ALONSO DE MONROY

                                                  II

                                            CCXIII

                                           Cáceres

Segunda Mitad siglo XV

 

Clavero y Maestre de la Orden de Alcántara

Crónica de Alonso Maldonado 1494

                                         

En este tiempo, a principios de 1450, murió el Maestre de Alcántara don Gutierre de Sotomayor, y dejó su mayorazgo a Don Alonso de Sotomayor, su hijo. Poco antes en el tiempo que el Maestre muriese, habia salido de la villa de Cáceres un mancebo hijodalgo que se llamaba Gómez de Solís, y sucedió que, este fue a la casa del conde de Oropesa, y como el Conde estuviese de camino para la corte, llevó consigo en su servicio al Gómez de Solís, más día corriendo toros delante del rey don Enrique, (Enrique IV) entre los toros hubo uno asaz bravo, porque habia desbaratado la guarda del Rey dos veces. Este toro tomó a un hombre cerca de las ventanas del Rey, y no valiente que lo socorriese, pero a aquella sazón derrocó su capa y echó mano a su espada Gómez de Solís, “y vase para el toro y dale' dos cuchilladas en el pescueço que derrocó el toro. Esto hizo con tanta buena maña y denuedo que cayó en gracia al Rey y le mandó subir consigo”, y fue gran privado suyo, y fue tan alta su buena fortuna de este Gómez de Solís que, como el Rey Enrique IV el llamado “ Impotente” concibiese en si ser este mancebo valiente hombre, cuerdo y de confianza y que en guerras que esperaba la pacificación del reino y le serviría bien,  sin más le dio el Maestrazgo de la Orden de Alcántara,  vacante este tras la muerte del maestre Gutierre de Sotomayor, y hecho maestre se llamó don Gómez de Cáceres, porque el Rey siempre le llamaba Cáceres, por su villa de procedencia. Y durante años estuvo pacifico amansado mucho dinero, esto ocurría sobre 1458, cuando conseguía que el Papa Pio II, expidiese la bula del Maestrazgo de Alcántara, Maestrazgo que disfrutaría hasta catorce años.

 

(Gómez de Solís,  personaje que dio  grandeza a la familia de apellido  Solís,  partió de su casa en busca de aventuras y adelantos para su persona, aliviando así la carga familiar que pesaba sobre él,  recordemos que esta  familia era de mucha y gran nobleza pero la bolsa la tenia más bien corta y pequeña, hijo de diego Fernández de Solís y de  Leonor de Loroña,  y tenía dos hermanos varones  más Gutierre y Fernán y dos hermanas, con lo que no podía contar con la herencia escasa de la familia, esta iría a parar a manos de Gutiérre el primogénito de la familia.

Cuenta el cronista, que era guapo mocetón, de mucha educación y muy buena presencia, delicado, de trato muy ameno y grande amanerado).

En todo este tiempo surgió una gran amistad entre el clavero don Alonso de Monroy y el Maestre Góme de Solís, pero sucedió que, asi como el Maestre casase en la villa de Cáceres a una hermana suya doña Juana, con un caballero de Trujillo que llaman don Francisco de Hinojosa, a cuyas bodas acudieron muchos caballeros por complacer al Maestre y que con tal motivo se programaron muchos y grandes festejos. Sabido esto por don Alonso de Monroy, que a la sazón se encontraba con su hermana doña Maria de Monroy, que era casada con don Alonso Portocarrero,     que tenía como encomienda la plaza de Montánchez, se vino hasta Cáceres, sucedió que estando un día después de comer y día antes del comienzo de las fiestas el Maestre con sus caballeros, este les mando que luchasen los que quisiesen hacerlo, ya que en este tiempo  era muy usada la lucha entre guerreros  militares, y después que luchasen muchos caballeros,   El Clavero dona Alonso de Monroy, no solía luchar nunca, siendo como era un excelente luchador, y si lo hacia  era con una mano , y la izquierda atada a la espalda,  de esta manera batallaba no habiendo quien lo derrocase.

