PUERTA NUEVA

                         ARCO DE LA ESTRELLA

                                         III

                                    CCXXX                     

                             SIGLOS XV-XVIII

                                   Cáceres

Crónica desde la Calle Cuba de mi Llopis Ivorra-

Año de 1726

De la correspondencia, se desprende que don Juan y don José de Carvajal, hijos del conde de la Enjarada, cooperaban con eficiencia sin descuidar un instante de cuanto en la villa cacerense acontecía, se esforzaban por que el parecer                  de los miembros del Real Consejo, fuera propicio a su causa ya que estimaban que era lo procedente. Tampoco las autoridades eclesiásticas estaban inactivas, el 1 de octubre el Vicario de la villa de Cáceres y su arciprestazgo, decía que, habiéndose dado cuenta a S.M. y señores del concejo, de la obra que se estaba haciendo en la muralla a expensas del sr. Conde de la Enjarada, en tanto resolvían las autoridades supremas de la nación, procedía apercibir  a dicho caballero, el Maestro, ofíciales y demás personas intervinientes, para que se obtuvieran en continuar con la obra , y que al propio tiempo el sr. Vicario, procediera a determinar en qué estado se encontraban las mencionadas obras en la fecha, y si se seguía trabajando o no, y en caso afirmativo identificar a los que lo hacía, debiendo visitar todos los días  a realizar inspecciones, a fin de que quedara constancia y poder presentar testimonio ante el Real Consejo.



El licenciado don Juan Salinas, presbítero y Vicario de la Villa, procedió al mismo día a hacer las notificaciones al conde de la Enjarada, maestros y obreros y comunicando al Corregidor y a su teniente  no permitieran se principie ni prosiga la obra, ni que se toque nada de ella hasta que pronuncien los señores del Consejo, ordenando que el Notario Apostólico, diera fe y testimonio del estado dela obra, tras realizar una visita al lugar el día 2 de octubre a las siete media dela mañana, para hacer constar que no había oficial alguno trabajando en la obra de la Puerta Nueva, solo oficiales labrando piedras para las estas obras, y dos peones que estaba amasando cal para el mismo destino, en la plazuela que esta enfrente de la casa del Sr. Conde de la Enjarada. A media Mañana el mismo Notario extendió una nueva diligencia, que, habiendo vuelto a personarse en las obras sobre las nueve de la mañana, encontrando trabajando en el derribo de la Puerta Nueva a los overos que horas antes a amasar cal, y que los cinco oficiales caseteros continuaban picando la piedra. En otras diligencias del Notario Apostólico, de los días 3 y 4, se decían que habiendo pasado en estas fechas y a distintas horas por la calle de los Adarves, pudo comprobar que los peones continuaban con el derribo de muros a un lado y otro y abriendo cimientos en la Puerta Nueva, en vista de estas circunstancias el Notario procedió a cursar visita a don José de Ovando, que hacía las veces de Corregidor por ausencia del titular, para requerirle que pasara las obras, pasando después a notificar a Esteban de la Puerta y a Andrés Gallardo, vecinos de Cáceres, peones de la obra, a Álvaro Barros , maestro encargado de la obra por Churriguera, a Pedro Barros, Ignacio Barros, Roque Parada y Pablo Cosme, oficiales picapedreros, que cesaran inmediatamente los trabajos, al parecer hicieron caso y sin la menor protesta. Pero al siguiente día volvió el Notario a pasar por la zona, quedando sorprendido al comprobar que los obreros habían vuelto a la faena, al preguntar indignado, le dijeron que la orden era del Conde de la Enjarada y los canteros por orden de los representantes de la villa, de todo esto dio fe el Notario Jarcia Moreno y expidió para que quedara constancia en autos.

