EL REGALO DE ALFONSO XII A LA VILLA             

                                      CCXXXIV                

                                      Cáceres

Año de 1881

La venida del tren

La venida de su majestad Alfonso XII

Crónica desde la Ronda de la Pizarra

Y Y en estas estaban todos tan felices cociendo la cal, pobres pero felices, o eso creían, hasta que cierto día recién principiado el año de 1861, dos vecinos de la villa cacerense don Francisco Lorenzo, comisario de policía a la sazón, y don Bibiano González, algo más avisados en mineralogía, no mucho no vayan a creer, dando un paseo por aquel secarral, se encontraron con aquellas piedras que, al primer golpe de vista les parecieron de fosfato, pero con las dudas, de quien tiene conocimientos muy básicos como para aseverar tal cosa, decidieron ponerse en contacto con el farmacéutico don Florencio Martin y Castro, el que tras un detenido análisis químico de las piedras que le presentaron, determino que, estas piedras contenían hasta un 62 por 100 de fosfato.

“aquellas piedras que tantas y tantas veces despreciaron los caleros eran en realidad un inmenso tesoro, el barón Liebig, al que sus conocimientos químicos le valieron universal reconocimiento, no dudó en calificar de nueva California de Europa a la provincia cacerense en razón de estos criaderos de fosforita”

(Publio Hurtado)



Segismundo Moret Prendergast,

hallándose a la sazón en Londres en calidad de ministro plenipotenciario de España don Segismundo Moret y Prendergast, de espíritu emprendedor, tuvo el propósito de invertir su tiempo y sus dineros en la explotación de fosfatos, minerales estos, de las que ya tenía experiencia antes de incorporarse a la defensa de los intereses de España en el Reino Unido, corría el año de 1870.

Y ya de vuelta a la madre patria en el año de 1874, se puso manos a la obra en el negocio que había proyectado, formando la Sociedad General de Fosfatos de Cáceres, sociedad formada para la explotación a gran escala de los terrenos donde se calculaba que eran gran criadero de fosfatos, al mismo tiempo consiguió el refundar de la Fraternidad así mismo como varias otras de la provincia.

Dueños ya esta asociación de la mayor parte de las minas de fosfatos registradas en las cercanías de la villa cacerense, solo era cosa de tiempo el afluir en torno de estos asentamientos, como así ocurrió, numerosas cuadrillas de trabajadores y que en un espacio corto, además de los trabajos de arranque, electrificación de la mina, y habilitación para los obreros de una barriada de casas que, aumentando de día en día formaron una pequeña aldea, que el ayuntamiento de Cáceres y en memoria del gestor de aquel negocio le dio el nombre de Aldea Moret.

Puesto en marcha todos los mecanismo de extracción del mineral, solo faltaban un ferrocarril que transportase con economía y prontitud el producto extraído a los puertos lusitanos, cosa que los sesudos señores del gobierno más pronto que tarde se pusieron a su estudio, y como se dieron cuenta que esta vía de comunicación corría urgencia, se pusieron manos a la obra, proyecto y obras a la vez, o casi, y así al empezar el verano del año de 1880, la línea que saliendo de la villa cacerense iba a empalmar en Torres da Vargens con la línea que unía Madrid con Lisboa esta ya estaba terminada.

Y así las cosas, el día 25 de junio de 1881 a eso de las cuatro de la tarde, la buena nueva llego a la villa cacerense en forma de un silbido de una locomotora de tren.

“El primer tren se aproximaba a la estación, una multitud de personas se acercaron a esperarlo, música y fuegos artificiales lo recibieron, en son de algarabía y fiesta dándole la bienvenida y, el tren entro en el andén, con la misma majestad que un conquistador toma posesión de la tierra conquistada.

 

Sucedió que con la venida de Alfonso XII, al inaugurarse la línea de ferrocarril Madrid-Lisboa, y como motivo principal de que pasase esta línea por la villa cacerense fue el florecimiento de las minas de fosfatos de Aldea Moret, y ya que esta empresa, una de las más prominentes de la época, les interesaba y mucho que así fuera, que presionaron y tantas influencias tenía don Segismundo Moret, a la sazón el puto amo de las minas, y prominente hombre del gobierno de España, y con la perspectiva de tener mejor salida de sus productos, y tanto y tan rotunda fueron  sus peticiones, que hasta consiguieron un ramal de la línea o “vía término” en los terrenos que explotaba.

Y con motivo de la inauguración de esta línea, se vino desde la capital de España a tierras cacerense, el Rey don Alfonso XII y que en compañía del de Portugal Luis I, procedieron a tan magnifica inauguración.

Estamos en el día 8 de octubre del año de 1881, y el monarca Alfonso XII, con su venida nos trajo buenas nuevas y nos dejó regalos variados, Cáceres tenía la categoría de villa, ya saben desde la conquista por otro Alfonso, pero este de León y con el numero IX, es decir, que como villa tenía algunos privilegios pero no tantos como si ciudad fuera, y en un “discurso brindis”, ya fuera por error, por desconocimiento o por las dos cosas a la vez, o a causa del vino de las viñas de la mata del Casar de Cáceres, que tanto gustaba de trasegar a los franceses de Napoleón , cuando nos invadieron allá por 1811, otorgó a Cáceres el título de la ciudad, advertido de su error por algún paniaguado, dijo su majestad:

Como, con que no es ciudad, pues desde hoy es ciudad carajo.

Y dicho y hecho, así pasamos de villanos a ciudadanos, porque el señor XII mandaba mucho, un poco chulo y putañero como un siglo después lo sería su pariente el I de los Juan Carlos, en realidad esto le viene de familia desde 1700, fecha en que reinó el primero de todos los borbones el rey animoso le llamaban, Felipe V, que se tiraba hasta las escobas, familia de enfermos sexuales y mangantes, en fin, pero eso, eso es otra historia.

Pero con esto de los borbones y las putas, se me ha caído el santo de la peana, y yo quería hablarles de los regalos que su majestad el XII de los Alfonso, dejó ya en la ciudad de Cáceres. con motivo de su venida, se alojó en el ayuntamiento y para lo cual hubo de habilitarle habitación y despacho, para las cuales trajo su propio mobiliario, y entre ellos, cuatro lámparas de araña, y que cada una de ellas debe de valer un potosí y que son las que se encuentran en el salón de actos de la casa consistorial, otra es la mesa del despacho en la que el Rey don Alfonso XII despachaba, que también la quedaron en el despacho de la alcaldía, y que es la que actualmente usan los alcaldes y alcaldesas, y varios objetos más que se hallan desaparecidos, que deben andar en casa de cualquier de los muchos tragapanes que pasaron y pasaran por tan excelentísima casa.

Más el objeto que, como recuerdo dejo a la ciudad y seguramente el más importante y de más tronío, es una pieza de cerámica de fina estampa y decorada con finos tulipanes, con su tapadera y asas, pieza sin duda de gran valor artístico, y que algunos gañanes tomaron por sopera, que hasta no hace mucho ha servido adornada con ramos de flores como centro de mesa, hasta aquí todo bien, o no, y más si tenemos encuentra que el recipiente en cuestión no era tal de lo que parecía, no, no era sopera, ni centro de mesa, que el objeto era donde hacía aguas menores y mayores tan egregia persona, ¡ vamos una de que por aquí llamamos “vica” o “escupidera” y donde cagaba su majestad Alfonso XII.

(Fuentes Publio Hurtado-Ayuntamiento)

(Fuentes Alonso Corrales-Ventanas)

 


Agustín Díaz Fernández

 

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