Todos deseaban ver luchar al Clavero, ya que su fama le iba por delante, todos habían oído decir lo bien que lo sabia hacer y por ver su robustidad y disposición.

Más ningún caballero le provocó a la lucha, salió entonces el novio don Francisco de Hinojosa, que fue rogarle que luchase con él, que era tambien muy extremado luchador, el clavero le respondió que no se tomase tanto trabajo tenía que hacer. El Maestre don Gome, se levantó entonces, y fue donde el clavero a rogarle que luchase, don Alonso contestó que era contento en ello, pero que habia de ser a la manera que el lo solía hacer, es decir con una mano atada a la espalda, el novio respondió que con aquella ventaja, o con otra por pequeña que fuera no lucharía, quedando muy resentido con don  Alonso, pero  mucho más que el novio, quedaron los hermanos de la novia y del Maestre,  que por la gran envidia que  tenían del Clavero se le habia vuelto el amor que le tenían en mucha enemistad.

 Otros días salieron a jugar cañas, y tenían puestos unos tablados muy altos en la Plaza Mayor de Cáceres, para que por cima de aquellos habían de echar varillas. A este juego salió el clavero, y como viese bracear a los otros caballeros y echar varillas, demandó una lanza gineta y puso las piernas sobre su caballo arrojandola por encima de los tablados. Grande espanto fue en la plaza de este hecho, y tanto más creció la enemistad de los hermanos del Maestre contra el clavero, y concertaron de matar al Clavero en el juego de cañas, y este encargo dieron a Francisco de Hinojosa, que era muy buen bracero y recio, y de buena gana él lo tomó, pues comenzado el juego de cañas, Francisco de Hinojosa tiró dos o tres cañas al Clavero cara a cara, y la una de ellas por muy poco no le dio en un ojo, entonces viendo el Clavero que Hinojosa tiraba mal y con ruin intención, salió una vez tras él, y le dio con una vara en el arco postrero del adarga, y pasó adelante y dio en un casco que traía, y abollándolo y entrándole  por la cabeza, y le hizo una herida. El Hinojosa cargado de este golpe, que fue recio y debió de acertar en parte peligrosa, cayó como muerto del caballo abajo. Entonces se levantó en la plaza gran alboroto, que todos decían: «muera, muera el Clavero que mató a Francisco de Hinojosa sin porque»; y como la casa del Maestre estuviese, no como de señor, más como de príncipe, acudieron tantos caballeros á matar al Clavero que fue maravilla como se escapó, los dos hermanos del Maestre llenos de saña se metieron entre todos por llegar los primeros, mostrando ser ellos los injuriados, el Maestre se dio prisa a bajar de la ventana* por ver a Hinojosa; y cuando llegó había cobrado aliento el Hinojosa y abría los ojos, como esto vio el Maestre, mandó le metieran en una casa y fue con gran prisa  a donde la pelea que  con el Clavero se hacía, y estaba tan tupido entre ellos el polvo, que casi que no se conocían , que esto ayudó mucho al Clavero á que no le matasen al cual el Maestre halló cercado de muchas gentes, cortada el adarga por tres o cuatro partes, y el caballo herido, y él como un león bravo, con su espada en la mano en medio de todos, que aquel día no hubiera otro hombre que tan bien se supiera defender, el Maestre, como llegó, le dijo que fuese preso, y el Clavero, que estaba sin tener de su parte persona alguna, y la plaza cerrada de talanqueras, dijo que era contento, y luego el Maestre le envió al convento de Alcántara con mucha gente de armas, los hermanos del Maestre le importunaban mucho que el Clavero fuese muerto antes que llegase a Alcántara, pero el Maestre no quiso porque parecía estar mejor el de  Hinojosa, esto hecho ocurrió en 1464.

