ALONSO DE MONROY
V
CCXVI
Cáceres
Segunda Mitad siglo XV
Año de 1467
Clavero y Maestre de la Orden de
Alcántara
Crónica de Alonso Maldonado 1494
Dejábamos el capítulo anterior que:
En las Garrovillas tuvieron esa noche
gran fiesta y banquete porque el conde de Alba
de Lister, hizo la fiesta, la cual acabada se fueron
a dormir, no le tenía el Maestre Góme de Solís al Clavero
Alonso de Monroy, en nada por lo que le habían jurado sus espías, pero con todo
esto mandó poner guardas.
Crónica desde la Ronda de la Pizarra
El Clavero y su gente no hacían sino
caminar, y sin cenar aquella noche llegaron a las Garrovillas (Garrovillas de
Alconetar) a las tres de la noche con toda su gente, y los peones a las ancas de los caballos, hizo dos capitanías de su gente, él entró
por una parte con los de a caballo derecho a la casa del Conde, porque en
aquella villa no hay fortaleza. Luis de Herrera entró por otra parte, y todos
iban diciendo a los del conde de Alba de Lister:
“tenemosios por amigos, no queremos sino á
nuestros enemigos”.
Tan de recio dieron en ellos por las
dos partes, y con tan gran ímpetu y fuerza, que rompieron las guardas, y rotas
todo lo otro eran hombres en camisa, los más del Maestre fueron presos, y muertos, y robados. El Maestre
Solís y su hermano Hernando de Solis, conde de
Coria, se escaparon huyendo
en camisa en sendos caballos ligeros y se
fueron a Alcántara. El Clavero
estuvo allí dos días, haciendo muy gran robo, que los peones del Clavero
ninguno había que no tuviese caballo tomado y corazas.
El Conde de Alba de Lister, quisiera
hacer mucha fiesta al Clavero, como había hecho al Maestre Solís, más el
Clavero la rehusó, y le dijo que él no estaba para detenerse, ni era amigo de
aquellas fiestas, por ser embarazoso el mucho comer y beber para quien había de
usar la guerra, más que la fiesta que recibiría seria que mandase cargar todas
las bestias que tuviese en la villa de mantenimientos y cebada, porque le era
forzoso de tomar á apremiar a aquellos de las Brozas, que ahora que el Maestre
estaba desbaratado se le darían como gente que no esperaba socorro, y dicho
esto, luego se partió para las Brozas, y el Conde de Alba de Lister, envió
muchos mantenimientos al Clavero hasta que las Brozas se le entregaron, y el
Clavero las entregó al Comendador mayor, y él se volvió a Azagala.
Esto sucedía en el año de 1467.
Gran tiempo había a esta sazón que el
duque don Beltrán tenía perdido a Albuquerque, que se le tenía ocupado un
alcaide suyo, y el duque enviaba cada año cuatrocientas lanzas sobre ella y
muchos peones, pero como la tierra estuviese llena de guerras y las vituallas
ya ocupadas por los guerreros de la tierra, volvianse cada año sin hacer nada
por falta de los abastecimientos, visto esto por el Clavero, tomó la
determinación de tomar aquella villa de Albuquerque para el duque don Beltrán,
esto sin que sin haberle tenido por amigo
ni enemigo, hizo juntar su gente que en guarnición estaba en sus fortalezas
guerreando siempre a la gente del Maestre, y como hubo juntado doscientos de a
caballo y cuatrocientos peones, se fue para Albuquerque y dio salto en la villa
de improvisadamente, y como él volviese hablado con algunos criados suyos
naturales de allí que le tuviesen una puerta abierta por donde entrase en la
villa, y fue así hecho, y como entrase , luego se apoderó de la villa , pero la
fortaleza era cosa muy fuerte y no se podía tomar por combate. El Clavero la
cercó y le puso sitios muy cerca de ella, de manera que nadie podía salir ni
entrar, y él estaba con mucho cuidado en que no le socorriesen los de don
Alonso de Cárdenas, Comendador Mayor de León, que era gobernador de la
provincia del Maestrazgo de Santiago, que andando la historia seria Maestre de
Santiago.
