ALONSO DE
MONROY
I
CXII
Cáceres
Mitad del
siglo XV
Clavero y
Maestre de la Orden de Alcántara
Crónica
de Alonso Maldonado
1494
Crónica
dese la Ronda de la Pizarra.
La virtud hizo á Tullio ser nombrado,
A Scipion y Annibal la valentia ;
Otros la vieja sangre a leuantado
Cada qual á el blason por cierta via:
El nombre de Monroy solo a juntado
Virtud, sangre, y esfuerço y cortesia:
Todo el valor del mundo repartido
El nombre de Monroy lo tiene unido.
De Pyrro, el rey de Epyro, Livio
escriue
Que si á Oriente le echara la ventura,
La fama de Alexandre que ora biue
Su braço varonil dexara obscura.
¡O suerte don Alonso! á quien recibe
Con gloria alta la chica Estremadura:
Si Pyrro al Alexandro alras dexara
Andando lú en Oriente ¿qué pasara?
Prologo que hizo Alonso de Maldonado
sobre la traducción que hizo de latín en romance de los cinco libros de Apiano
Alexandrino sobre las guerras civiles, intitulados al muy ilustre señor don
Alonso de Monroy.
Hechos de don Alonso de Monroy
Rodrigo de Monroy el señor de Monroy,
tuvo dos hijos y una hija,
el mayor se llamó Hernando de Monroy «el bezudo», y fue así llamado por
tener el labio inferior de la boca grueso y caído, y este fue uno de los mejores caballeros que en sus tiempos hubo,
tenía este caballero un extraordinario parecido con su abuelo, don Hernán
Rodríguez, los mismo en los gestos como en los hechos, que si hubiera menester
escribir darían para una gran historia, pero
que ahora no viene al caso, más como el Rey Católico tuviese
conocimiento de su valentía, de este gran caballero por las cosas que a diario
le veía hacer durante la guerra de Granada contra los moros, tenía como por
refrán que, “Que tal habia de ser el
moro que con el bezudo se igualase”.
Don Alonso de Monroy, fue hijo segundo
de Alonso de Monroy, seño de Belvis, Almaraz y Deleitosa, y de doña Juana de
Sotomayor. Hombre don Alonso alto de
cuerpo y de extraordinaria fortaleza, y bien proporcionado, de cara muy
agradable, era el más vigoroso que en su tiempo hubo, al igual que de fuerzas,
tenía gesto bueno y gracioso, de ojos muy grandes, corto de vistas y según el
decir de algunos, veía más de noche que de día. Era el hombre del mundo que más
esforzaba a la gente que con el iban a la guerra, y los que consigo llevaba
decían que las cosas grandes las hacían livianas, y mucha gente sabían que no
tenían campo estando el ya allí, siempre en acometer la pelea fue el primero, y
el que más se esforzaba en la empresa.
Era sobre toda manera venturoso en la
guerra, otros decían que lo sabía hacer también que la ventura por fuerza le
seguía. Su cuerpo no era cansado de ningún trabajo, ni el ánimo vencido; en el
comer y beber era moderado, tomaba más por necesidad, cuando el hambre apretaba
sin horas concretas, en el velar y dormir igualmente lo hacía, Sus armas eran
tan pesadas que su espada y su lanza apenas otro hombre las podía manejar, el
recatón o contera de su lanza era hierro de otra, y con estas armas fue hallado
muchas veces en medio de sus enemigos que trabajaban por matarle, y sin ser
socorrido de los suyos, salir haciendo entre ellos muy grande estrago. Nunca
hombre encontró con su lanza debajo del brazo que se quedase en la silla de
montar. Tenía que mudar siempre caballos porque no podían sufrir su peso y
siempre el caballo que traía se cinchaba con dos o tres cinchas, más nunca
decía a los suyos sino «hazed como me vieredes hazer.».