*Se menciona una ventana que daba a la plaza mayor, que debe ser de la casa familiar de los Solís, la cual se encontraba en lo que es hoy el patio del Palacio de Mayoralgo*.

 

El clavero, Alonso de Monroy, como llegó preso a Alcántara, y fue echado en recias prisiones, pero en  a poco tiempo el Clavero hizo tanto con su persona que se soltó, quebrando unas cadenas con sus manos y desquiciando puertas, y se vino á Robledillo, y de allí escaló la fortaleza de Trebejo, que a mal recaudo tenía fray Diego Bernal, comendador de Sant Juan, que seguía al Maestre Góme de Solís y era mucho su servidor, y comienza á llamar gente, y juntó hasta ochenta de a caballo con algunos peones, y con esta gente comienza á guerrear al Maestre y deudos, y el clavero se fue á Montánchez por confirmar en su amistad a su cuñado don Alonso de Puertocarrero; más ningún deudo suyo le quiso seguir en esta guerra, ni su hermano, pensando que esta guerra se caería luego, y tan bien porque el Maestre estaba tan gran señor y poderoso en la tierra que no podrían durar ni valerse con él, y que también muchos entendían en las amistades. El Maestre tenía esta guerra en tanto como nada, con desprecio, que ochocientas lanzas que tenía aun no las habia mandado llamar al sitio, y donde sucedió que el Clavero escaló una noche de mucha agua y vientos el castillo de Azagala, al tiempo que las velas se metieron debajo de cubierta por dejar pasar el agua, estaban dentro para la defensa más de doscientos hombres, los más de ellos fueron muertos y los otros presos.

Hecho esto por el Clavero, luego puso mucha diligencia por abastecer este castillo, haciendo robos a una parte y a otra, porque era patrimonial de la orden, sabido que fue esto por el Maestre de Solís, luego envió una parte de su gente de a pie y de á caballo para que fuesen a cercar á Azagala y al Clavero que estaba en ella con ochenta de a caballo que tenía y ciento y cincuenta peones, y espéralos allí, y el Maestre , como llegaron a Azagala, luego la cercaron, que bien pensaron antes de muchos días aquella se fuera dada  en su poder; pero la cosa vino al revés, porque el clavero hacia tantos saltos en ellos de día y de noche, con salidas rápidas y matando mucha gente,  que no les dejaba tener ningún reposo, y sucedió que,  también al Clavero que venció a la gente del Maestre en siete u ocho peleas, siempre siendo los contrarios más que los suyos, como quiera que las más fuesen comenzadas de noche, siempre iba a buscar los enemigos que tenía más lejos por tomallos más descuidados.

Los del Maestre ordenaban su batalla en el campo y enviaban a decir al Clavero muchas felonías por engañarle a que saliese de día a pelear en el campo, pero el Clavero no salía, porque veía que los del Maestre eran diez para uno de los suyos, y en siendo de noche, que la espía del Clavero decía que estaban en más reposo, entonces era con ellos y matabanlos a lanzadas como querían, de manera que esta guerra, como durase largos tiempos, y el trabajo de guardarse y las peleas continas de cada día no era para sufrir, ni cuerpos humanos no eran para aguantar tantas cosas, decían del Clavero ser sin duda diablo, porque el trabajo suyo no lo pudiera pasar otro.

Viéndose los del Maestre tan fatigados y cansados de los continuos trabajos y vigilias y peleas de día y de noche, que comenzaron a disminuirse por número, muertos en las peleas que habían sido hartos, como por las enfermedades que les daban del mal trato de estar tanto en el campo, de forma que se hubo de alzar el cerco, y el Clavero don alonso de Monroy, quedó de este cerco muy victorioso, de manera que sonando la fama en toda Extremadura de los claros hechos que hizo el clavero en este cerco, se le juntaron más gentes, de manera que los del Maestre no salían al campo, ni le quitaban los robos que hacían en tierra de Cáceres. Algunos casi por los capitanes del Maestre le desafiaran pensando que, si lo matasen, les dejaría vivir en sosiego, y que la tierra quedaría por suya, porque los del Clavero cada uno se iría por su parte, el Clavero hizo dos o tres campos con estos y fueron muertos por su mano. Esto hizo con tanta valentía que era cosa de admiración, y no se osaron más burlar con él por aquella forma.