Pero
como don Alonso de Cárdenas tuviese voluntad de apremiar al Clavero, envió dos
capitanes contra él con doscientas
lanzas y algunos peones, y escribió a Pedro de Grijalva, capitán del Maestre
don Góme de aquella guarnición que tendría otras doscientas lanzas y muchos
peones, para que se juntasen con esta gente suya y todos fuesen sobre
Albuquerque, los cuales todos juntos vinieron sobre Albuquerque, más como estos
capitanes viniesen muy diferentes de cómo se había de hacer la cosa, pero al
fin concluyeron que ante todas cosas robasen el campo, y que hecho esto, el
pelear seria lo postrero, y luego enviaron sus corredores, y de tierra de
Cáceres y de otras partes trajeron gran cabalgada de ganados y fueron a media
legua de Albuquerque, y tomaron mucho ganado de los de Albuquerque de vacas y
ovejas, y marcharon con todo esto enviaron sus peones con el ganado para que a
gran priesa lo metiesen en Valencia de Alcántara, porque aunque a ellos les
conviniese pelear, el ganado estuviese en salvo.
Sabido todo esto por el Clavero, mandó
cabalgar con prisa sus doscientas lanzas, y él cabalgó en un caballo blanco
hermosísimo por milagro, y salió de Albuquerque, que no quiso llevar los peones
porque el alcaide del castillo no se abasteciese, y porque los de la villa, que
confirmados estaban en su amistad, no se volvieran con el alcaide, los fue a
alcanzar el Clavero a una legua de Albuquerque, sus corredores que iban delante
le daban nuevas que la gente era mucha más que la suya, y que no debía de pelear,
pues lo menos del ganado que llevaban era de los de Albuquerque; pero
como el Clavero tenía aquel animo tan valiente, pasó adelante de los suyos,
diciendo que por más que fuesen, convenia pelear, y dichas estas palabras
arremetió el caballo contra sus enemigos. Todos los suyos le siguieron con el
miedo de su temeraria osadía y puso embarazo en sus contrarios, de manera que
no pudieron sostener el ímpetu del arremetimiento de los del Clavero, ni
pudieron pelear, de manera que livianamente fueron rotos y puestos en huida,
los del Clavero, que pegados iban a sus espaldas , iban matando e hiriendo
entre los enemigos como querían, los del Maestre don Gome, se acogieron a su
cabalgada pensando con su muchedumbre de peones poder salvarse, pero como
llegasen a sus peones, y los peones los viesen venir huyendo, y que los del
Clavero los iban alcanzando, perdieron el ánimo del todo, y comenzaron a huir, los del Clavero Alonso de Monroy, se esparcieron por muchas partes con gran
alarido y siguieron su alcance hasta que fue bien noche, fueron muertos en esta
pelea más de trescientos hombres y ciento presos, y el campo fue robado, y el
ganado traído y dado sus dueños.
Sabido esto por el duque de
Albuquerque de la toma de esta villa, en gran manera le pesó porque pensó de
jamás la sacaría de su poder y manos del Clavero, verdad sea que aun las
diligencias no hicieron por parecerle escusadas, antes pensaba que el Rey Enrique
IV, metería la mano en que se le volviese su villa, más tampoco le parecía esto
satisfacerle por estar la gente indomable y sin sujeción alguna.
Estando el duque don Beltrán con
varios pensamientos, le llegaron cartas del Clavero, por las cuales le hacía
saber que él había ganado á Albuquerque, por eso que le enviase él a quien la
entregase para que estuviese en su servicio, gran placer tuvo el Duque con
estas nuevas, y fue tanto que, él mismo se partió luego para Albuquerque a
tomarla por sí y el Clavero se la entregó, y el Duque fue muy contento de
conocer al Clavero, pareciéndole que la fama que tenía no era nada con ver la
persona.
