PUERTA NUEVA

                            ARCO DE LA ESTRELLA

                                              II

                                         CCXXIX

                                    SIGLOS XV-XVIII

                                        Cáceres

Año de 1726      

Crónica desde la calle Cuba de mi Llopis Ivorra

En el capítulo anterior, dejábamos en la disputa a don Bernardino de Carvajal con el Obispo don Sancho de Velunzas y Corcuera, el primero con las licencias oportunas el segundo porque con la iglesia hemos topado, el obispo que tenia al maestro arquitecto en su casa, y caro le iba a salir, el de Carvajal que el pagaba la fiesta, y no se ponían de acuerdo.

Ante la posición desinteresada de don Bernandino de Carvajal, cuya conducta fue en todo momento mesura y diplomática, acabo por convencer al prelado por acceder a las suplicas, aunque no de muy buen grado, haciéndolo de forma como que el asunto carecía de interés para su ilustrísima, al final de la conversación y asomado a uno de los balcones de su palacio, más displicente, se atrevió a señalar algunas piedras que convendría guardar para la reforma, de los de la antigua hornacina y de otras que para el propósito tenia en San Francisco, y si, era don Sancho dado a cambiar de opinión y criterio con facilidad, tanto que al día siguiente de haber llegado al acuerdo de la reforma de la Puerta Nueva, con don Bernardino, cambió su forma de pensar, tal que mandó a su mayordomo don Francisco Bermejo, quien comunico al Conde de la Enjarada, que su ilustrísima se negaba, dando por motivos que todavía restaban muchos días para que las obras dispuestas por el sr Conde, dieron comienzo, y que el Maestro Arquitecto no podía detenerse y mucho menos después que marchara, volver desde la ciudad de Badajoz hasta la villa Cacerense, a pesar de la promesa que le había hecho don Bernandino de Carvajal de pagarle, la estancia, salarios, dietas, y el viaje de ida y vuelta si fuere menester.



Ante esta inesperada resolución por parte del obispo don Sancho, don Bernardino, se disgustó y mucho al que tanto interés tenia en la reforma de la Puerta Nueva, dando lugar a todas clases de comentarios en los mentideros varios de la villa, siendo obligado el Conde a elevar memorial a los regidores del concejo, historiando las incidencias e inconvenientes, que habían surgido entre ambas partes interesadas en la nueva fabrica en la muralla, el escrito que envió al ayuntamiento don Bernandino decía:

 El Conde de la Enjarada, con el respeto que debe, dice que  habiendo reconciliado con el ilustrísimo sr obispo don Sancho de Velunzas y Corcuera, el cual estaba demoliendo el nicho u hornacina, que había sobre la muralla y en la puerta que sale a la plaza pública, donde estaba un cuadro con la imagen de nuestra señora de la Estrella, a fin de colocar y en el  mismo sitio otra imagen del mismo título, que habían mandado traer de Badajoz, ocurrió, que se presentó ante su ilustrísima y le suplicó, que le concediera licencia para colocar canes (piezas que sobresalen de un muro para sostener aleros, cornisas etcétera) en un pilar de dicha `puerta para agrandarla, lo que tuvo a bien de concederme la mencionada licencia, ya que era para el beneficio del público en general , como también en beneficio del suplicante, ya que quedaría comunicada la calle que lleva desde la Puerta Nueva hasta la casa Palacio del Conde, cuya casa quedaría comunicada con  entrada y salida de carros y coches, le pide a V.S, que hiciese el favor de suspender por 4 o 5 días la fabrica de la Nueva Puerta, que quería hacer más capaz para la colación de la mencionada imagen, que el suplicante estaba pronto a pagar al maestro que había traído la imagen, los días que por su causa se detuviese, o en el caso de irse le llevaría a Badajoz y le traería a su costa para cuando se tuviese que hacer la colocación de la imagen, respecto a no ejecutarse en esta ocasión la obra   para la que V,S. me tenía concedida licencia, quedaba imposibilitado la ejecución después de hecha  obra del obispo, a cuya suplica le había respondido su ilustrísima dando favor a don Bernardino, incluso dándole providencia sobre las piedras, que de pronto eran válidas para la obra, después de eso, en el día de hoy , ha enviado recado don Sancho  con su mayordomo don Francisco Bermejo, comunicándole que no puede suspender su obra a causa de parecerle precisos muchos días más para la obra del suplicante, y que el Maestro estatuario que tenia en su casa, no podía detenerse y menos volver desde Badajoz a esta villa, sin embargo de ser por cuenta del suplicante don Bernardino de Carvajal, el coste de su conducción, cuya atención pone en la consideración de V.S. que la referida gracia, le tiene concedida en muchos dios y que interesa a la utilidad publica del comercio de coches y carros queda inutilizada e impracticable, una vez que  ahora no se ejecute  según la resolución de su ilustrísima ya expresada, por lo cual SUPLICA:

A, V.S. se sirva tomar la providencia que corresponda al beneficio publico y por del suplicante de forma que logre el intento de su ilustrísima, respecto en el estado presente es compatible de uno u otro, así lo espera de la gran justicia de V.S.”



