ALONSO DE
MONROY
III
CCXIV
Cáceres
Segunda Mitad siglo XV
Clavero y Maestre de la Orden de
Alcántara
Crónica de Alonso Maldonado 1494
En el capítulo anterior veíamos que:
La guerra era tan cruel como entre
moros y cristianos, de esto era causa la enemistad que se tenían las cabezas de
los dos bandos, los prisioneros que tornaba el Maestre luego eran muertos y
ahorcados, los del Clavero eran honrados y guardados.
Fue así que como el Clavero tuviese un
escudero que se llamaba Juan de Belvis, sabio en la guerra, y una de las
mejores lanzas que traía, y era su hermano de leche, y grande escalador, su
parecer en la guerra era sentencia. Pues como saliese el Clavero una mañana
diese en una estancia y fuese aquí la pelea muy brava, la gente del Maestre
acudió aquí con mucha presteza, los del Clavero que muerto habían los más de la
estancia, volvieronse á Coria, y Juan de Belvis, que metido estaba en los
enemigos no pudo hacer esta vuelta tan presto que no fuese preso por los del
Maestre.
En gran manera le pesó al Clavero de
la prisión de este que él quería tanto, pero pensó remediarlo por esta manera….
Crónica desde la Ronda de la Pizarra
Había una estancia cerca de Coria, y
en ella estaban muchos caballeros parientes del Maestre y otros, y una mañana
dio el Clavero salto en esta estancia con la gente más escogida que él tenía, y
pelearon tan bravamente el clavero y los suyos que los desbarataron y robaron
la estancia, en esta pelea prendió el clavero a un caballero de Cáceres que se
llamaba Lorenzo de Ulloa, el Clavero le hizo mucha honra y le sentó a su mesa,
y después que comieron, el clavero le dijo que él era libre, que se podía ir al
Maestre o donde fuese servido, y mandó le dieran un caballo, y rogándole que a Juan de Belvis
le enviase, Lorenzo de Ulloa, en gran manera aficionado al Clavero por la honra
que le había hecho, fuese derecho a apear a la tienda del Maestre, y dijole que
le suplicaba le mandase dar a Juan de Belvis, porque él quedaba su palabra
empeñada en Coria por él, más airado el Maestre por estas palabras, respondió:
“Que él viniese en buena hora suelto, más que
a Juan de Belvis que él no le daría por ninguna cosa, porque después del
Clavero a ninguno tenía tan mala voluntad como a aquel que le había hecho de
daños pasados más de seis cuentos”.
“Indignado Lorenzo de Ulloa de aquesta
respuesta del Maestre, habló con otros dos hermanos suyos que hay tenia, y
dijoles que se fuesen a Cáceres, porque él no estaría más con el Maestre,
porque le había tenido en tan poco que a un escudero no había querido dar por
su rescate”.
Estos y sus parientes, que serían
hasta cincuenta de á caballo, muy escogidos, cabalgaron y se fueron a Cáceres
con voluntad de seguir al Clavero, y estos fueron tanta parte una vez que
echaron al Maestre de Cáceres con ayuda del Clavero, como andando en la
historia veremos, por hacer verdadero el refrán que “el bien nunca se pierde,
aunque se haga al enemigo”.
Gran tristeza y descontentamiento cayó
a los de Cáceres por la marcha de estos caballeros. Hernando de Monrroy, el
señor de Monroy, había venido a Coria con muchas lanzas, por apremiar al
Clavero como a enemigo, y había hecho mucho de noche y de día contra los de
Coria. Por entonces ya gran hambre pasaba los que estaban dentro en Coria, que
no tenían ya que comer, salvo lo que tomaban por fuerza a los guerreros del
Maestre, y esto era con tan gran pelea que costaba bien cara la comida.
