron venir cinco o seis
de a caballo, vinieron a dar aviso al Clavero, y Luego que esto supo el Clavero,
envió treinta de á caballo, y al capitán Orozco con ellos para que prendiesen á
aquellos y los trajesen, y hecho esto, mandó a Luis de Herrera otro de sus capitanes, que con doscientos de a caballo
se metiese tras un cerro que allí cerca estaba, y que tuviese aviso que no
fuese visto, hecho esto, cambió a mandar al Capitan Orozco que trajese los
presos, los cuales vinieron y dijeron su embajada, el Clavero los recibió y los
respondió que ellos se fuesen enhorabuena, y que él enviaría al Maestre la
respuesta con un criado suyo.
*Los del Maestre, vista la poca gente
que el Clavero traía, según dijeron los de la embajada, diciendo que el Maestre
traía mil y quinientas lanzas y muchos peones, y luego el Clavero escribió de
su mano al Maestre la respuesta, que iba en seis ó siete capítulos, y en uno de
ellos era que las Brozas se le devolviesen al Comendador mayor, y que lo que
tenía ocupado del rey don Enrique IV, que lo soltase, quedándose con las
fortalezas que tenía tomadas y otras cosas acerca de esto, y que haciéndose
así, la concordia era hecha. *Mandóme a mí que cabalgase con otros tantos de a
caballo como eran los del Maestre, y me fuese a las Garrovillas, y pusiese al
Maestre en las manos estos capítulos, y que si no quisiese concluir en ellos,
que le dijese que él sería a cenar con ellos, por eso que le aguardasen con la
cena, yo me partí luego para las Garrovillas, y en llegando hallé juntos al
Maestre, y al conde de Alba de Lister, y al conde de Coria, y a otros muchos
condes y caballeros, y el Maestre muy regocijado por haber sabido la poca gente
que el Clavero tenía. yo llegué y le di la carta en sus manos, y después que la
leyó fue muy encendido en saña contra el Clavero, y dijo algunas palabras de
soberbia contra él, y al fin me dio por respuesta:
Decid a ese gran ladrón que yo estoy
determinado de no parar hasta destruirle por los muchos enojos que me ha
hecho.» Parecióme tiempo aparejado para decirle lo que el Clavero me había
dicho, y entonces dije al Maestre como el Clavero decía, pues no quería otorgar
los capítulos, que él se tenía por convidado de ellos a la cena esa noche, por
eso que le esperasen, entonces el Maestre respondió muchas más soberbias y
amenazas, y algunos caballeros de los que allí estaban ayudaban al Maestre,
heridos de la envidia de la prosperidad y hazañas del Clavero, y ayudaban más
despertar la discordia. Yo me partí luego para el Clavero, y hállele esa tarde a
la mitad del camino.
En las Garrovillas tuvieron esa noche
gran fiesta y banquete porque el conde de Alba de Lister, hizo la fiesta, la cual
acabada se fueron a dormir. No temía el Maestre Góme de Solís, al Clavero
Alonso de Monroy, en nada por lo que le habían jurado sus espías, pero con todo
esto mandó poner guardas.
*Esta es la crónica de don Alonso de
Maldonado, el escritor de los Hechos de don Alonso de Monroy, que aparte de
escritor era caballero y amigo del Clavero de la Orden de Alcántara*.
Agustín
Díaz Fernández


Comentarios
Publicar un comentario