ALONSO DE
MONROY
CCXXIV
XIII
Cáceres
Clavero y Maestre de la Orden de
Alcántara
Año de 1481
Crónica de don Alonso de Maldonado
1494
En estos tiempos como la Duquesa de
Plasencia y la Condesa de Medellín siguiesen la parte del Rey de Portugal,
tuvieron voluntad de tornar a tomar a Trujillo, y también porque supieron al
Maestre estar mucho ocupado en la guerra de los portugueses, y luego vinieron a
Trujillo con mil y doscientas lanzas,
Luis de Chaves defendió la ciudad cuanto pudo, como muy buen caballero,
porque era a quien el Maestre la habia dejado encomendada para que la tuviese
por los Reyes Catolicos, pero al fin no le aprovechó nada. Los capitanes de la
Duquesa y de la Condesa entraron y tornaron la ciudad, y Luis de Chaves se
retrajo a su casa con sus deudos y de allí fue cercado y combatido mucho.
Crónica desde la Ronda de la Pizarra.
El Final.
Y
Sucedió a esta sazón que el maestre Don Alonso de Monroy, habiendo
tenido muchas peleas con los portugueses, y habiendolos escarmentado mucho, no había
ya que hacer, y así se partió para Montánchez que quiso tener el invierno allí,
y Luis de Chaves, viéndose con necesidad grande de socorro y sabiendo que el
Maestre era venido a Montánchez, mandó un mensajero haciéndole saber lo que
pasaba, suplicándole en todas maneras le socorriese, este mensajero tomó el
capitán de la Duquesa, y abriendo las cartas vieron que demandaba socorro, y
ellos le dejaron ir al Maestre diciendo:
“agora veremos qué hará el ciego”
Porque tenían nuevas de que el Maestre habia
perdido alguna gente en las peleas que habia tenido, y que en Alegrete dejaba
cien lanzas y otros tantos peones, y a Rodrigo de Monroy y Pero Rodríguez de
las Varillas, estos dos por capitanes, de manera que ellos estaban bien sin
miedo de él, pero con todo esto enviaron espías tras el mensajero de Luis de
Chaves para ver el Maestre que hacía.
Más llegado el mensajero de Luis de
Chaves y vistas las cartas por el Maestre, dijo al mensajero que aquella carta había
sido abierta, que dijese quien se la había abierto. y el mensajero dijo la
verdad, y el Maestre dijo que dijese a Luis de Chaves que se detuviese, que él
le socorrería de ahí a veinte días, y que para entonces ya tendría la gente
junta, y por carta lo escribió así á Luis de Chaves, y él se bajó de la
fortaleza al lugar de Montánchez, y en él reconoció los espías de los de la
Duquesa y disimuló con ellos, y mandó allí delante de ellos formar la gente que
él tenía ahí, que serían por todos trescientos de a caballo para que se fuesen
a sus casas, y diciendoles que de allí a veinte días fuesen con él allí, y
todos se despidieron de él con esto, lo cual pasó delante de los espías de la
Duquesa.
El Maestre después de esto mandó en secreto a
un mensajero, camarero suyo, que fuese tras los capitanes y les dijese que
tuviesen la gente junta esa noche en una parte que él les señaló, y que él
sería esa noche con ellos que habían de ir á cierta parte y ello se hizo de
manera que las trescientas lanzas estuvieron en la parte que el Maestre les
mandó.
El mensajero de Luis de Chaves, visto
el poco recaudo que halló en el Maestre, se fue y la gente de la Duquesa le
tomaron la carta y todos decían:
“esto bien me lo sabía yo, que no
tiene gente para venir y querrá llamar todos sus favoritos, y ya nosotros
tememos despachado a Luis de Chaves, cuando él viniere.”
Luego volvieron los espías que habían enviado
con el mensajero y aseguraron mucho a los de la Duquesa diciendo que habían
visto la gente pagada, y que de ahí a veinte días podían estar seguros.
Como esto cuadró con lo que decía la carta,
creyeronlo sin duda y así se descuidaron aquella noche.
Luego que vino la noche, el Maestre se
armó y cabalgó con su caballo y fue por donde tenía su gente, y llegado fueron
con ella a Trujillo, y llegó a las dos de la noche y envió sus espías delante a
ver que se hacía, y de vuelta, informaron que todos estaban muy sosegados,
entonces el maestre Don Alonso de Monroy hizo poner sus escalas a la cerca, y
abrieron una puerta por donde entró el maestre Don Alonso de Monroy, y los
suyos dieron en los contrarios de tal manera, que luego los desbarataron y los
más murieron, porque todos estaban desnudos en sus camas, salvo aquellos que
estaban en las estancias contra la casa de Luis de Chaves, otros ningunos no
tenían armas, El robo que hubo aquí fue muy grande de caballos y atavíos y
otras cosas.
Hecho esto, el Maestre sacó a Luis de
Chaves y le puso la ciudad en poder como antes, que la tuviese por los Reyes Católicos,
y el Maestre se volvió a Montánchez.
La reina Doña Isabel vino a Trujillo
para pacificar toda Extremadura y luego vino allí el maestre Don Alonso de
Monroy a besar las manos a la Reina, ella le atendió muy bien y se tuvo por muy
bien servida de él, por todas las guerras que había hecho contra el rey de
Portugal. Y le hicieron a aquella sazón muchas coplas en que se contaban las
cosas que él habia hecho contra los portugueses.
Hicieronse las coplas a la batalla que
tuvo con los portugueses junto al mojón del Guadapero y un juglar las cantaba
delante de la Reina, tantas eran las mercedes que deseaban hacer al Maestre,
esto era después de la batalla de Toro, y las coplas que se hicieron son las
que se siguen:
“En el mojón de Olivenza Les diera el
ciego
La postrera sentencia.