El Clavero a la sazón estaba herido de
dos buenas heridas y envió a pedir socorro al rey don Enrique IV diciéndole,
como él por su mandado estaba en aquel estado y había días que estaba dentro en
la ciudad, que si Su Alteza no proveía de favor, que según el Maestre tenía
tanta gente y él tan poca, que no la
podría sustentar, y el Rey le envió a decir que no podía ni era posible, porque
andaba el reino tan alterado por mil partes que tenía bien en que entender, y así
no le socorrió, pero de hacer tanto tiempo que la gente del Maestre dormía en
el campo, y del continuo trabajo y peleas de muertes y enfermedades estaban ya
tan destrozados, que casi la mitad del ejercito faltaba, que hacía ya nueve
meses que estaban sobre Coria, y tenían gran falta de abastecimiento porque la
gente tenía que ir lejos por ellos, que
tenían gran gana de por ver el mal trato que pasaban, más el Maestre los
detenía con muchos halagos y dadivas que les daba de sus tesoros.
Las cosas que en estos nueve meses
hizo el Clavero seria largo de contar, como quiera que él fue el escudo y
amparo de su gente; por su esfuerzo se hacía todo, pues viéndose apretado por
el hambre y de sus guerreros muy menoscabado, y que no tenía remedio de
mantenimientos, ni el Rey le socorría, acordó de usar una cautela con sus
enemigos, antes que el hambre vencedora de todas las cosas le matase y fue así:
Ocurrió que, como los del Maestre tuviesen una
estancia muy grande toda cercada de madera con muchos castillos y reparos de
madera, un espingardero de los del Clavero se pasó al Maestre, el Maestre de
esto quedo muy alegre, pensando que todos los de Coria harían lo mismo, hizo
muchas mercedes a este, pero el espingardero, después que fue noche y la gente
reposada, sembró mucha pólvora por todo el real entre las tiendas, El Clavero
que la misma noche tenía su gente a punto, antes que saliesen los esforzó y hizo
una oración en la que les mostró no haber muerte mayor que la del hambre y que
les era necesario aparejar las armas y obrar con ellas valientemente porque a
los osados la fortuna los favorecía, y por razón tienen la victoria de su
parte, y como muchas veces les habia dicho que, había hallado por experiencia
el esfuerzo no estar en la multitud de gente más en los escogidos por vergüenza
y ánimo, y a estos darles gran terror, mézclales con gente plebeya mostrados a
huir sin vergüenza ninguna, los escogidos de nuestros enemigos no es de tener
en nada por estar dañados. Y juntos estos, acabadas estas razones, salieron
fuera, no por la puerta que había guardas de los contrarios, más por los
rompimientos de los muros que los enemigos habían roto, y saltearon la estancia
, de la cual era capitán Martin de Alarcón, con tan gran ímpetu que pasaron por
ellos rompiéndoles su muralla de madera que tenían hecha, y pusieron fuego en
las torres y en todas las cosas hasta que los del Maestre comenzaron a pelear,
pero luego fueron rotos y puestos en huidas por los del Clavero.
Viendo desto el Clavero y los suyos
pusieron fuego en todos los pertrechos que tenían para combatir como mantas y
castillos de madera, y por esta vía fueron quemados todos los aparejos y todo el linaje y materiales de ellos, a
esta hora el espingardero que la pólvora había derramado en el real puso fuego,
y encendiese todo: el Clavero y los suyos enderezaron hacia el real, y era tanta la turbación del sobresalto que les
dieron al ver tantos fuegos encendidos en sus casas y de la presteza con que
todo se había hecho, que como espantados comienzan los del Maestre a huir
cargados de su ropa, otros cabalgaban á priesa y se salían del real, sin duda
ninguna, si esta sazón no fuera por
Hernando de Monrroy el Bezudo, el Maestre fuera desbaratado con la mayor mengua
del mundo, pero como el Bezudo viese las cosas puestas en tanto terror y
espanto y fuese caballero tan esforzado que ninguno le pudiese echar el pie
delante, juntó sus gentes y otros hombres de vergüenza que de ver su esfuerzo
se le llegaron, y estos dejando quemar sus cosas, no mirando por ellas, sino
mirando por su honra y lo que debían, fueron a herir con gran velocidad en los
del clavero, como los del Clavero trajesen
camisas blancas sobre las armas, y por las muchas lumbres que había en
el real, muy bien veían a combatirse y daban cierto señal con la luz de los
fuegos a que los golpes no se errasen, ya había muchos muertos y heridos de
ambas partes.