Mientras eso sucedía en la villa cacerense, los asuntos en Madrid se complicaban más cada día, el 12 de octubre, el concejo de Cáceres, reunido en sesión acordó dar poder lo más amplio posible a su procurador don Pablo Antonio Becerra, que seguía en la Corte, para que llevara personalmente la dirección de todo y encauzara bien el asunto, ya se hallaba abierta la pugna entre los dos litigantes, sin que se vislumbrara nada que hiciera posible un arreglo, El Corregidor de lavilla y el concejo, facilitaron a la justicia cuanto estimaban favorable para inclinar la balanza de su lado, con el fin de incorporarlas  al expediente, tratando de justificar que el portillo abierto en la muralla para levantar el arco era uno de tantos, Pedro Ramos, escribano del Rey en Cáceres, el18 de octubre extendió certificaciones :

   Pedro ramos, escribano del Rey nuestro señor público de esta villa de Cáceres y su tierra, por su Majestad doy fe, con vista para este efecto hecha, y conocimiento que tengo, y me asiste como por las demás razones.

Que la Muralla que hay en esta villa, es antigua y destrozada y derrotada en diferentes partes de ella, estando la mayor parte de la vecindad de esta villa fuera de la muralla, con muchas casas principales, la de ayuntamiento, y corregimiento, dos iglesias parroquiales , dos conventos de religiosas, digo tres, uno de religiosos, una enfermerita y otros suntuosos edificios, por lo que no s muralla defendible para invasiones , teniendo la dicha muralla pegada una fuerte torre, y se hallan y con la misma injerencia  casas que acompañan a dicha muralla, no solo por la fuente del Palacio Episcopal, si no que prosiguen dicha muralla, adelante por lo cual, como llevo expresado, no es defendible porque he visto murallas así en pueblos de esta provincia, como fuera de ellas y en estos reinos, que siendo defendibles, no tiene las cualidades que van expresadas, y por esta razón en el año de mil setecientos y seis, en las próximas pasadas guerras con Portugal, habiendo entrado en esta provincia los ejércitos enemigos, capitularon en mi presencia Militares Superiores, por ser esta villa cacerense incapaz de defensa y por esta razón ser su entrega corriente luego que llegasen a ella tropas enemigas sin poner en riesgo a sus habitantes, y para que así conste de mandato de esta muy noble y muy leal villa de Cáceres, doy el presente que firmo y signo en diez y ocho dios del mes de octubre de mil setecientos y veinte y seis- En testimonio de Verdad- Pedro Ramos .

¿Que tendrá que decir a esto su ilustrísima? seguiremos leyendo.



“    Ignacio González Blanco, en nombre del Fiscal General Eclesiástico del Obispado de Coria, en aquella mejor forma en que haya lugar en derecho ante V.A. compadezco y digo : Que la villa de Cáceres, una de las de aquella diocesis y donde tiene su Reverendo Obispo Palacio Episcopal, y en él, su continua residencia, está guarnecida de murallas sin ningún portillo, n i quiebra, y en una de sus puertas principales inmediata a dicho palacio, había un nicho y en el colocado una imagen, u su advocación era Nuestra Señora de la Estrella, que se puso en orden de dicho reverendo obispo concediendo cuarenta días de indulgencias a los que rezasen una Salve delante de dicha imagen, a fin de excitar la devoción de los fieles, lo que habiéndose extendido notablemente y para perpetuarla y afianzarla, dispuso el propio sr Obispo don Sancho y a sus propias expensas, que se esculpiese en piedra fina, blanca, imagen de Nuestra Señora de la Estrella, estando la pintura muy deteriorada por la injuria de los tiempos, acabada la imagen nueva, y puesta en perfección se condujo desde la ciudad de Badajoz, donde se fabricó, a la dicha villa cacerense, siendo 29 de Junio de 1726, y reconocido el nicho en el que se habría de colocar, fue necesario levantarlo como media vara, para coloca en el la imagen nueva, la que con peana tiene una altura de dos varas y media (2,90 cm) , y siendo el día uno de Julio, con consentimiento de don Antonio de Olmedilla, Corregidor de esta villa, se dio principio a la obra de elevar como media vara el hueco en el nicho, estando en su ejecución se mandó parar, por el propio Corregidor, y Regidores al Maestro y oficiales que trabajaban de cuenta y a costa de su ilustrísima don Sancho, si no cesaban las obras les impondrían penas de cien ducados y apercibiéndoles con ponerlos en la cárcel si proseguían, lo que se hizo el día tres, alegando  el Corregidor y Regidores, en que habían concedido licencia al Conde de la Enjarada, y … Sigue el escrito manifestando lo ya conocido y diciendo lo del arco para favorecer a don Bernardino de Carvajal. A estas alegaciones, vuelven otras en parecidos términos por parte del Concejo Cacereño y en su representación el letrado don Fernando de Solís, cada parte defiendo lo suyo, unos los del concejo cacereño el interés público, el obispo su cabezonería.