Don Alonso de Monroy, después de esto
se vino a Azagala y de allí y de las otras fortalezas suyas continuó por
espacio de tres años muy gran guerra contra el Maestre y sus valedores, en el
cual tiempo sucedieron extrañas cosas en las armas, que si todo se tuviese de
contar como pasó seria nunca acabar, salvo que pasados dos o tres años el Duque
de Alba de Lister y el Duque de Plasencia, que eran grandes amigos vinieron a
reñir y a estar mal, y a hacerse guerra el uno al otro, el maestre don Gome, del cual ellos eran
amigos, se mostró en favor del Duque de Alba de Lister.
El Clavero don Alonso, como hombre discreto,
no quiso perder esta sazón y pensó esta cuestión de estos señores redundaría en
su provecho contra el Maestre su enemigo, y luego llamó su gente que en
guarnición estaba, y de este parecer de él, dio parte al Conde de Feria, que
grande su amigo era, y luego vinieron
para él muchos deudos y amigos suyos, entre los cuales vinieron el comendador
Mayor de Alcántara y el Comendador de Santibáñez, y a este llamamiento vino
Gonzalo de Raudona, Comendador de Lares, este vino de Belalcázar con la gente
de doña Elvira de Zúñiga, señora de Belalcázar e hija del Duque de Plasencia.
Pues el Clavero, teniendo esta copia
de gente junta, fue sobre la villa de
Zalamea, porque él quería tomar
primero la Serena, porque valía más que el partido de Alcántara, y como el Clavero
llegase combatió la villa y entando por fuerza, aunque le mataron alguna gente,
y un alférez que traía su estandarte, pero la gente del Maestre, se recogieron
en la fortaleza, más la gente del Clavero, cegados en la toma de la villa,
combatían tan fuerte la fortaleza y con tantos ingenios y escalas, que matando
uno los de la fortaleza, era puesto enseguida otro, sin mostrar ningún pudor,
de esta manera fue combatida por diez días, no pudiendo sostener las muchas
arremetidas de los hombres del Clavero don Alonso de Monroy, hacían en los
muros tanto de día como de noche, al cabo de este tiempo se vinieron a rendir,
puestas en salvo las personas y la ropa, el clavero entro en la villa y la
abasteció lo mejor que pudo.
A esta sazón, en este mismo tiempo
Hernando de Monroy el Bezudo, señor de Monroy, vino a Plasencia a ciertos
negocios, y el Duque y la Duquesa estaban en Oropesa, y de allí se iban
derechos a Arévalo que suya era, y enterado el Conde de Coria que aquellos
señores faltaban de Plasencia, envió ciento y veinte de á caballo con un
capitán suyo que se llamaba Pedro de Carvajal, y este vino a Plasencia y robó
muchos ganados de los vecinos de Plasencia.
Sabido esto en Plasencia había gran tumulto,
los dueños de los ganados se
vinieron a quejarse al bachiller de Camargo que Justicia mayor era del Duque, y
Juan de Arias, alcaide de la fortaleza, pero estos no sabían ningún remedio,
porque toda la gente principal, y aun casi todos los que tenían caballos eran
idos con el Duque, y gente de a pie era poca. Supo esto Hernando de Monroy y
movido a compasión de los dueños del ganado, dijo a Juan d'Arias que mandase
juntar, la gente que tuviese poca o mucha que él saldría a quitarles la
cabalgada, Juan d'Arias le respondió que él lo decía como buen caballero que
era, y luego mandó llamar al alguacil Vergara, y él por una parte y el
bachiller de Camargo por la otra con el alguacil, se juntaron hasta sesenta de
a caballo y dieron a Hernando de Monroy, y él salió a gran prisa de la ciudad y
tanto anduvo que alcanzó, aunque lejos, a la gente del Conde de Coria, que como
los vieron venir luego se metieron en orden de guerra, y la pelea fue herida
valientemente por ambas partes, pero al fin los de Coria no pudiendo sufrir la
mucha valentía de Hernando de Monroy, huyeron y Hernando de Monroy trajo la
cabalgada a Plasencia y diez y ocho prisioneros, y veinte quedaron muertos en
el batalla.
(Fuente Alonso de Maldonado-Hechos
1494)
Agustín Díaz Fernández


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