ALONSO DE MONROY
VII
CCXVIII
Cáceres
Segunda Mitad siglo XV
Año de 1470
Clavero y Maestre de la Orden de
Alcántara
Crónica de Alonso Maldonado 1494
En el capítulo anterior dejábamos al
Maestro Gome de Solís:
Vuelto a Coria, quiso venir con mucha más
gente de la que tenía, y luego se partió a Alba de Tormes a donde el Duque de
Alba le dio gente de a caballo muy escogida y otro tanto hicieron el arzobispo
de Toledo, y el almirante Don Fadrique, y el conde de Treviño, de los cuales
señores él tuvo muy grande ayuda, y pensó muy livianamente volver a Alcántara,
donde estaba asediando don Alonso de Monroy, Clavero de la Orden de Alcántara.
Crónica desde la Ronda de la Pizarra.
Sabido esto por el Clavero y Hernando
de Monrroy que vueltos eran a la Zarza, no desmayaron por eso por saber la gran
pujanza de gente que su enemigo traía, antes andaban tan alegres y con tanto
corazón que en forma lo ponían a los suyos, el Clavero despachó muchos
mensajeros a diversas partes llamando gentes, y recogió toda la que tenía
puesta en guarnición en sus castillos, e hizo mensajero al Duque de Plasencia
que en Arévalo a la sazón estaba que les diese ayuda, y el Duque le envió
doscientas lanzas, de las que venia por capitán Pedro de Ontiveros. Luego vino
Hernando de Monroy, señor de Belvis, con sus deudos, y Luis de Chaves con los
suyos, y don, Pero Laso de la Vega y otros muchos caballeros que sería largo de
contar: y en fin, no quedó pariente suyo que no metiese las manos en esta
batalla.
Con toda esta gente se vino para
Alcántara que serían quinientos de a caballo y cuatrocientos peones, y se puso
en el cerro de las Vigas por que el Maestre por fuerza habia de pasar por allí
para entrar por el puente que está sobre Tajo, por no tener otra entrada, el
maestre don Gome venia muy poderoso, ya que traía mil y quinientos de a
caballo, y entre ellos traía seiscientos hombres de armas muy escogidos, dos
mil y quinientos peones todos los mas ballesteros y espingarderos, venían
muchos caballeros de la orden de Alcántara y otros deudos suyos, de manera que
todos eran gente lucida y grabada.
El Clavero, como vio la muchedumbre de
la gente del Maestre y la poca suya, usó de una cautela y fue esta:
Sucedió que hizo muchas hoyas
cubiertas por donde el Maestre habia de pasar y su gente, dejando el Clavero
segura entrada y salida para los suyos, y en estas hoyas cubiertas puso sus
Peones, pues como los hombres de armas del Maestre arremetiesen con gran furia
contra los del Clavero pensando de ellos y de los primeros encuentros acabar el
negocio, todos los más cayeron en las hoyas y fueron muertos y presos por los
peones del Clavero, los demás jinetes del Maestre que hechos venían otra
batalla por sí, en la cual venia el Maestre, habiendo tan presto visto
deshechos sus hombres de armas, y sus enemigos haber quedado enteros en su
fuerza, paresciales cosa de sueño y no de creer, entonces el Maestre mandó mover su batalla
muy poco a poco, y sus peones echaron gran golpe de saetas, con la una de las
cuales hirieron al Clavero en una pierna, más fue la herida liviana por ser el
tiro de lejos, pero esto hizo a los guerreros de su parte gran turbación,
porque admirados los que estaban cerca de ver la sangre, discurrió la fama por
la gente y todos acudían por ver al capitán de su guerra, más el clavero viendo esto, se sacó la saeta
tirando de ella fuerte, animando a los suyos a la pelea diciendo no ser nada su
herida. Los dos Hernando de Monroy primos y Garcilaso de la Vega, y otros
buenos caballeros que la delantera llevaban, entraron por el lugar seguro que
el Clavero don Alonso, habia dejado para los suyos, y hechos una batalla
arremeten contra los del Maestre, que a punto venían de los recibir y
mezclaronse los unos con los otros muy bravamente, tanto que era espanto verles
combatir, Hernando de Monroy, el Bezudo, hacia tales cosas que se señalaba bien
donde llegaba, que desde que quebró la lanza, con su espada derrocó cuatro
jinetes, que la traía tinta de sangre hasta la mano, Pues el Clavero con su
lanza ensartada, de un cabo a otro llena de sangre, andaba, cosas hacían los
del Clavero que parecía cosa de no creer, algunos hombres de armas de los
postreros, viendo el engaño de los primeros, volvían las riendas que parecía
que no querían pelear, pero los peones del clavero que a cargo tenían de
destrozar a esta gente, se llegaban a ellos y les cortaban las riendas, y daban
al caballo un gran golpe en las ancas, de manera que el caballo partía hacia
las hoyas o se salía del campo. A esta hora el Maestre como caballero mucho
esforzado, habiendo visto huir á sus
peones y hombres de armas, pasó adelante esforzando los suyos lo más que podía,
y viendo estar combatiéndose Hernando de Monroy el Bezudo, con Antón Galíndez
que era deudo del Maestre, vio como el Bezudo le dio un muy recio golpe que una
manga de malla le cortó y medio brazo, de que luego el Antón Galíndez se apartó
a un lado como hombre mal herido, El Maestre visto esto, arremetió contra
Hernando de Monroy, y al pasar dióle dos golpes de espada sobre las armas, el
Bezudo, que bien conoció al Maestre, arremete a él como un león bravo por
matarle, pero sus guardadores se le pusieron delante, y el caballo del Bezudo
que muchas heridas tenia, como él le pusiese recia fuerza por alcanzar al
Maestre, cayó muerto en el suelo con él, más él se salió dé debajo y se puso en
pie, y fue luego socorrido por dos caballeros deudos suyos que miraban mucho
por él, el uno se llamaba Rodrigo de Monroy y el otro Añaya de Monroy, y por
otros muchos que acudieron, y sus criados le pusieron luego un caballo en que
cabalgó.