A la vista de la última instancia presentada y admitida por el corregidor, dicto auto, nombrando peritos que reconocieran las obras, siendo designados para el asunto, el profesor de arquitectura don Manuel de Larra y Churriguera, vecino de Madrid, y los maestros alarifes Juan del Valle y Francisco Encinales, vecinos de Cáceres, quienes aceptaron y juraron el cargo, comprometiéndose a visitar las obras, a declarar y decir en su vista lo que hallaren y entendieren, sin fraude y sin encubrimiento ninguno, firmaron con la declaración de ser de edad,, el Sr. Churriguera mayor de treinta y seis años, y los dos mayores de cuarenta. Una vez cumplimentada la comisión que les había encomendado el escribano don Antonio de Olmedilla, dio fe con el siguiente documento:


Declaran los maestros:

   En la villa de Cáceres, en veinte y cinco días del mes de octubre de mil setecientos veinte y seis años, ante el don Antonio Olmedilla, Corregidor y Superintendentes de Rentas Reales de esta villa y partido por su Majestad y por ante mí el Escribano, comparecieron don Manuel de Larra y Churriguera profesor en artes de Arquitectura, residente en esta villa, Juan del Valle y Francisco Encinales, Maestros de obras Alarifes en esta villa y vecinos de ella, dijeron que en cumplimiento de su obligación y para el efecto de hacer esta declaración para la que han sido nombrados, que han visto y reconocido la obra de la Puerta Nueva que se esta fabricando en la muralla de esta villa, dando vistas a la plaza pública, y de cuya fabrica tienen entero conocimiento, y también se reconoce y lo puede hacer otro cualquier otro de la profesión, por ir demostrado ya la fabrica en lo operado,, además el mencionado Manuel de Larra Churriguera, es Maestro con el que esta tratada y ajustada la obra, hecho planta y manifestación de su fábrica d que están entendidos los tres, y conforme a su profesión con dicha nueva vista para este efecto, se hallan de un parecer acuerdo y sentir, por lo que habiendo hecho esta expresión a su señoría, les admite su declaración, juntos, habiendo sido antes separadamente expresado su sentir, en cuya atención de nuevo aceptan el cargo para lo que son nombrados y lo juran, y declaran:

1.    Al primero, dicen que el dicho arco y portada ha de quedar con la altura idéntica a la que tenía el que en él había, y sobre el cual se ha de formar un nicho, que también lo tenía el antiguo, y colocar en él la imagen del mismo título que tenía y sobre el arco con vistas a la plaza pública, las armas reales, y los de esta la muy noble villa de Cáceres, sin modificar en la altura, pero todo con  la mayor y mejor hermosura, responden:

2.    Al segundo que como se lleva expresado, el dicho arco por la forma que lleva y ha de tener además fabrica hermosa, vistosa y de grande adorno, se consigue el paso y comercio de la calle para coches y carros, a los que se les impide el paso por la formación del arco, que anteriormente había en la esquina de la Casa Episcopal, que esta corresponde frente a la puerta y arco que se fabrica, y la otra esquina que forma parte del jardín del palacio que está enfrente de la torre de las casas principales del conde de la Enjarada, no pudiendo este tener uso de coches, por el método y fabrica del arco y portada antigua, aunque si del de carros, carretas y calesas, si bien estos podrán con la nueva fábrica, mayor facilidad para circular.

