ALONSO DE MONROY
IX
CCXX
Cáceres
Segunda Mitad siglo XV
Año de 1470
Clavero y Maestre de la Orden de
Alcántara
Crónica de Alonso Maldonado 1494
Año de 1474
En el capítulo anterior sucedió que:
allí mismo, en Alcántara, poco después, el 19 de octubre de 1472, don
Alonso de Monroy se hizo elegir Maestre, aunque esto ocurría cuando don
Francisco de Hinojosa se estaba alejando del lugar de sus hazañas y
sufrimientos, el futuro no podía ser más negro para su bandería, tras
constantes reveses, don Francisco debió ver entonces con claridad que su cuñado
don Gómez de Solís, llegaba al ocaso, el bando al que tan lealmente había
servido entraba en un periodo agónico.
Crónica desde la Ronda de la Pizarra
El Duque de Plasencia tenía por muy
gran burla la que el maestre Don Alonso de Monroy había usado con su hermano en
la toma de Alcántara, y también el maestre don Gome el pasado, que en Coria
estaba, Entrambos se hicieron a una, e hicieron alianza con el Duque de Alba de
Lister y el Maestre de Santiago, el Duque de Plasencia, por haber la fortaleza
de Benquerencia, y el Maestre de Santiago por cobrar a Montánchez que el
Clavero tenía por suyo.
También se juntó la Condesa de
Medellín y otros capitanes, de manera que esta junta era de las más principales
de España, Y el maestre Don Alonso de Monroy con su hermano Hernando de Monroy,
y su primo el señor de Monroy, presumía defenderse contra todos y aun ofendellos, El Duque de Plasencia y todos los demás
señores juntaron sus gentes, que no fueron pocas, con que tenían en poco este
hecho del Clavero. Sabida por el clavero esta alianza grande que contra él
estaba concertada, salió luego de Alcántara con trecientas y cincuenta lanzas y
quinientos peones, dejando Alcántara a buen recaudo de gente y por capitán de
ella á Aldana, Capitán suyo, y puso guarnición en las otras fortalezas, y se
vino a Montánchez para estar más cerca de la Serena para guerrearla por creer
que don Gome estaba en Magacela y otras fortalezas rebeldes que todas estaban
por el Maestre Solís, haciendo daño al maestre Don Alonso de Monroy y los de su valía, especialmente de Zalamea y
de los que dentro estaban.
Parecía al clavero, y Maestre Don
Alonso de Monroy, que no era de perder para sus guerras un hombre tan señalado
como Hernando de Monroy, su primo el señor de Monroy, y luego de Montánchez le
escribió se viniese para él, y prometiéndole dos encomiendas para sus hijos, y
la una le dio luego, que fue la de Mayorga, Hernando de Monroy se vino luego
para él con sesenta de a caballo y cien peones. Luego el maestre Don Alonso de
Monroy determinó ante todas cosas hacer la guerra con la Condesa de Medellín,
porque era grande favorecedora de Francisco de Solís y de Pedro Pantoja,
sobrinos de Don Gome.
En este tiempo murió el maestre Don
Gome en la fortaleza de Magacela (en 1473, triste, olvidado y pobre, nos cuenta
don Publio Hurtado, sin más adeptos que sus parientes don Francisco de Solís,
don Diego de Cáceres Ovando y don Francisco de Hinojosa). Asimismo, entre el
maestre Don Alonso de Monrroy y los citados, se hacia la guerra muy cruda y en
tal manera se asoló la tierra, que a causa de la guerra que en toda Extremadura
hubo, casi no se cogió pan ninguno, y los labradores andaban como esclavos entre
los guerreros. Era tanta la furia de las cabezas de la guerra y la enemistad de
ellos, que se temían que no bastaría ningún hombre para cortar las peleas y
muertes que en ella hubo entre estos dos años que fueron los postreros del
reinado de don Enrique IV*
*Terminaba el año de 1474, año
decisivo en la historia del reino, el 22 de diciembre, moría en Madrid el Rey
don Enrique IV, su hermana doña Isabel era proclamada reina por la mayor parte
de las ciudades, mientras, una facción, alentada por el Rey de Portugal,
pretendía colocar en el trono a doña Juana la Beltraneja, dudosa hija del
fallecido Enrique IV*.