En este tiempo vino el rey don Enrique IV a Trujillo y el Clavero le fue a besar las manos, y el Rey le recibió de buen talante, y el Maestre don Gome vino luego al Rey, y como fuese grande su amigo, el marqués de Villena hizo que le diese el Rey la ciudad de Coria con título de conde, para un su hermano que llamaban Gutierre de Solís, y hicieronsé las amistades del Maestre y del Clavero por mano del Marques, y poniendo en ello el Rey su mandamiento al uno y al otro.

En gran manera fue descontento el Clavero en todo esto, en especial viendo a su enemigo crecer en poder, luego se vino a Montánchez y estuvo allí un año, sin hacer otra cosa más de ejercitarse, y gastar el tiempo con sus gentes en mostrarles cómo se habían de hacer en las guerras, torneando y en fiestas.

Gran guerra se hacía en este tiempo entre Hernando de Monroy, señor de Belvis, y Fernando de Monroy su primo, señor de Monroy, estos como tuviesen los corazones llenos de indignación el uno contra el otro, nunca entendían en otra cosa sino en peleas y robos los unos contra los otros, donde sucedió que, el de Belvis vino con mucha gente a Monroy y robó la villa, y tomó prisioneros, y combatió el castillo reciamente porque traía gran gente de a pie y de caballo, pero estaba dentro un hermano de Hernando de Monroy el que llamaban Bezudo, que le defendió muy bien con la gente que dentro estaba, de manera que el castillo no le pudieron tomar.ç

Como en este tiempo estuviese un hermano del rey don Enrique IV, que llamaban el príncipe Don Alonso, algunos grandes del reino, los más poderosos le alzaron por Rey de Castilla, y el maestre don Góme de Solís, fue uno de los que le besaron la mano por señor. Y quedo en gran manera sentido de este atrevimiento el rey don Enrique, que sus súbditos habían tenido, los comenzó a guerrear y escribió luego al Clavero mandándole que guerrease al Maestre, y por atraerle más a ello, le mandó el Maestrazgo diciendo haberlo perdido por haberse levantado don Góme contra él, y por ser rebelde todos los otros bienes que tuviese, y que si él pudiese tomar la ciudad de Coria, que él le socorrería. A todos sus deudos y amigos les pareció que no solamente el Rey quiso con esto destruir al Clavero en mandarlo el maestrazgo, más a todo su linaje, y no pensó el Rey que el Clavero aceptara esto por estar cercado de enemigos, sino confió en su gran corazón y en la fama de sus hechos.

 El clavero tomó esta empresa con gran corazón como si tuviera á su mandar cien mil hombres para ejecutarlo, y de esto ningún buen consejo que le dieron le pudo mudar.

A esta sazón estaba el Maestre don Góme tan poderoso, así de gente como de riquezas, que dicen ser los nervios de la guerra, y tenía tan por suya la provincia de Extremadura, que muchas veces decía con soberbia que aunque el Rey viniese contra él no le temería, y como el Clavero de todo esto estuviese tan menguado que más no podía ser, más como fuese caballero mucho esforzado y diestro en la guerra , muchas veces desbarató y destrozó la muchedumbre de gentes del Maestre con la poca suya. Y porque para contar la particularidad de estas guerras, que duraron grandes tiempos, si se hubiesen de decir las cosas que en ellas pasaron, no bastarían papel ni plumas para escribirlas todas, “diré lo más breve que pueda, dexando infinitas por dezir por euitar prolixidad tomando á lo contado”.




