ALONSO DE MONROY
VI
CCXVII
Cáceres
Segunda Mitad siglo XV
Año de 1470
Clavero y Maestre de la Orden de
Alcántara
Crónica de Alonso Maldonado 1494
En el capítulo anterior:
Dejábamos al Clavero don Alonso de
Monroy abastecido el castillo de la villa de Zalamea, dejó en guarda de él a
Gonzalo de Raudona, comendador de Lares, y con él mil y quinientos peones y
doscientos y cincuenta de a caballo, y él mudó propósito por un aviso que hubo
de sus amigos a quien él había escrito y le habían respondido que le darían
entrada en Alcántara, luego se partió con cien lanzas escogidas y cuatrocientos
peones que, aunque eran labradores, con la usanza de la guerra de gran tiempo,
no había diferencia de ellos con los más belicosos guerreros que hubiese,
porque tenían experimentadas sus personas en las cosas pasadas, que ninguno les
sobraba en esfuerzo.
Crónica desde la Ronda de la Pizarra.
Con esta gente el Clavero se vino a
Alcántara, y entrando dentro mató a algunos de los del Maestre, pero los
principales guerreros estaban en el castillo y en el puente que es sobre el Tajo,
todos eran gente muy abastecida para largos tiempos y muy escogidos. El
Clavero, reunido su consejo, pareció ser cosa más necesaria sitiar la puerta,
porque allí no entrase socorro al castillo, luego puso cerco a el puente por de
fuera, por la parte que le había de venir el socorro.
Enterado de todo esto por el maestre
Don Gome, juntó mucha gente de pie y de caballo que serían más de dos mil
peones y setecientos de á caballo, y partieron para Alcántara.
Pero como la fortuna no deja
largamente permanecer las cosas en un ser, fue así que como el Maestre viniese
para Alcántara con toda esta gente, les pareció no ser bueno venir hasta
Alcántara porque él la tenía tan abastecida de gente y vituallas que no temió
por poderla perder, ni el Clavero la podría tomar tan presto que él no pudiese
socorrerla, aunque algo se tardase, y como astuto guerrero pensó en torcer
camino y dar en los de Zalamea que descuidados estaban, y deshacer aquella
gente por tomar con menos fuerzas al Clavero su enemigo, y también tenía creído
que el clavero no le esperaría, que había luego de venir a juntarse con la
gente de Zalamea, y quedarle mal remedio para cobrarla.
Sabido por el clavero la venida del
Maestre a Alcántara, porque todos se lo certificaban, puso fuerza al Clavero
para lo que había de hacer, y por el consiguiente, tibieza y flojera en los de
Zalamea, pues no esperaban pelea antes pensaban que el Clavero seria presto
allí, porque no había otra nueva sino de cuan poderoso iba el Maestre al
socorro de Alcántara. Todos los militares más expertos del clavero le rogaban
encarecidamente se fuese luego á Zalamea y no esperase al Maestre allí, más
como el Clavero fuese de gran corazón y de generoso animoso, le pareció esto
sería cosa y no verdadera, y también temía que si se fuese y el Maestre
entrase, que los amigos que allí le había metido que serían quemados con sus
casas, y decía querer antes esperar su fortuna y morir con ellos que no
desampararlos, y de aquí nunca le pudieron mudar, antes luego alzó el cerco que
tenía puesto a el puente en el cerro de las vigas y se pasó a la otra parte del
arrabal, y allí hizo con mucha presteza grandes reparos y albarradas, e hizo
meter toda la vitualla que pudo; y como fue la obra tanta y el tiempo tan
breve, dio mucha fatiga a la gente, en tanta manera, que tenían por gran locura
esperar, y allí despidió hasta cincuenta lanzas que tenia de amigos por
parecerles no otro menester, ni tener vituallas para tantos.
Estando las cosas en este estado, el
Maestre torció el camino de Alcántara y se vino para Zalamea, y una noche antes
que amaneciese con una hora, dieron a la puerta de la villa diciendo: «abrid,
señores, abrid, que el clavero viene aquí huyendo del Maestre.»
Entonces los de Zalamea, que pensaron
ser verdad lo que ellos habían pensado, abrieron las puertas y entraron los del
Maestre: que los más escogidos eran los delanteros e hicieron gran mortandad en
ellos, porque casi los tomaron a todos en camisa , y prendieron a los que no
quisieron matar, entonces el Maestre prendió al comendador de Lares y a su
hijo, y los puso en guarda que los tuviese un privado suyo que se llamaba Diego
de Cáceres y Ovando, y ordenándole entregar el castillo de Benquerencia para que
los tuviese allí, y en Zalamea dejó por alcaide a Francisco de Hinojosa,
dejando estos dos alcaides bien abastecidos de gente y vituallas, se partió
para Coria muy ufano con la victoria ganada, y luego de Coria partió con
setecientas lanzas y mil peones para Alcántara.