Tenía una gracia extremada, que nunca nadie habló con él que no le quedase aficionado, sus armas ofensivas y defensivas eran tan pesadas que era espanto poderlas sufrir ningún hombre, y así dormía con estas en el suelo, de la gran costumbre que tenía, como si con ellas no estuviera. Siempre peleó con gente que era mucho más numerosa que la suya, y siempre salió vencedor, aunque hubo hartas batallas y rencuentros y otras cosas de guerra, era muy amigo de extrema manera de sus amigos, y en extrema manera temido de sus enemigos. Cuarenta años sostuvo la guerra en la provincia de León y Extremadura, que fueron las mayores que hubo en toda España; pues como su padre Alonso de Monrroy muriese, y su madre quedase viuda; como el Hernando de Monrroy era el mayor, se lo quedo consigo su madre, y mandó a este Don Alonso de Monrroy a casa del maestre Don Gutierre de Sotomayor, su hermano, y que era Maestre de la Orden de Alcántara para que se criase en casa de este, y como pariente tan cercano le diese alguna encomienda, contaba don Alonso con trece años, y el Maestre se holgó mucho con él, y quedo prendado de su disposición que parecía de diez y ocho años, así las cosas gran manera le quería mucho porque le veía hacer, aunque era muchacho, cosas de muy hombre; porque muchas veces cabalgaba en caballos muy ásperos y soberbios y los sojuzgaba y los hacia a su voluntad, no osando hombre ninguno cabalgar en ellos, en todos sus ejercicios mostraba el ánimo grande que en su pecho tenía encerrado con la terneza de su edad. El Maestre le hizo enseñar a jugar de todas armas y cabalgar a caballo, porque le veía su gran potencial, y su pensamiento casi le decía el valor que había de tener este muchacho. Ello tomó todo tan bien que en poco tiempo no osaban los maestros combatir con él, porque les tornaba las armas de diestro y les daba recios golpes. Fue él tan aficionado a esto, que no entendía en otra cosa, así estuvo en esta vida, aprendiendo y formándose, hasta que cumplido los diez y seis años
.
En este tiempo años de 1452, gran
guerra se hacía entre Hernando de Monrroy y su primo, señor de Belvis, Almaraz
y Deleitosa y Rodrigo de Monroy, su tío, el señor de Monroy de las Quebradas,
padre a la sazón de Hernando de Monroy el “Bezudo” porque cada uno de ellos
decían pertenecerle de derecho lo del otro, y como entonces no hubiese otra ley
ni justicia sino las armas, porque este derecho en tiempo de roturas nunca
faltó, sucedió que entre ellos hubo tantas peleas y muertes y robos con tanta
enemistad como si no fueran de una misma sangre; y creciendo la enemistad cada día más, por tal manera que hicieron
bien verdadero el refrán que dice hacer peor de todo la enemistad encendida
entre parientes.
Hernando de Monrroy, señor de Belvis,
como si tuviera gran inquina en destruir a su primo el señor de Monroy, hizo un
llamamiento a todos sus parientes y vasallos, y unto con mucha gente de Belvis
y bien pertrechados para la guerra, hizo saber al Maestre don Gutierre de Sotomayor, su tio, y por intermediación del clavero don Alonso
de Monroy que con él Maestre se
encontraba, el dicho Maestre, vino con muy poderoso de gente de pie y de a
caballo hasta Belvis, en favor de Hernando Monroy , su sobrino, y todos junto
vinieron a cercar Monroy, entrado de la llegada de estos por Hernando Monroy,
el señor de Monroy, y como quiera que este fuese de los mejores caballeros que por entonces se hallaban, y de gran coraje y corazón, determinó en
esperarlos en el Castillo de Monroy, con
la poca gente que contaba,
Los suyos le aconsejaban no esperase a
sus enemigos en casa tan flaca, y que les parecía manifiesta locura, porque los
contrarios venían, según decían, muy poderosos y ellos estaban sin esperanza de
socorro, que era mejor consejo poner por el suelo todo el castillo e irse ellos
a otra parte, porque ya que viniesen no hallasen nada, y cualquier cosa nueva
que hiciesen , que entonces volverían y que no se les podrían defender, y este
pareció el mejor consejo dada las circunstancias, más y como el Bezudo fuese de
gran corazón y generoso su ánimo y muy mancebo, no le cuadró este parecer,
antes dijo a los suyos que para sacar un hombre muerto de su casa eran menester
cuatro vivos, que para sacar el vivo y por fuerza serian menester ocho: que las
paredes de su casa pelearían por él. Este consejo y parecer suyo los puso en
harto aprieto y trabajo, en esto vinieron el Maestre y los dos hermanos
Hernando de Monrroy y el clavero Don Alonso de Monroy con mucha gente, como ya
es dicho, y cercaron el castillo de Monrroy y pusieron en él tres estancias: de
la primera era capitán el Maestre y de la segunda Hernando de Monroy, y de la
otra el clavero; y en estas estancias hicieron muchos reparos, y en cada una de
ellas habia ochocientos hombres de pelea, siendo los combates tan continuos de día y de noche,
y con tantos pertrechos, que era dura cosa poderlos sufrir los de dentro,
tenían dos torres de madera ante los
muros, y les tiraban con lombardas y cuartagos e ingenios que ordinariamente
les echaban dentro del castillo muchas pelotas de piedra muy grandes con que
mataban muchos de los de dentro.