Pues como el maestre Don Alonso de
Monroy saliese de Montánchez y toda su gente contra la Condesa, tuvimos tres
batallas con ellos, y en todas ellas tuvimos la victoria, sin otros rencuentros
que tuvimos sobre robos muchos que les hicimos, pues teniéndolos ya que casi no
osaban salir de Medellín, el Maestre se concentró con unas velas que le darían
entrada en la dicha fortaleza a la hora de la noche que ellos velasen, más la
Condesa como trajese tanta diligencia en las cosas de la guerra, que ningún capitán
romano le hacía ventaja , lo entendió, y armó con las velas trato doble, y fue
así:
que como el Clavero y Maestre don Alonso de
Monroy llegase y los suyos, y las velas del concierto velasen haciendo la seña,
luego el Maestre mandó aparejar a todos y arrimaron las escalas al muro, los
escaladores subieron y con los escaladores escuderos escogidos, y como subiesen
obra de treinta, los de la Condesa mataron y prendieron estos, y echaron tantas piedras y saetas que
tuvimos por bueno de desarrimarnos del muro, los de la Condesa decían:
«fuera ciego». Visto esto por el
Maestre Don Alonso de Monroy, que su trato habia sido descubierto, mando
retirada y fuímonos á la Serena, y puso el Maestre cerco a tres fortalezas, la
una era Zalamea, era Capitan del cerco Hernando de Monroy, el señor de Monroy,
puso otro cerco sobre Benquerencia a donde estaba Diego de Cáceres y Ovando,
dejó por capitán de este cerco a Antón Bernal, y el mismo Maestre estuvo sobre
Magacela, y de allí guerreando a los del Maestre de Santiago. Duró esta guerra
por dos años, en la cual hubiera harto que escribir de los hechos del maestre
Don Alonso de Monrroy y de sus parientes.
Pasado este tiempo sucedió que
Francisco de Hinojosa entregó a Zalamea con cierto trueco, y el maestre Don
Alonso de Monroy la dio á Hernando de Monroy por la otra encomienda que le
habia prometido, y Hernando de Monroy puso por alcaide en Zalamea á Andrés
Cambero, un valiente escudero, y de allí y de las otras partes se hacía
continuamente muy gran guerra contra el Maestre de Santiago y sus valedores.
Este año fue tan estéril a causa de las muchas guerras, que no se cogió pan
ninguno, y eso que se cogió fue tomado y puesto en fortalezas para los
militares de la guerra, pues como en este tiempo en el Andalucía hubiese
grandes diferencias entre el Duque de Medina Sidonia y el Marqués de Cádiz a
causa de las grandes guerras y muertes que entre ellos habían pasado, fue un
recuentro grande entre estos dos señores. en el cual el Marqués de Cádiz mató
dos hermanos bastardos del Duque de Medina Sidonia, y por escusar tantas
muertes de caballeros que por su causa se mataban, como buenos caballeros
acordaron desafiarse y entrar en el campo cada uno con tres compañeros, y como
les fuese tanto, los buscaban por no. El Duque de Medina Sidonia, como oyese
decir la gran fama de valientes caballeros como eran el Maestre Don Alonso de
Monroy y Hernando de Monroy su hermano, señor de Belvis, y Hernando de Monroy,
su primo, señor de Monroy, determinó de escribir a cada uno rogándoles
quisiesen ser con él en este desafío, y que fuesen en Sevilla con el primero
día de mayo, y como estos caballeros fuesen amigos de ganar honra (y esta fuese
señalada), de buena voluntad respondieron al Duque que ellos serían en Sevilla
el día señalado, y en aquel tiempo tenía ya el maestre Don Alonso de Monroy a
sus enemigos muy flojos, que de todo punto se tenían por vencidos, y por haber
perdido los mejores y más ejercitados guerreros que tenían, y por no estar
ocioso estaba muy regocijado con la nueva empresa que a su cargo tenía, aunque
los más de los que con él estaban le aconsejaban que no lo hiciese, que harto
tenía que hacer en sus proprios negocios.
Hernando de Monroy, señor de Monroy,
le dijo que no fuese, porque las cosas de Extremadura que entre manos tenía no
se perdiesen, y que él tomaría a su cargo este negocio, y que para ello tenía
dos caballeros, y que los tenía por tales que otros en Castilla más valientes
que ellos no los hallarían, y que luego señalaba para el dicho caso a Rodrigo
de Monroy, su primo, y al capitán Luis de Herrera. A esto respondió el Maestre,
que pues allá habian querido, no quería su honra ponerla en brazo ajeno, ni corazón
sino el suyo.