El hecho de tomar carácter oficial, motivó que las autoridades locales, se consideraran parte interesada en el asunto, el día 2 de julio de 1726 se reunieron en las casas del consistorio de la Villa cacerense, el Corregidor, Regidores y Procurador General , quienes enterados del escrito del conde de la Enjarada, acordaron que en atención a que en la ejecución de la expresada Gracia, que con mucho tiempo estaba concedida a don Bernandino de Carvajal, se interesa de utilidad publica que desde la Puerta Nueva hasta su casa puedan andar los coches y carros, así como la entrada holgada de estos para el comercio de la villa, estando de acuerdo de que esta obra no se puede realizar, estando hecha la de su ilustrísima por ser incompatible con  ella, y que en que la suspension no acarrea al sr Obispo ningún quebranto económico, toda vez que el sr. Conde se ofreció a correr con los gastos:

“Acordó esta Villa, que don José de Ovando y Vera, unos de sus regidores, pasa a visitar a su Ilustrísima y tras darle las gracias en el nombre del concejo, por haber mandado fabricar y traer la referida imagen, le pidiese la suspensión de la fábrica de la nueva bóveda, por un tiempo de hasta veinte días, que son los necesarios para colocar los canes y hacer transitable la mencionada calle.”

Habemus lio, y más conociendo el carácter cambiable y sin personalidad de don Sancho de Velunzas y Corcuera

                         

Año de 1726

 Acordaron los regidores, enviar a don José de Ovando y Vera, a la sazón también regidor, con el propósito de solicitar del sr, Obispo, de que retrasara la colocación de la nueva bóveda para imagen en unos veinte días, tiempo calculado el que se necesitaba para colocar los canes en el pilar de la muralla.

Pero parece que la embajada del Sr. Ovando Vera, no tuvo mucho éxito, el prelado, intransigente, alegaba pretextos de escaso crédito o ninguno, por lo visto era ya cuestión personal, antes esta oposición cerril del prelado, se vio necesitado de reunirse otra vez al día siguiente, y así está documentado:

    En la Villa de Cáceres, en 3 días del mes de julio de mil setecientos veinte y seis, estando celebrando Ayuntamiento en las casas consistoriales, los Señores don Antonio de Olmedilla Henao, regidor perpetuo de la villa de Olmedo, señor de Villanueva del Rio, Corregidor, Capitán de Guerra, Superintendente de Rentas Reales de estas Villa, y tierras de su Majestad, el Marques de Camarena, Alférez Mayor de ella, don Pedro Roco de Conteras, don Francisco de la Plata Ulloa, don Francisco de Cáceres Quiñones, don Gregorio de Mayoralgo y Chaves, don Alonso Pablo de Ovando y Solís, don José de Ovando y Vera, Regidores perpetuos de esta Villa, con asistencia de don Pablo Antonio Becerra Monroy, caballero de la Orden de Alcántara, Procurador General, Acordaron.

    Dando cuenta don José de Ovando y Vera, de la comisión ordenada  por el concejo,  con el sr obispo y solicitado a su ilustrísima, conviniese en suspender la fábrica nueva, obra que aseguraba se mayor que la antigua para la colocación de la imagen de Nuestra Señora de la Estrella sobre la muralla, y puerta por donde se sale de esta Villa, a la plaza pública, con el fin de  que se hiciese necesario obrar en dicha puerta para hace comunicable a los carros y coches, la calle que va desde ella a la casa del sr. Conde de la Enjarada, y viendo la utilidad pública de la obra para la que pidió licencia don Bernardino de Carvajal,. Acordó esta villa, se notifique a Maestros y Peones que de orden de su ilustrísima están fabricando en dicha puerta la nueva bóveda, cesen en dicha fabrica, pena de cincuenta Ducados, y para que se ejecute lo acordado, esta villa requiera al sr. Corregidor, haciendo presente a su señoría las Reales provisiones que tiene esta villa, y mandar que los señores Corregidores, se conformen y manden todo lo que esta gubernativa acuerda, y defiendan esta Jurisdicción como debe, y que antes de ejecutar estas diligencias, vean a su ilustrísima y le hagan saber de este acuerdo.