Habíamos contado en el capítulo
anterior que, como estos días Hernando de Monrroy el Bezudo estaba en
Plasencia, antes de dos días que tenía planeado partir para la su villa de
Monroy, llegaron a Plasencia dos labradores de la Serradilla, y dijeron que el
maestre don Gome de Solís, con mucha gente quedaba en las Corchuelas, y que iba
a socorrer a Alcántara, Sabido esto por Hernando de Monroy, tuvo gana de ayudar
al Clavero su primo, aunque era su enemigo, que como dicen la sangre sin fuego
hierve, y luego buscó gente para ir a Alcántara, y hallaría como hasta treinta
de a caballo principales que con él fueron, entre los cuales fueron Luis de
Carvajal , Alonso de Trejo, Diego Pizarro, Rodrigo de Yanguas, Pedro de
Ahuinada, regidor de Plasencia, Francisco Bote y Francisco Gómez, y partieron
todos estos a las ocho de la noche, y como llegasen a Galisteo, el alcaide no
los quiso abrir a causa que en otro día lo había robado el Conde de Coria, y de
allí fueron á Santibáñez y pasaron el rio de Gata por la Moraleja, y como hacia
tantas aguas, que era por enero de 1470, casi el camino no se podía pasar, y
como llegasen al rio de Gata y la noche hacia muy oscura, que no se veían los
unos a los otros, dijo Pedro de Ahumada á Hernando de Monroy que no pasase si
no quería morir ahogado, más que allí esperasen el día porque el rio iba
crecido en gran cantidad, Hernando de Monrroy respondió que convenia pasarle
luego para llegar a tiempo que pudiesen defender a Alcántara del Maestre, y
como lo acabó de decir dijo que todos viniesen tras él, porque él quería pasar
delante, y dio de las espuelas al caballo, y todos tras él, y así pasaron con
harto peligro, que todos los caballos nadaron y un escudero se les ahogó.
Comenzó á caminar Hernando de Monrroy
en vía de Alcántara, y como llegase al puerto del Caballo envió a Alonso de
Trejo y a otro por corredores para que descubriesen tierra del puerto del
Caballo, y como allí llegaron, yo venía (yo, se refiere a Alonso de Maldonado)
de Alcántara con trece de a caballo del comendador de Santibáñez, y como vi
estos dos, envié otros dos corredores, que pensé que era gente del Maestre, y
ellos pensaron de mi otro tanto, y al cabo conoscimonos luego, y así nos
juntamos todos, y Hernando de Monroy me preguntó en qué termino estaba el
cerco, Yo le dije como el Clavero nos había mandado ir porque él había alzado
el cerco que tenía en el cerro de las Vigas por la venida del Maestre, y que había
pasado el rio de Tajo por barcas y se pasó al arrabal, y que allí estaba
fortalecido, y que le favorecían mucho los de la villa, Yo me volví con él, y
como llegásemos a la cerca, yo dije á Hernando de Monroy que debía escribir al
clavero haciéndole saber su llegada, él me respondió que no se hablaría con él
a causa de las enemistades que tenía con su hermano, y dijele yo que si holgaba
que yo le escribiese haciéndoselo saber, y dijo que no se le daba nada que
hiciese lo que quisiese, entonces yo escribí al Clavero haciéndole saber cómo
iba Hernando de Monroy, y a esta sazón vino allí Juan Pérez Tizón, criado de
Vasco Porcallo, que estaba con el Maestre, y como Hernando de Monroy lo vio,
dijole que dijese al Maestre y á Vasco Porcallo que allí los esperaba, por eso
que viniesen, porque el Maestre había de pasar por allí para Alcántara por
fuerza.
El Clavero vino luego otro día de como
yo escribí allí a la cerca, antes que amaneciese, Los dos primos se juntaron
allí y estuvieron algunos días, saliendo cada noche por mirar el campo,
poniendo guardas y escuchas porque el Maestre no los tomase como a los de
Zalamea, sino que los tomase como a hombres de guerra.
El Maestre a esta sazón partió de
Coria para Alcántara con setecientos de a caballo y mil peones, y como llegase
al puerto del Caballo*, echó sus corredores para observar a lengua de lo que sus enemigos hacían, y estos encontraronse con los corredores del
Clavero, y aunque les huyeron, todavía alcanzaron un criado del Clavero que se
llamaba Sancho de Saravia, y este llevaron preso al Maestre, y el Maestre le mandó tomar juramento que
dijese la gente que el Clavero tenia, y este Saravia respondió como hombre
experto en la guerra, y dijo que el Clavero y Hernando de Monroy su primo,
traían trescientas y cincuenta lanzas y ochocientos peones, y que estaban en el
campo esperándole con mucha gana de pelear, el Maestre creyó lo que este Sancho
de Saravia le dijo y le pareció mejor consejo volverse a Coria, para volver con
todas las ayudas que pudiese, y que así vendría seguro sin aventurar nada, y
así se volvió desde allí pudiendo muy bien socorrer a Alcántara, porque el
Clavero y Hernando de Monroy, no tenían más de ciento y veinte lanzas y
cuatrocientos peones, como hemos dicho.
Vuelto el Maestre a Coria, quiso venir
con mucha más gente de la que tenía, y luego se partió a Alba de Tormes a donde
el Duque de Alba le dio gente de a caballo muy escogida y otro tanto hicieron
el arzobispo de Toledo, y el almirante Don Fadrique, y el conde de Treviño, de
los cuales señores él tuvo muy grande ayuda, y pensó muy livianamente volver a
Alcántara.
(Fuentes Alonso de Maldonado-Hechos-1494)
Agustín Díaz Fernández

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