Hernando de Monroy, señor de Belvis,
se partió con su gente para donde estaba el Maestre, puesto que días habia que
no se hablaban juntos todos tres, el Maestre escogió doscientas lanzas y
doscientos peones de los mejores guerreros que tenía, La demás gente dejó en
guarnición en sus fortalezas, y de esta suerte partieron para Sevilla. El Duque
de Medina, desde que lo supo, salió a recibirlos con gran compañía, tuvo
abrazado gran rato al Maestre Don Alonso de Monroy diciéndole que era la
persona del mundo que él más habia deseado ver, y así se fueron a Sevilla a
donde el Duque continuamente les hacía grandes fiestas.
Extrañamente estaba aficionado a la persona
del Clavero, y cada día se ejercitaba las armas con que en el campo habia de
entrar.
Más sabido este desafío por el rey Don
Enrique, envió a mandar a los unos y a los otros que no se efectuase, y que
vistos sus mandamientos fuesen amigos, y así aquellos señores lo obedecieron.
Como aquellos caballeros no quisiesen
estar ociosos, vista la resolución de los negocios, se partieron de Sevilla muy
contentos del Duque, decía el Maestre de Santiago que habia sido en mucho
acrescentamiento de la fama de los Monroyes, el que se buscasen por todo el
reino tres caballeros escogidos para un desafío, y que acertasen a ser todos de
este linaje, como el Maestre y su compañía llegasen a Extremadura, supieron las
nuevas de sus enemigos, las cuales eran que el Maestre de Santiago habia
socorrido a Diego de Cáceres y Ovando y Francisco de Solís con vitualla y
gente, y que estaban más fuertes que al principio.
A esta sazón Francisco de Solís urdió un trato
falso contra el Maestre, el cual fue de esta manera:
Que el Maestre diese una hija suya a
Francisco de Solís, para que se casase con ella, y que la fortaleza de
Piedrabuena se diese a Pedro Pantoja su hermano; y haciendo esto él entregaría
la fortaleza de Magacela al Maestre.
Hecho asiento y concierto de esta
manera, el Maestre cumplió todo lo que de su parte era prometido, más como
Francisco de Solís andaba por engañarle, de este concierto habia dado parte a
la Condesa de Medellín y al Maestre de Santiago y le prometieron todo favor
para todo lo que quisiese hacer, y así Francisco de Solís escribió al Maestre,
suplicándole quisiese llegar a la fortaleza de Magacela. Más La fortuna al
Maestre hasta aquí le habia sido muy favorable en cualquier cosa que hubiese
comenzado, pero de aquí adelante le sucedió al revés, porque siempre le fue
envidiosa de lo pasado, aunque en su fuerte corazón nunca pudo echarse de ver.
Sucedió que, como el maestre Don
Alonso de Monrroy partiese de Montánchez con doscientas lanzas a ir a ver a su
yerno Francisco de Solís a Magacela, hartos malos agüeros vieron, que cuando
salió de Don Benito un caballo overo, que él quería mucho y al presente iba en
él, se le cayó muerto entre las piernas, todos cuantos caballeros iban con él
le aconsejaron que no entrase en Magacela, especialmente Hernando de Monroy, el
señor de Monroy, se lo dijo muchas veces, diciéndole que de muerto o preso no
escaparía, y que renegase de tal parentesco, y que él no quería entrar en la
fortaleza, más que se quedaría en el lugar aguardando lo que sucedía; Otros
caballeros que con él iban se hicieron malos, Juan Núñez de Prado le importunó
mucho tomase el consejo de aquellos caballeros, y que si no quería, que se lo
hubiese a solas, más ninguna cosa bastó a estorbarle que no llamase a la puerta de Magacela, y estando
llamando, un escudero le dio voces que no entrase hasta que leyesen aquella
carta, la cual era del Conde de Feria, grande amigo suyo, en que le decía que
por ninguna vía entrase en Magacela porque él sabía que había de ser preso.
El Maestre no quiso creer al Conde ni
a todos los demás que sobre este caso le aconsejaban, porque estaba ya
aparejada la hora de su mala fortuna, El Maestre don Alonso de Monroy, dio esta
carta a Francisco de Solís, en entrando en Magacela, y quiso imitar a
Alexandre, cuando su físico le dio a beber la purga, que le escribió un su
capitán que no la tomase porque él sabía que le habían de dar en ella ponzoña,
y así Alexandre, cuando comenzó á tomar la purga, dio la carta al médico, y así
el Maestre dio la carta a Francisco de Solís,
diciéndole:
“Mirad, hijo, esa carta que me
escriben, y así veréis lo que confió de vuestra persona,” y Francisco de Solís
le hizo muchas fiestas y regalos.