Con el fin de dar cumplimento a los acuerdos, los señores Corregidor y Regidor comisionados, se trasladaron al palacio del Obispo, para dar le cumplida cuenta, y procurar se informara a los Maestros y Peones,  era esto, una prueba más de la buena disposición de los miembros del Concejo, para tratar de llegar a una solución que a todos conviniera, pero por lo visto don Sancho, no lo entendió de esta manera, el sr. Obispo se negó a reconocer la jurisdicción de la Villa, sobre la Puerta de la muralla, argumentando que a su  entender era lugar sagrado, a causa de haber estado en ella un cuadro de la imagen del mismo titulo que la que se quiere colocar, agregando que si el Ayuntamiento, continuaba obstaculizando su obra, obligaría a los operarios con censuras para que siguieran trabajando, y que solo se podía mediar en esta diferencia, que el Sr Conde se llevara la imagen a su casa y cuidara de su colocación.



La postura del Prelado, poco consecuente, obligó a nueva reunión de los representantes del concejo en aquella misma mañana del 3 de julio, tras informar de los corregidores de la embajada ante el sr. Obispo, el Ayuntamiento en pleno reconociendo que a su Ilustrísima no tiene competencias, ni pude promulgar censuras en el caso que ocupa, al no ser lugar sagrado una Puerta en la Muralla. Acordaron:  Que se le notifique a Maestros y Peones, la multa de cincuenta Ducados, el cese inmediato de las obras de la bóveda nueva, y que para la propuesta hecha por el sr. Obispo, don José de Ovando se entreviste con el conde de la Enjarada, por si quiere recibir la imagen y cuidar de su colocación y que de la resolución que tome, se informe a la Villa para esta trasladar el acuerdo si lo hubiere a su ilustrísima. 

Seguían los regidores reunidos en las casas del Concejo, rápidamente don José de Ovando pasó a informar a don Bernardino de Carvajal, de la propuesta de don Sancho, respondió el Sr. Conde que estaba pronto a ello, y se comprometía a la colocación en el lugar destinado para ello cuando terminasen las obras que se iban a hacer por su cuenta, y que así lo hiciera saber a los representantes de la villa.

De vuelta al consistorio, dio cuenta l de Ovando de su entrevista con el Sr. Conde, y acordaron que el mismo regidor, visitara a don Sancho, para hacerle saber lo manifestado por don Bernardino, quien se comprometía además a ultimar cualesquiera diligencias fueran necesarias y abonar los gastos que se ocasionaran de la entronización de la Virgen en el templete de la muralla una vez se habilitara para ello.

Pero mientras don José de Ovando, iba y venía, son Sancho de Velunzas, había vuelto a cambiar de opinión, le dijo al de Ovando, que después de ver la novedad de haber notificado a los Maestros y Peones, que cesasen en la actividad de la obra de la nueva Bóveda, y que había determinado que aplicaría la imagen a otro fin.

Dando vueltas como un zascandil y más mosqueado que Extremeño esperando el tren, andaba don José de Ovando, era este el Regidor de la villa cacerense, comisionado por el concejo, para tratar de que se advinieran a acuerdos las dos partes interesadas en las obras de renovación de la Puerta Nueva, que daba acceso a la cerca amurallada, don Bernardino de Carvajal, conde de la Enjarada que trataba de ampliar el arco de entrada, colocado unos canes en los pilares para dar fácil tránsito a carros y coches que se dirigieran hacia su casa, palacio de los Toledo-Moctezuma, y a la permitir mayor accesibilidad al comercio intramuros, por otra parte el Obispo don Sancho de Velunza y Corcuera, empeñado en hacer una bóveda nueva donde albergar la imagen de la Estrella, mandada tallar por el a un Maestro de Badajoz, en sustitución del cuadro de la misma virgen que hasta la fecha había. A todas las peticiones del prelado, asentía el Conde, más cuando le llevaban aviso de que se aceptaban el Obispo cambiaba de opinión, este prelado prepotente y veleta, a la última aceptación de don Bernardino de correr el con todos los gastos ocasionados y que se pudieren ocasionar, contesto el obispo, que verdes las han segado y que la imagen mandada hacer por él, había pensado aplicar otro fin a la imagen. 

Cuando por fin el Regidor don José de Ovando, llevo al consejo las últimas conversaciones mantenida con ambos protagonistas, viendo las resoluciones contradictorias del Sr. Obispo, y entendido por el concejo de la villa su resolución, se acordó que luego empezasen  la obra que muchos días había convenida con el sr, Conde la Enjarada don Bernardino de Carvajal, siendo de utilidad pública y que todo se ejecutase quedando la Puerta y Muralla con la seguridad e imagen que se hallaba antes de estas obras, para lo cual comisiono el concejo al Regidor don José de Ovando.