El Clavero se partió para Belvis y halló a su hermano tan ocupado en las guerras contra su primo el Bezudo, pero luego juntó sus gentes que tenía hasta doscientas lanzas y trescientos peones, y dejando sus castillos á buena guarda, se partió con esta gente para Coria, y una mañana dio en ella. Esta guerra se comenzó el año de mil y cuatrocientos y sesenta y cinco.

Los que estaban diputados para la guarda de Coria hicieron su resistencia, pero no les aprovechó nada que los del Clavero los vencieron y echaron por fuerza de armas de Coria, quedando ellos apoderados de ella, El Clavero la abasteció lo más que pudo, que bien vio que habia menester todo esfuerzo y diligencia para defenderla, Sabido esto por el Maestre, en gran manera fue enojado, y partió luego de la villa de Cáceres, que por suya tenia , con ochocientas lanzas y dos mil peones, y escribió luego a su hermano Hernán Gómez de Solís, que apoderado estaba por él en la ciudad de Badajoz, y de allí habían echado la gente del conde de Feria , que dejando buen recaudo en la ciudad, se partiese luego con la más gente que pudiese para Coria. El duque de Plasencia, que mucho era su amigo, le envió de ayuda doscientas lanzas y cuatrocientos peones, de manera que toda Extremadura estaba con el Maestre porque estaban otros caballeros muchos, de manera que todo este ejercito cercó á Coria, y trajo el Maestre tantos ingenios y aderezos para combatir, cual nunca se vio en nuestros tiempos en ciudad ninguna. El Clavero por el poco espacio de tiempo que tuvo no la pudo abastecer a su voluntad, El Maestre la combatía ordinariamente de noche y de día sin dejar reposar nada a los de dentro, con muy muchos pertrechos, la orden que tenían para tener descansada la gente era esta, en siendo de día el Maestre mandaba tocar sus trompetas, y luego se juntaban con él los comendadores y caballeros que traía consigo, y las escalas y escaladores, y duraba el combate hasta medio día. El Maestre andaba con un bastón en un caballo animando su gente, y desde medio día hasta la noche combatía Hernán Gómez de Solís, hermano del Maestre, con la gente que trajo de Badajoz y de otras partes, en siendo noche, hasta la mañana salía a combatir Pedro de Ontiveros, capitán del duque de Plasencia, con su gente que habia traído y con otra mucha que desde que estaban allí se habia llegado. Los del Clavero, como quiera que se viesen muy apretados y combatidos por todas partes, y como fuesen hombres expertos en la guerra, con aquel su capitán, no se espantaban de nada, antes continuamente peleaban, y no contentos con esto salían fuera de la ciudad ordinariamente á escaramuzar y darles salto en las estancias, que cada noche eran las peleas tantas y tan continuas, que parecía cosa imposible poderlo sufrir los del Clavero.

La guerra era tan cruel como entre moros y cristianos, de esto era causa la enemistad que se tenían las cabezas de los dos bandos, los prisioneros que tornaba el Maestre luego eran muertos y ahorcados, los del Clavero eran honrados y guardados.

Fue así que como el Clavero tuviese un escudero que se llamaba Juan de Belvis, sabio en la guerra, y una de las mejores lanzas que traía, y era su hermano de leche, y grande escalador, su parecer en la guerra era sentencia. Pues como saliese el Clavero una mañana diese en una estancia y fuese aquí la pelea muy brava, la gente del Maestre acudió aquí con mucha presteza, los del Clavero que muerto habían los más de la estancia, volvieronse á Coria, y Juan de Belvis, que metido estaba en los enemigos no pudo hacer esta vuelta tan presto que no fuese preso por los del Maestre.

En gran manera le pesó al Clavero de la prisión de este que él quería tanto, pero pensó remediarlo por esta manera….

(Fuentes Alonso de Maldonado-Hechos 1492)

 


Agustín Díaz Fernández

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