En el mojón del Guadapero Donde estaba
el asteria
Su gaita y tamboril Que hacia la
folia,
Con ayuda de San Juan Les dimos el
negro día, Como en Portugal sabrán Y por la obran verán.
Mejor fuera a Olivenza Ir a zanjar
sobre mar, que no venir a buscar Para vos tal pestilencia Y a mí la ejecución:
En vuestra tierra y mojón Hicisteis la
penitencia.
Chamorros de Olivencia Con otros de
Portugal Vinisteis a hacer mal
A Castilla sin conciencia
De Dios vino la sentencia Y a mí la
ejecución:
En vuestra tierra y mojón hicisteis la
penitencia.
En este tiempo, estando la Reina en
Trujillo, vino al la villa Sancho de Monroy, el tuerto, que era caballero muy
esforzado y capitán del maestre Don Alonso de Monroy y venia de Alegrete y
pidió socorro a la Reina, dándole cuenta que sobré Alegrete estaba el príncipe
de Portugal con mucha gente de a pie y de a caballo, y que habia dejado de
entrar en Castilla por tomar á Alegrete, y que hacía dos meses que la combatía
reciamente, más que los de Alegrete se defendian maravillosamente con increíble
esfuerzo, Mas como la hambre vencedora
de todas las cosas era ya con ellos, sin haber remedio, no sabían que se hacer,
El Maestre suplicó mucho a la Reina que le diese gente que él iría a socorrer a
Alegrete, más la Reina no tuvo voluntad de socorrerlo, porque la guerra de los
portugueses casi que era acabada, y allí sirvió el Maestre mucho a la Reina,
porque lo tuvo dos años siempre guerreando a los portugueses, habiendo con
ellos muchas peleas. El Maestre envió á decir a los de Alegrete que hiciesen el
mejor partido que pudiesen porque él no los podía socorrer.
Ellos salieron con sus banderas altas
por medio de los portugueses, diciendo: «Castilla, Castilla»
Esto sucedió en 1475. Pulgar, Crónica
de los Reyes Católicos,
Hasta aquí llega el cronista con su
historia del clavero y maestre de Alcántara D. Alonso de Monroy, sin que se
sepa por qué razón no prosiguió la narración de sus notables hechos militares
hasta el año de 1511 en que este murió. Quizá le atajase la muerte, o lo que es
más probable prefiriese terminar su historia en el punto mismo en que privado
aquel del maestrazgo de la orden por D. Juan de Zúñiga, y despojado de las
fortalezas que aun poseía, se vio reducido a la función de simple caballero y
sin fuerzas bastantes para sustentar sus derechos.
Habia el papa Sixto IV, provisto en 1474 el
maestrazgo de la orden en D. Juan de Zúñiga, hijo de D. Álvaro de Zúñiga ,
conde después duque de Plasencia y de Arévalo, tomando el hábito y posesión de
su dignidad en 1457, a la sazón que D. Alonso estaba preso en Magacela , y con
pocas esperanzas de vida, más habiendo D. Juan seguido el partido de Doña
Juana, los Reyes Católicos dieron comisión á D. Alonso de Monroy para que le
hiciese la guerra, este inmediatamente se puo en campaña y trató de apoderarse
del castillo de Alcántara.
A dicho fin trató con un camarero
suyo, llamado Diego de Trejo (a quien otros llaman Trevejo), que se introdujese
en el castillo de que era alcaide Álvaro de Trejo, natural de Plasencia, se
apoderase de las llaves de la puerta de cierta torre y las estampase en cera,
Procúralo así el camarero, hubo las llaves , hizo la estampa, midió el muro y
lo remitió todo a D. Alonso, avisándole estuviese preparado para primeros de
diciembre de 1477. Mas descubierto el trato, se frustró el intento, y la
fortaleza quedó en manos del nuevo maestre D. Juan de Zúñiga , duque de
Arévalo.
Había hasta entonces D. Alonso seguido
fielmente a los Reyes Católicos, más viendo que no lograba de ellos que le
pusiesen en posesión del maestrazgo, hizo asiento con la condesa de Medellín,
hermana del marqués de Villena, y se pasó al partido contrario, apoderándose
por fuerza de Villanueva de la Serena, Alcorchon, Deleitosa y otras encomiendas
de la orden, e hizo proclamar rey de Castilla á D. Alonso de Portugal.
En 1479 el obispo de Évora entró con ejército
en Extremadura y unió sus fuerzas a las de D. Alonso y Condesa de Medellin, más
vencidos los portugueses en la Albuera a 23 o 24 de febrero, D. Alonso se
retiró a Mérida, y desde allí a su castillo de Montánchez. Sitiado en él por el
condestable D. Pedro de Velasco y el maestre de Santiago D. Gutierre de
Cárdenas, se defendió con su acostumbrado valor, hasta tanto que, asentadas las
paces entre Castilla y Portugal, por mediación de la infanta Doña Beatriz, tía
de la Reina Doña Isabel, se procedió al nombramiento de jueces compromisarios
en el asunto de D. Alonso de Monroy, quien reclamaba siempre con instancia su
derecho al maestrazgo.
Juntáronse estos en Almendral a 23 de febrero
de 1481, siendo su sentencia contraria a D. Alonso, quien se recogió a
Portugal, quedando D. Juan de Zúñiga en posesión del maestrazgo, y
adjudicándosele a aquel por vida la tenencia y rentas de la encomienda de
Zagala y las de la Mesa Maestral, con lo cual renunció sus pretensiones al
maestrazgo, aunque no el nombre. Murió en junio de 1511.
(Fuentes Alonso de Maldonado-Hechos 1494)
Agustin Díaz Fernández

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