ALONSO DE MONROY
X
CCXXI
Cáceres
Segunda Mitad siglo XV
Año de 1474
Clavero y Maestre de la Orden de
Alcántara
Crónica de Alonso Maldonado 1494
En la Entrada anterior, dejábamos a
Hernando de Monroy, bien a cubierto en la fortaleza de Zalamea tras dar muerte
a Juan Guerra, que tras la felonía de Francisco de Solís con el Maestre don
Alonso de Monroy, había mandado dar muerte al hermano del Maestre.
Crónica desde la Ronda de la Pizarra
Sabido esto por sus enemigos, vinieron
a cercar Zalamea los hermanos del Maestre dela Orden de Santiago con mucha
gente, Hernando de Monrroy se vio en
mucho aprieto, porque, el año había
sido muy estéril, y como el
maestre Don Alonso de Monroy hubiese tenido tres cercos, casi toda la
vitualla se había llevado de Zalamea se había gastado en estos reales, de
manera que Zalamea estaba desabastecida Pues tomando a las cosas del maestre
Don Alonso, el Electo, que así se llamó siempre Francisco de Solís, el que se autoproclamó
Maestre de Alcántara, tuvo muchos pareceres
de ver si matarían luego al Maestre don Alonso, pero todos se conformaron que
era bien matarlo luego como a persona de quien el Electo había de heredar el
maestrazgo de Alcántara, porque a aquella sazón el maestre Don Alonso de Monroy
lo tenía todo y como a enemigo viejo,
destruidor que había sido de su tío el maestre don Gome y de todo su linaje de
ellos, luego entraron todos en la cámara a donde el Maestre estaba preso con
muchas cadenas, y hallaronle durmiendo, y tan fuertemente roncaba como si
estuviera muy seguro en su cama, el cual animo fue tan grande el que tuvo este
Maestre, que sobrepujó a todos los mas animosos que ha habido en el mundo, ni
de ninguno se lee, pues sueño tan grande ni tan sosegado como de este nunca se
vio, porque el Maestre Don Alonso tuvo por muy cierta su muerte en viéndose
preso, porque se vía en poder del mayor enemigo que nunca hombre tuvo, y que en matándole había de heredar el
estado, de manera que con pensamiento que le habían de matar esa noche que le
prendieron, y que perdía todo su estado, y que estaba en poder de aquellos que
él había destruido, y que sus hechos quedaban perdidos y sus enemigos vengados
de su persona, con este pensamiento se durmió.
Con todo esto él tenía tan grande el
ánimo que vencía todas estas cosas, y en medio de estos trabajos dormía
sosegadamente. cualquiera de aquellos feroces y muy honrados romanos y
africanos, Julio Cesar y Hannibal y otro cualquiera romano de los más valientes,
aquella noche se mátaran con su espada, o se echaran de alto a abajo, o tomaran
ponzoña que ellos traían cuando no podían vencer con el ánimo su mala fortuna,
pues mira cuanta ventaja en el ánimo hizo el Maestre a africanos y a romanos,
que en el punto que ellos se privaban de la vida, él dormía sosegadamente sin
ningún miedo, ni hacer cuenta de la muerte.
Pues tomando al Electo que, como viese
al Maestre dormir tan sosegadamente y no lo pudo creer, tomó un hacha para
verlo, y después lo creyó, fue por estreno espantado del ánimo de este, y
determinó de no matarle aquella noche, pues lo tenía en su poder y lo podía
matar cuando quisiese. Y otro día pensó más en la muerte del maestre Don Alonso
y acordó de no matarlo hasta que ganase todo el maestrazgo, por no tener por
enemigos a sus deudos del Maestre don Alonso, y por no haber la guerra en tantas
partes hasta verse poderoso de haber ganado el maestrazgo, y luego daría la
muerte al Maestre don Alonso de Monroy.
Y después que el maestre don Alonso
fue preso y en poder de su yerno por la traición que le hicieron, todos los
suyos no pensaron de jamás verle ni que de allí saliera vivo, y luego todos sus
alcaides se alzaron y comenzaron a robar para sí, en todo este año, que fue de
mil y cuatrocientos y setenta y cuatro, años fueron ocasión estos alcaides de
grandes muertes y robos, que como ellos no eran alcaides para dar las
fortalezas sino al mismo Don Alonso de Monroy, hicieron cuenta de él como de
hombre muerto.
Mas tarde Hernán Centeno se alzó con
Trebejo otra fortaleza, y de ella hacia todo el mal que podía, Gonzalo de la
Plata que tenía por el maestre D. Alonso de Monroy á Almenara, se alzó así
mismo, Sabida esta traición del Maestre por Principe de Aragón Don Fernando,
que por muy su servidor tenía al Maestre, envió luego al Electo a hacerle el
partido que quisiese, más el Electo, por ningún partido que el Principe le
hiciese no lo quiso hacer.
En este tiempo como Hernando de
Monroy, el señor de Monroy, estuviese cercado en Zalamea y sin abastecimiento
por la gente del Maestre de Santiago y otros capitanes, después que el Maestre
fue preso, mostraron se tanto ser amigos suyos que antes no se osaban mostrar,
Hernando de Monroy hizo en este cerco cosas extrañas por las armas, porque él y
un hijo bastardo suyo, que se llamaba Francisco de Monroy, que era muy valiente
caballero, con treinta de a caballo que tenían y cuarenta peones, continuamente
estaban peleando de día y de noche y quitaban la vituallas a los del real que
les era traída, que en catorce meses que Hernando de Monroy estuvo cercado en
Zalamea ninguna vitualla comieron en todo este tiempo sino la quitaban por su
lanza a los del real.