3.    Al tercer, que es constante la utilidad pública que se sigue a este pueblo y habitadores en la fábrica de portada y arco, no tan solo en comercio y uso de coches, y mayor facilidad a carros y carretas y calesas, si no en adorno de la villa, por ser una obra suntuosa de hermosura, tanto por la fábrica como por los materiales  de piedra y la labores en ellas, como por la parte que ocupa, de tal forma que será deleitable a la vista por los miembros de arquitectura, incluso, pues serán muy pocos los arcos y portadas a el semejantes, siguiéndose la colocación de la imagen de escultura que se está fabricando y se ha de colocar en el suntuoso nicho, que sobre el arco se ha de formar y donde estaba el antiguo, que es consiente que tras lo expresado, causa gran devoción a los fieles.

4.    Al cuarto dicen, lo que en el anteceden y con la circunstancia de remitirse a la planta modelo de dicha fabrica, la que han visto para este efecto respecto a no estar finalizada la obra, si bien la llevan expresadas en el primer capítulo, con todas las circunstancias que ha de tener y ocupar. 

5.      Al quinto que, al palacio Episcopal, así por su posición de cuadro y la isla en que está formado, como por lindar por todas partes con calles y paso común y que media entre la obra que se fabrica, la calle que se quiere hacer practicable, para el paso de coches, carros y demás, no se le hace perjuicio alguno, y así lo entienden , saben y afirman, por su arte y profesión y si conforme a él hallan, que adornaran y dará hermosura la fábrica de dicho palacio haciéndola más vistosa. Todo lo dicen y declaran según su arte en entender y saber, sin pasión ni fraude, porque quieren les ayude dios, y si no se lo demande por el juramento que tiene hecho, en que se afirman, ratifican y firman del todo lo cual, yo, el escribano doy fe, don Antonio Olmedilla, rubricado don Maule de Larra y Churriguera, rubricado, Juan García del Valle, rubricado, Francisco Encinales, rubricado, Ante mi Pedro Ramos, rubricado.

6.   

Vemos, como siguen presentando instancias y testimonios, por parte de la villa los unos y su ilustrísima por otro. Ya han pedido su opinión a especialistas, a ver por donde el cerril Obispo don Sancho y consejeros salen,

 

 

Muy felices se lo prometían los del consejo Cacereño, al igual que el conde de la Enjarada, con las pruebas presentadas, siendo además obra de bien público, así que cuando llego la orden de S.M. suspendiendo las obras, debió crear gran quebranto entre los interesaos, tal resolución hizo que se acrecentaran las críticas y los ataques hacia su ilustrísima, en tanto los regidores comenzaron a mover todos los resortes  que parecían más adecuados para sus pretensiones, siendo uno de activos e intrigante, el enemigo más descarado y áspero el escribano Fallas, que clamaban con insistencia, protestaba al estado de cosas e informaba, exagerando lo critico de la situación a los hijos del conde , para que presionaran a quien de forma soez e irreverente aplicaba los más desconsiderados calificativos.

Más, los juristas que asesoraban al sr obispo, no descansaban tampoco, dando muestra de actividad pocas veces vistas, de ser muy versados en derecho y reconocer cuantos procedimientos podrían resultarles propicios a sus intereses. La mañana del veinticinco de octubre, el fiscal del obispado elevó a don Juan de Salinas, presbítero, vicario y juez eclesiástico, una exposición escrita en la que resumía todo lo actuado hasta ese mismo día, y rogaba que apercibiera con la imposición de censuras y otras penas canónicas a los que intervenían en el asunto, si continuaban con el derribo de la muralla, en tanto resolvía el Real Consejo. 