A
esta
hora los del Clavero desbarataron y destrozaron a los del Maestre, y
pusieronlos en huida haciendo cruel matanza en ellos, fueron muertos muchos y
presos más de quinientos, y el Maestre fue herido en la cara de esta refriega,
y así mismo todos los mas de la parte del clavero salieron con heridas. Diósse
esta batalla un sábado de mañana, á seis días del mes de febrero, año de mil y
cuatrocientos y setenta años: bien podemos decir haber sido esta batalla digna
de ser sabida, que siendo tan pocos los de la una parte y tantos los de la
otra, llevasen la menos tan gran victoria, y entonces hicieron muchas coplas y
romances al clavero alabando su vencimiento, aumentado su fama por toda la
Extremadura.
Luego que el Clavero hubo desbaratado
al Maestre se fue a ver a Hernando de Monroy el Bezudo, por parecerle haber
sido esta causa principal para haber habido la victoria, y le dijeron que
estaba herido de dos heridas, la una en el rostro y la otra en una pierna, y
como llegase el Clavero a él y le diese muchas gracias por lo que habia hecho
aquel día, él le respondió:
“señor primo, tan Mahoma como de
antes”
El Clavero se acercó al castillo de
Alcántara por la parte del puente y por la otra parte, combatiéndolo de día y
de noche, sin dejar reposar los de dentro, pero como los de dentro fuesen
caballeros y gente escogida mucho se esforzaban a defenderlo, en especial un
caballero viejo de la orden de Santiago,
quien el Maestre lo habia encomendado, que se llamaba Hernando de
Mujica, como fuese este muy esforzado y diestro en la guerra, este los animaba
y no menos mostraba esfuerzo por obras que por palabras, este nunca se quiso
dar a partido, hizo pasar al clavero y a los suyos muchos trabajos, porque como
el cerco fuese tan largo que duró más de trece meses, no solamente faltaba á
los del Clavero la vitualla, más aun los vestidos y zapatos y las otras cosas
necesarias.
Fueron allí muertos muchos de los principales
guerreros de los del Clavero, y otros estaban mal heridos y se fueron a curar,
otros enfermos se iban del real, como los del castillo viesen el gran daño que
en los del Clavero hacían en los combates que ordinariamente tenían de día y de
noche, estaban muy esforzados, pues el trabajo que el Clavero tenía sobrepasaba
a todos los del mundo, porque él esforzaba á los suyos, y en los combates los
hacia llegar a la muralla yendo él delante, y le dieron muchas saetadas y otros
golpes grandes, pero como fuese muy lleno de armas, aquello le salvó mil veces,
y si sus capitanes estaban heridos, él mismo iba de noche por vitualla, y
aunque estaba herido, no se echaba en cama ni tomaba reposo.
Estando las cosas en este estado, Doña
Leonor Pimentel, Duquesa de Arévalo, había tenido siempre voluntad de dar el
maestrazgo de Alcántara a don Juan Pimentel, su hijo, en tiempo del maestre don
Gome, y ahora le parecía haber tiempo para ello, porque pensó ella que
livianamente podía destruir al Clavero, y que si ella quisiese el castillo de
Alcántara, que luego aria la provisión del maestrazgo, y como de esto tuviese muy gran gana pusolo
en obra, queriendo la Duquesa que todos los trabajos que el Clavero habia
pasado cuando desbarató al Maestre, fuesen reducidos en su provecho, y para
esto determinó de confederarse con Hernando de Monroy, señor de Belvis, en esta
manera: que la Duquesa se obligaba que el castillo de Alcántara a partido se
entregase al dicho Hernando de Monroy, con tal condición que después lo diese a
la Duquesa, y le prometió que si así se hiciese de darle dos cuentos de renta
sobre vasallos en tierra de Plasencia.