Los hermanos del Maestre de Santiago, que eran
los más principales capitanes que allí había, estaban espantados de la valentía
de Hernando de Monroy, y como los del real viesen que estos caballeros con su
esfuerzo sostenían a los del castillo, enviaron muchas veces hombres escogidos
del real a desafiarle, y él aceptaba, salía y mató a algunos de ellos, y como
esto viesen, acordaron de enviar a un alférez que era hombre muy valiente, “este
le envió á desafiar, y pusose en un cerro, y puso detrás del cerro otro
compañero, y como Hernando de Monroy, no pensando que estaba más de aquel,
saliese y hallase dos, peleó con ambos valientemente, de manera que el uno mató
y el otro matara sino fuera socorrido por los del real. Salió él herido de una
herida en el rostro y volviose á Zalamea”.
Cada noche y cada día salía a dar en
los del real, más conocido era entre ellos el capacete de Hernando de Monroy
que los proprios suyos, como un día trajesen al real muchas cabras, Hernando de
Monroy salió de la fortaleza sitiada, con cuarenta hombres, y peleó con la
gente de la guarda que traían las cabras, y desbarataron la y tomaronles
doscientas cabras, y cuando los del real fueron a socorrer a estos, ya las
cabras estaban en Zalamea.
Visto por Don Alonso de Cárdenas,
comendador mayor de León, y por Don Alonso Pacheco, hijo del Maestre de
Santiago que habían tomado el cerco a cargo, que no se podían valer con
Hernando de Monroy, y que mientras él pudiese salir del castillo era imposible
tomárselo, acordaron de hacerle una cava muy honda a la redonda del castillo
algo desviada, a manera que una mosca no podía salir ni entrar, con todo esto,
al tiempo que se hacia la cava las peleas eran muy continuas de noche y de día,
donde Hernando de Monroy hacia tantas cosas y tan señaladas, no cabrían en
mucho papel.
En este tiempo grande experiencia tuvo
la Duquesa Arévalo de cobrar el Maestrazgo de Alcántara para su hijo Don Alonso
Pimentel, porque todos tenían al Clavero y Maestre Don Alonso de Monroy por
muerto, y luego envió a suplicar al rey don Enrique IV “el Impotente” proveyese del maestrazgo de Alcántara a don
Juan su hijo, y el Rey lo hizo así, y luego con esta provisión la Duquesa hizo
un gran presente al Papa, y luego sacó las bulas y muy grandes de excomuniones
en ellas contra el electo Francisco de Solís, y así mismo contra todos los que
tuviesen las fortalezas de la orden y no se las diesen a ella, y sacó
mandamientos del Rey, bastantes para que las fortalezas se le entregasen a
ella, hecho esto, la Duquesa comenzó a tomar las armas, porque fue muy varonil
mujer, para sacar su maestrazgo de Alcántara de tantas manos, que no era poco.
Lo primero que hizo fue enviar a llamar a Hernando de Monroy, señor de Belvis,
y asentose el concierto que antes estaba entre ellos cuando estaban sobre
Alcántara en tiempos pasados, que la enemistad que Hernando de Monroy entonces
tenía con su hermano el Maestre don Alonso, no la había perdido, Luego concedió en esto, y la Duquesa le dio
mucha gente y con la que él tenía, que serían por todos ochocientas lanzas y
dos mil peones, se fue á Alcántara y la tuvo cercada a la gente del Maestre Don
Alonso hasta que se le entregó y entregada, la dio a la Duquesa volviéndose el
a su casa.
Luego que la Duquesa hubo hecho esto,
envió a Ruy Pérez de Monroy que tenía a Mayorga, que se la entregase por las
provisiones y mandamientos del Rey y bulas del Papa, Ruy Pérez le respondió que
no cumplía él con su honra en hacer la tal cosa, entonces la Duquesa le envió a
decir que le daría trecientos mil maravedís de juro perpetuo porque se la
entregase, Ruy Pérez respondió que nunca Dios quisiese que por ningún interese
hiciese él cosa que no debiese, que él no podía entregar a otro la fortaleza
sino a Hernando de Monroy, su hermano, que ahora aunque él se lo mandase no la
entregaría, por estar cercado en Zalamea y no en su libertad. La Duquesa no
juró más de hablar con Ruy Pérez, mas fue a tratar con Diego de Cáceres de
Ovando, que, cumpliendo los mandamientos del Rey, le entregase a Benquerencia,
y de esta manera, unos por fuerza y otros por tacto, tomó el maestrazgo y ganó
ella la mayor parte de él.
Hernando de Monroy, el señor de
Monroy, que en Zalamea estaba, como la cava se hizo, los de Don Alonso Pacheco
toda su diligencia era en defender la cava que ninguno saliese del castillo,
pues como los del castillo no pudiesen salir, comenzó a crecer el hambre en
tanta cantidad que comieron caballos y gatos y otras cosas no acostumbradas, y
Hernando de Monroy envió a pedir socorro al conde de Feria y a todos los otros
amigos del Maestre don Alonso y suyos. Todos estos le desahuciaron de socorro.
Visto esto por Hernando de Monroy, y que las heridas y trabajos pasados no los
habían vencido, conoció que el hambre y la fortuna los había traído al estado
de no poder hacer menos de darse por rendido.
(Fuente Alonso de
Maldonado-Hechos-1494)
Agustín Díaz Fernández


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