Aquel inolvidable 3 de julio de 1726, antes de abandonar el salón de sesiones , los componentes del consejo de la villa, cansados ya de los vaivenes del su ilustrísima, veleta en sus decisiones, y más en este asunto de mayor importancia y de interés público como era el que ocupa, decidieron sin más explicaciones, notifico al conde de la Enjarada, que aquel mismo día, sin dilatar en una fecha más, teniendo en cuanta lo mucho del tiempo trascurrido desde que se concediera licencia para la realización de las obras de mejora, dispusiera el derribo de la llamada Puerta Nueva y lienzos adyacentes de la muralla, sin hacer caso a lo que opinara su Ilustrísima, tan serio se tomó el acuerdo que aquel mismo día 3 de julio, el Maestro de albañilería, Encinales, con varios ayudantes a sus órdenes inicio los trabajos de la reforma proyectada, de este hecho existe un acta extendida el mismo día 3 por el notario apostólico don Francisco García Moreno, en él se describe con detalle el estado  de la arquitectura de la antigua Pureta Nueva a principios del siglo XVIII, acta ordenada levantar por el Obispo don Sancho, viendo claro el propósito de llevar adelante el pleito ya iniciado, sin tener en cuenta las consecuencias que de este pleito pudiera emanar, la pugna surgido entre su ilustrísima y la opinión cacerense, representada en los caballeros componentes del concejo de la villa.

EL ACTA   

    Francisco García Moreno, notario apostólico, publico y ordinario de este Obispado de Coria, de visita en él y de la Vicaria de esta villa de Cáceres, doy fe y testimonio, de que habiendo reconocido la puerta de la Villa, por donde se baja desde la Plazuela de Santa María a la plaza Publica de esta dicha villa de Cáceres, el nicho de nuestra Señora de la Estrella, incorporado a ella y la muralla a que corresponden puerta y nicho, y así mismo habiendo procedido a tomar medias de las que se hará mención, hallo que el estado que tienen la puerta y la muralla y el nicho, es el que sigue. Es la referida puerta un arco de cantería, por parte que mira a la plaza pública, encima de ella están esculpidas en ella las armas reales de su majestad, y tiene dos puertas de madera que se abren a la parte de la villa, las cuales tienen de alto quicio quince cuartas (Tres metros y cincuenta centímetros aproximadamente) además de una cuarta en el extremo que hace el fin del arco, y de anchas tienen ambas puerta otras quince cuartas, no llegando al suelo quedando al vacío de una vara , poco más o menos a causa de haberse peinado el suelo, al que llegaban las dichas puertas, por las obras de la calzada nueva, que se hizo hará seis años, para el paso de coches  y carros en derechura a la Plaza, la cual dicha calzada tiene pretiles a los lados, y cincuenta varas y medias de largo (unos sesenta metros), empieza con nueve varas y media de ancho, y remata en siete varas de ancho, por la parte de adentro de dicha puerta mirando hacia  Santa María y del Palacio Episcopal, tiene dos pilares de canterías incorporados con el referido arco que sobresalen tras cuarta del grueso de la pared de la muralla, son de esquina viva y sobre ellos la muralla, está fundado  un arco  de ladrillo sobre el que está el nicho de Nuestra -Señora de la Estrella, y siendo el dicho hueco que tiene abertura de quince cuartas, viene a caer la esquina que hace la mencionada puerta hacia el Palacio Episcopal de su Ilustrísima, por la pared principal y esquina en la que está la torre del palacio tres cuartas más adentro de la calle de forma que queda cubierta la dicha esquina con la muralla hasta tres cuartas, y por encima, del pilar que está a la izquierda conforme se baja de la plazuela de Santa María, hay unas escaleras de cantería por donde se sube a la muralla y torre del Reloj para regirle y también para encender el farol del nicho de Nuestra Señora de  la Estrella, las puertas del arco de cantería, pilares, arco de ladrillo y nicho de nuestra señora están dentro de la muralla, la cual muralla corre por toda la circunferencia de la villa cacerense, teniendo diferentes puetas además de esta, siendo el grueso de la muralla de dos varas y cuarta distribuidas de esta forma, la vara y media que sirve de entrada y piso, y lo demás pertenece a las almenas o pared, o cortinas donde están las almenas, así mismo doy fe de haber visto que Francisco Encinales, maestre alarife y vecino de esta villa y con diferentes peones, están demoliendo la obra nueva del nicho que se estaba ejecutando por orden de su Ilustrísima, y en fe de ser cierto cuanto expresado doy el presente mandado al  señor Vicario General de dicho obispado de Coria, el que fecho y firmo en la villa de Cáceres a tres días del mes de julio de mil setecientos veinte y seis años, En Testimonio de Verdad.

Francisco García Moreno – rubricado.

Como puede apreciarse, el notario apostólico, reseñó con detalles como era la puerta nueva, por eso he copiado completa el acta que levanto a petición de obispo don Sancho Velunzas y Corcuera

(Fuente G.Velo-Arco de la Estrella)


 

Agustin Díaz Fernández

 

 

 

 

 


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