Hernando de Monroy, que mal estaba con el
Clavero, su hermano, concedió ligeramente el pacto con la Duquesa, y para que
esto tuviese efecto, envió la Duquesa toda la gente que tenia de pie y de
caballo sobre Alcántara, El Clavero y los caballeros que con él estaban,
viéndose tan pocos, conocían que no podían contradecir nada a los de la
Duquesa. Entendida la voluntad de la Duquesa por el Clavero, con mucha
disimulación trabajaba por no dejarse engañar, muchas veces la Duquesa escribía
a sus capitanes que matasen o prendiesen al Clavero, y él, que de todo esto
tenía noticia, metiase entre ellos diciéndoles:
“¡Cual de vosotros ha de matar al
Clavero?”
De manera que parecía burlarse con ellos y
vivía con tanto cuidado, que a veces con burlas, y otras con esfuerzo
increíble, hizo que los tratos y
conciertos nunca se concluyeron. La Duquesa deseaba que el Clavero y los suyos
fuesen muertos y presos, y que así lo pusieran sus capitanes por la obra, pero
ellos le escribían que aunque tenían mucha más gente que el Clavero, lo tenían por
tan valiente a él y a los que con el estaban, que no se podían hacer sin mucha
ventura, y todo esto pasó sobre la entrada del castillo, así que sobre cuál de
ellos entraría en él, habia tantas diferencias y revueltas, que a todos nos
ponía espanto, Los del castillo estaban esperando que se concertasen para
entregárselo, porque no tenían que comer, y después que hubo muy gran altercado
sobre ello, vinose á concluir, porque ya no habia otro remedio sino ponerlo en
armas, que el castillo de Alcántara se diese a personas sin sospecha, que no lo
darían a ninguna de las partes, la Duquesa, pareciéndole que ahora tenía buena
coyuntura para su negocio y propósito, demandó a los jueces entregasen el
castillo á Hernando de Monroy, señor de Belvis: y en esto puso mucha diligencia
persuadiendo a los jueces. El Clavero reciamente rehusaba tal cosa, diciendo
ser el más sospechoso por la Duquesa, Hernando de Monroy, su hermano, y si así
se hacía, que quería oír fuera de las capitulaciones que entre ellos habían
pasado, y que tal cosa no consentiría a todo su poder, más los guerreros
militares de unos y de otros.
Más cansados de estos negocios que de las
mismas guerras, dieron presa a la terminación, y fue esta:
aquel castillo se entregase a Hernando
de Monroy, y que el Clavero no tuviese parte en él, más que todas las veces que
él fuese al castillo, fuese obligado el alcaide que dentro estuviese a abrirle
la puerta y albergarle dentro, y de esta manera el castillo se entregó Hernando de Monroy, y el Clavero con todo su
escuadrón se fue de allí tan triste como los vencidos y desbaratados del
castillo, y fuese a Valencia, donde era comendador un pariente suyo. Antes de
ocho días el Clavero volvió al castillo de Alcántara, y como Hernando de Monroy
le acogiese, conforme a lo concertado, y el Clavero se viese en aquel castillo,
que tanta sangre a él y a los suyos habia costado, metió dentro los más
principales que con él venían, y dijo á su hermano que se fuese con Dios, pues
que en cosa de la orden poco tenía que hacer, y que más le competía a él, pues
habia tantos años que tenía el habito. No queriendo hacerlo Hernando de Monroy,
fue necesario venir a las armas, y los del clavero, que nunca se habían
satisfecho de los agravios que los de la Duquesa les habían hecho, mataron
muchos de ellos, y al fin los echaron fuera. Hernando de Monroy fue herido en
una mano.
Acabada esta empresa por el Clavero,
quedó tan poderoso que a ninguno temía, y luego hizo venir a todos los
comendadores de su parte y se hizo elegir por Maestre, que así le llamaron
siempre.
De aquí ganó todo el maestrazgo de
Alcántara, sin haber batalla ninguna, menos tres
fortalezas que están en la Serena, y como esta Serena es verde todo valía mucho
al maestre don Gome, y se pudo muy bien ayudar de ellas, porque la una era
Magacela, que tenía Francisco de Solís, sobrino del maestre don Gome, a este
Francisco de Solís se allegaron todos los parientes y criados del Maestre su
tío. La otra era Benquerencia que
tenía Diego de Cáceres y Ovando, donde estaba
preso el comendador de Lares,
la otra era Zalamea, que tenía
Francisco de Hinojosa.
(fuentes Alonso de Maldonado-Hechos-1494)
Agustin Díaz Fernández

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