Los del clavero peleaban con ánimo de
conseguir su victoria ya comenzada a ganar, Hernando de Monrroy y los suyos
peleaban por escusar la perdición que hubiera sucedido faltando ellos, de
manera que ambas partes peleaban con gran ferocidad, a esta hora los del
Maestre que ocupado vieron al Clavero, tornaron al real, y reprehendidos por
sus capitanes tornaron todo esfuerzo y ánimo, y volvieron a ayudar a Hernando
de Monroy, pero ya cuando estos llegaron, el clavero y los suyos se habían
metido en Coria, apretados por Hernando de Monroy.
El clavero y los suyos pasaban hambre
no sufridera, la gente doliente de los malos manjares, los muros por muchas
partes rotos, pues los del Maestre (ansi mesmo estaban) en gran manera
fatigados y aun de esta postrera vez bien espantados, y como el invierno venia
en rostro, el trabajo era insoportable y la vitualla muy poca, de manera que
todas estas cosas miradas por el Maestre, envió ciertos caballeros a hablar al
Clavero, y estos hicieron la concordia entre el Maestre y el Clavero en esta
manera, que el clavero dejase á Coria al Maestre, y que el Maestre diese al
Clavero el castillo de Piedrabuena y el Castillo de Mayorga, y en el entregar
de estos castillos tuvo tal fortuna que el clavero no fue engañado, no por la
voluntad del Maestre más por la fidelidad de los caballeros de quien ambos se
confiaron.
El Clavero luego dejó a Coria y se fue con su
gente al castillo de Trebejo*, y de allí abasteció las dos fortalezas que el
Maestre le dio, así de buena gente como de vitualla, El Maestre que apoderado
estaba de toda Extremadura, llevando las rentas de ella, tornó a juntar gran
tesoro.
*Castillo
de Trevejo (Trebejo)
Construido sobre un
empñinado cerro cerca de villamiel, en la provincia de Cáceres, medio en pie,
medio caido al dia de hoy, pero sus ruinas revelan su antigua fortaleza, dio
nombre a una fertil comarca, dando fe de su imprtancia pasada.
Su primera conquista
fue llevada a cabo por el Rey Fernando II de León, donandola despues a la orden
del Temple, como del pago de la ayuda que le habian prestado sus caballeros
para ganarlo, y extinmguida esta Orden, pasó a manos de los Hospitalarios de San
Juan de Jerusalen, que hizo con el y la villa que a sus pies asienta una
encomienda.
En auqellos tiempos
del siglo XII, se le daba el nombre de Trebellios en las bulas pontifiicas.
Este Castillo y
Villa, aparte de alguna leyenda sin fudamento, cuando saltó a la historia
social fue en el siglo XV, y en 1465, siendo el
Comendador Frey Diego Bernal, muy grande amigo del Maestre de la Orden
de Alcánta don Gome de Cáceres y Solis, que
a la sazón servia al Infante don Alonso, proclamado en Avila por
aquellos días Rey de Castilla.
El Rey Enrique IV de
Castilla y León dolido por esta felonia del Maestre, ordeno al clavero de la
Orden de Alcántara don Alonso de Monroy, que combatiese a los amigos parciales
de don Gome, y especialmente al Comendador frey Diego Bernal y su fortaleza de
Trevejo. El clavero que hacia poco que acaba de escapar de las prisiones que le
había tenido en Maestre en fortaleza Alcantarina, por aquello de la boda de su
hermana, la escaló y la ganó.
*A los nueve años se
apodero del castillo de Trevejo, el temido capitán de bandoleros Fernán
Centeno, mas a los cinco meses se lo quito un capitán afecto al gobierno,
llamado Ramiro, que capitaneaba las
tropas del Arzobispo de Toledo.
Entre sus ruinas,
como en tantos otros castillos y casas fuertes que se encontraban en la
provincia cacerense, cuenta los naturales que, esconde grandes tesoros,
enterrados desde los tiempos de moros*.
(*Fuente Publio
Hurtado-Castillos)
(Fuente Alonso de
Maldonado-Hechos)
Agustín Díaz
Fernández


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