Según parece el apercibimiento del Juez Eclesiástico al Corregidor, Regidores y demás personas interesadas, directa o indirectamente, no debió de preocuparle nada de nada, a pesar de la advertencia los trabajos siguieron, lo que hizo que se mosqueara  más el obispo don Sancho, al ver que se hacía caso omiso de sus indicaciones, mientras resolvía Madrid, y recurrió a su último recurso y supremo recurso legal, La Excomunión de los interesados, para hacerlo con esto entrar en razón, y acatar las disposiciones del gobierno, onda impresión causo la excomunión a Olmedilla y sus colaboradores por el represéntate de la Iglesia en Cristo, un terremoto sufrido sobre las casas consistoriales, no hubiera producido efectos más depresivos y terribles, existe constancia de que así sucedió por este documento:

       Lorenzo de Valencia, Consejero Escribano, del ayuntamiento de esta muy lela villa cacerense y su tierra por su majestad, doy fe y verdadero testimonio;  que habiendo pasado hoy, día de la fecha, a la ora de las cinco de la tarde a la iglesia parroquial del señor San Juan Bautista de esta villa, y habiendo entrada en ella vi en un poste de la dicha iglesia, donde esta arrimada la pila de agua bendita, que está detrás de la pueta que llaman del sol, de dicha iglesia, una cedula fijada en dicho poste que su tenor y la letra es:

       Tengan vds, por publico excomulgados, de mandato del sr. Vicario y Juez Eclesiástico de esta villa y su Arciprestado, por auto proveído el sábado veinte y seis de octubre después del toque de vísperas a las dos y media de la tarde, el señor don Antonio de Olmedilla y Henao, corregidor de esta villa y a los señores don José de Mayoralgo, don Gonzalo, Álvaro y don Baltasar de Ulloa, Regidores perpetuos de esta villa, y a don Bernardino de Carvajal, conde de la Enjarada, clérigo de menores y capellán, al Maestro Manuel  Churriguera, a Ignacio Barros, Francisco Portela, Antonio González, Domingo González, Juan Martin, Manuel Martin, José Laso, Juan Jamallo, Lorenzo Josendo , Theodano de Magallanes, Juan Fernández, Juan Portela, Esteban de la Puente, y Andrés Gallardo, oficiales y peones que estaban trabajando en la obra que dirige el maestro Churriguera, por cuenta del Conde de la Enjarada, junto al Palacio Episcopal – Francisco García Moreno – Notario – como dice y parece en esta Cedula, que está fijada en dicho poste, de la iglesia de San Juan Bautista, y para que conste en donde convenga, doy el presente que signo y firmo en la dicha villa de Cáceres, a veinte  y seis días del mes de octubre de mil setecientos veinte y seis años – el testimonio de Verdad- Lorenzo de Valencia y Consejero.

 

Siguieron los escritos llegando a la corte de Madrid, por ambas partes, cada uno exponiendo sus razones, se afanaban los ab abogados en recursos y contra recursos, resultaría farragoso y repetitivo mencionarlos todos, el legajo relativo al pleito y juicio sobre la construcción del arco de la Estrella en la villa de Cáceres se guarda en el Archivo Histórico Nacional, Todo parece que S.M. y los miembros del Consejo, presidido por Villacampa, estimaron mejor política demorar el asunto y hacer caso omiso a las instancias y memorial que les dirigiera el prelado don Sancho, permitiendo de esta forma, como el no darse por enterado, aunque oficialmente si constara, que continuaron las obras y cuando estuvieran terminadas , se rendirían todos unos y otros, ante la evidencia de los hechos consumados, poniendo así punto final a tan lamentable y delicado asunto.

       El año de 1726,

       Se edifico esta puerta

       Nueva de esta M.N y L,Vi

       Lla de Cacz, siend. Correg

       Dn.Fran.del Castillo y de la

       Concha a expensas

       de don Bernardino de Ca

       rvajal Moctezuma con

       de la Enjarada

      fue el mo.Manl. de Larra

Asi reza la placa aun existente, aunque muy deteriorada

(fuentes Gervasio Velo-Arco de la estrella)



Agustin Díaz Fernández 

 

 

 

 

 

 

 


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