Hernando de Monroy, “el Bezudo”, muchas veces
salía fuera de los muros y
peleaba fuertemente con los contrarios; pero como el tiempo del asedio fue largo, y las peleas
tan continuas, y las vigilias no sufrideras, y el hambre tanta que comieron
caballos, la gente del Bezudo se comentó a disminuir, tanto por los muertos
como por los heridos.
Don Hernando de Monroy, el Bezudo,
estaba herido de tres heridas que de cualquiera de ellas otro no se levantara,
pero con todo eso cada noche salía a dar
en una de las estancias, y tanto daño
recibían los de fuera con estos
gestos, pero al cabo de siete meses pasados que hacía que estaba
puesto el cerco (según el contacto de una carta del Rey Juan II al Maestre de
Alcántara, el cerco duró hasta enero de 1453) , el Maestre tuvo mucha lastima
de los de dentro por ver que habían peleado siempre como valientes, y
especialmente el Bezudo, que Roldan no pudiera hacer más, y supo que ese
día le habían dado una saetada en una pierna
y que de antes estaba herido de
otras heridas aunque seguía
peleando, tuvo mucha gana de salvarle y envió a decir que se
diese. y que él lo llevaría consigo. El Bezudo respondió que él no se salía de
la casa sino constreñido de la gran
hambre, que juraba que hacía dos días y medio que no comían ni bebían y que la
gente toda se quería dar, y él los había detenido.
Y de
esta manera el Bezudo fue en poder del Maestre, y todos los otros caballeros de
Cáceres que estaban con él, y Monroy fue reparado por el señor de Belvis y
abastecido de vitualla y buena gente.
El Maestre ordeno soltar a todos y á
Hernando de Monroy se lo llevo consigo al castillo de Belalcázar, perteneciente a la Orden de Alcántara.
Sabido todo esto por el Rey, decidió
ordenar al Maestre que soltase á Hernando de Monrroy, y así lo hizo, aunque algún tiempo más le retuvo
preso. Luego que fue suelto Hernando de Monroy, todos pensaron que fuera luego a
cercar á Monroy, y por tanto el de
Belvis lo tenía muy bien reparado y con buena gente, el Bezudo juntó su gente e
hizo muestra de querer ir á Monroy, y después volvió y dio consigo en Belvis una noche de
navidad, cuando Hernando de Monrroy y
el clavero estaban oyendo maitines en la iglesia,
de manera que pudo el Bezudo entrarse en el castillo sin ningún impedimento. Sabido esto por Hernando de Monroy y el
clavero, luego juntaron gente para cercar el castillo de Belvis. Luego que el Bezudo hizo esto, desando a buen recaudo el castillo, se salió de
él, porque supo que la gente de guerra
que tenía Arias de Ulloa, capitán de Hernando
de Monroy para lo de Monroy, llegaba porque lo había enviado a llamar para que cercasen á Belvis; y él va a Monroy y da sobre él
una noche y tomando por asalto a los pocos que allí quedaron, y antes que amaneciese se hace dueño de la fuerza y así volvió a
cobrar la plaza de Monroy.
Hernando de Monroy combatió á Belvis
muy reciamente; pero siendo la casa muy fuerte, tenía mal remedio el apoderarse
de ella, pensó entonces una obra que parecía imposible, esto fue de minar el
castillo que, asentado sobre peña berroqueña, más fueron tantos los que cavaron
que hicieron su mina. Los de dentro pelearon dos o tres veces en la mina muy
bravamente. En estas peleas se estuvo Hernando
de Monrroy muy valientemente y otros criados suyos, al fin
por hambre se dieron a partido y continuando los dos primos a sus guerras continuas.
(Fuentes Alonso
de Maldonado-Hechos-1494)
Agustín
Díaz Fernández


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