Las mesas fueron puestas y sentaronse
a ellas muchos caballeros parientes del Maestre Don Gome de Solís, con
doscientos escuderos del Maestre de Santiago y Condesa de Medellín, todos bien
escondidos.
Pues como el maestre Don Alonso de
Monrroy se sentase a la cabecera de la mesa, lo primero que el maestresala le
sirvió fueron dos fuentes de plata y alzando la una, encima de la otra venían
unos fuertes grillos. Luego todos los de la mesa y casa arremetieron al Maestre
para prenderle, él procuró defenderse, mas no pudo con tantos hombres como le
tenían. y como se viese de esta manera tratado, dijo a Francisco de Solís:
“Esto, hijo, ¿es hecho de caballero
hacer tal traición?” Francisco de Solís respondió:
“padre, seáis vos del diablo, que mío
no lo seréis.”
y luego le pusieron gruesas cadenas y en una
cámara con muchas guardas, Luego Francisco de Solís se hizo elegir por Maestre
de Alcántara a los comendadores que allí estaban, porque él pensaba al otro día
matar al Maestre, y tras esto sucedió que aquella noche la gente del Maestre de
Santiago y la de la Condesa de Medellín, vista la cena que al huésped habían
dado, salieron y dieron en la gente del maestre Don Alonso, que descuidada
estaba en la villa, y desbarataronlos y robaronlos.
Cada uno fue perdido por su parte, y esta
misma noche Juan Guerra, que era un escudero muy valiente y muy querido de
Francisco de Solís que se llamaba el Electo, en prendiendo al Maestre, siempre
fue su voto que luego lo matasen, y él salió con mucha gente por matar al señor
de Monroy con muchas hachas y pajes con cubiertos a manera que pareciese que el
Maestre le enviaba presente, más Hernando de Monroy, como tuviese por cierto lo
que habia pasado, cabalgó en un muy buen caballo y saliendo de su posada y fuese
á Zalamea.
Juan Guerra, que el Electo Solís,
le habia mandado la encomienda de Zalamea, a condición que matase a Hernando de
Monroy, y viendo que se habia ido de su posada, cabalgó á gran prisa con
doscientas lanzas y al más correr fue la vuelta de Zalamea por alcanzar a
Hernando de Monroy, pensando, si lo matase, tener aquella encomienda, todo lo
mas del camino fue corriendo, de manera que cuando amaneció lo alcanzó,
Hernando de Monroy que solo iba con su lanza y adarga, y Juan Guerra le comenzó
a dar muchas voces, diciéndole:
“Esperad que yo os pagaré lo que vos mereceis,
que vuestro compañero ya está en sal”.
Y otras palabras muy injuriosas,
Hernando de Monroy volvió la cabeza y el caballo, y como vio venir tras sí
tanta gente, picó las piernas y comenzó a ir de vuelta de Zalamea. Juan Guerra
lo seguía, y su caballo era muy ligero e iba delante de los suyos gran rato,
Hernando de Monroy no quería hacer la batalla hasta llegar cerca de Zalamea,
porque Juan Guerra no le matase el caballo y se quedase a pie entre tanta
gente. En este tiempo llegaron cerca del lugar, Hernando de Monroy volvió su
caballo contra Juan Guerra que no cesaba de decirle muchas palabras feas, y
arremetieron el uno contra el otro, bien cubiertos de sus adargas y á vista
cada uno de su gente, pero la batalla fue partida de los primeros encuentros,
porque Hernando de Monroy encontró a Juan Guerra tan duramente, que no le
prestó armadura que trajese, porque le pasó con la lanza el adarga y le echó
una braza de lanza de la otra parte del cuerpo, y así feneció en presencia de
su gente la soberbia de Juan Guerra, aunque él encontró al caballo de Hernando
de Monroy en la cabeza, de suerte que luego cayó muerto, y Hernando de Monroy
salió aprisa de él y a pie, como estaba, se metió en Zalamea, porque ya
llegaban sus contrarios.
Los de Zalamea les dieron gran grita por la
victoria por su capitán.
(Fuentes Alonso de
Maldonado-Hechos-1494)
Agustín Díaz Fernández


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