PUERTA NUEVA

                                ARCO DE LA ESTRELLA

                                          CCXXVIII         

                                           Cáceres

                                     SIGLOS XV-XVIII (I)

Año de 1726

Crónica desde la calle Cuba de mi llopis Ivorra

Si nos ubicamos en la espléndida plaza mayor de Cáceres, y alzamos la vista hacia la cerca amurallada de la Norba Caesarina, colonia fundada por Cayo Norbano Flaco allá por el año 34 a.c. y apadrinada como Colonia, por el suegro de este, Lucio Cornelio Balbo “el Menor” en el 19 a.c. vemos un capaz acondicionado reducto de 66.000 m2, cuyas defensas fueron reforzadas y completadas por el moro, y más concreto los de las sexta Almohade, que durante unos 80 años dominaron las tierras cacerenses, contados las dos ocasiones en que ocuparon la villa cacerense, si miramos hacia la izquierda, noroeste , la torre de Bujaco se deja admirar, cuadrada, fabrica en mampostería, sobre sillares romanos, albarrana, del siglo XII, imponente mole defensiva, sin saber con certezas de dónde le viene el nombre, algún cronista la señala como la corrupción del nombre árabe del califa almohade que conquistó la ciudad en Marzo de 1174 Abu-Ya’Qub, y si volvemos la vista hacia la derecha, vemos la Torre de los Pulpitos, adosada a la muralla, adornada con torres redondas, colocadas en sus ángulos, la forma de cono invertido de estas garitas o torrecillas, motivan el nombre de torre de los Pulpitos, torre edificada en mampostería, de una más que notable arquitectura miliar de Cáceres, y se edificó a principios del siglo XV, esta torre se construyó para la defensa de la puerta nueva, abierta  en lienzo de muralla y que pronto se convertiría en la puerta más transitada de la villa, ya en 1477 y en 30 de junio, la Reina doña Isabel, con lo más granado de su sequito de caballeros, escuderos, regidores, gente de categoría en general y  hombres buenos de la villa cacerense, juró solemnemente, defender y respetar los fueros, privilegios y libertades concedidos a la villa por  don Alfonso IX de León, cuando quitó al musulmán Hins Qazrix para convertirla en Cáceres.


Cuando se abrió en el lienzo de muralla, la puerta nueva, no pensaron que se convertiría de pronto en la más utilizada para entrar a al recinto amurallado, y la única que permitía el tráfico de carros y carruajes, un poco estrecha resultaba para estos menesteres, estrecha e inapropiada para el fin que se abrió, así andaban las cosas, cuando se acordó siendo el año de 1726 sustituirla por otra que diera mayor anchura, y mejor acondicionamiento que diera facilidad al tránsito rodado y con el menor impedimento posible, siendo considerable el desnivel entre la Plaza Mayor y la zona cercada.

La puerta Nueva Abierta en el siglo XV, fue reemplaza por otra más nueva aun, el que conocemos como Arco de la Estrella, ante el cual se extiende pequeño rellano por la parte exterior, con acceso por una amplia y cómoda de transitar escaleras, el Arco suntuoso y vistoso, ofrece a la perspectiva en esviaje, permitiendo este hecho  que su arquitectura parezca atractiva  construido por expertos artesanos, llama la atención por su vistosidad, aunque de mérito escaso, pero sobrio en su trazado, bien emplazado, y buena perspectiva del todo el conjunto, cuenta en el exterior, hilera de almenas, extendidas a uno y otro lado del escudo de la villa , empotrada en la parte central  y vistas intramuros una hornacina fabricada exprofeso para colocar una imagen de la virgen que se ha venerado siempre bajo la advocación de Virgen de la Estrella. Uno de los pleitos más comentados por el ruido que ocasionó en la villa cacerense, surgió entre el Obispo don Sancho Ortuño de Velunzas y Corcuera, que regía la diócesis de Coria en 1726 y el concejo de la Villa cacerense, con ocasión de las obras para reformar la anticuada Puerta Nueva.

 


Hacia principios de 1726, el Conde de la Quinta Enjarada, don Bernardino de Carvajal y Sande, solicitaba al concejo, la oportuna licencia para colocar canecillo o can ( cabeza de viga que asoma al exterior y soporta la cornisa), sobre un pilar de la puerta de la muralla, para conseguir de este modo el mejor acceso desde la puerta hasta la casa de los Carvajal-Toledo ( Toledo-Moctezuma) que es vivienda del mencionado Conde, casa que fue hábilmente restaurada por don Francisco de Carvajal y sande, arcediano de Plasencia y poseedor de una gran fortuna.

“Nos cuenta el cronista, que, a principios del siglo XV, el concejo unido a la nobleza de la villa cacerense, determinaron abrir un paso nuevo en el lienzo de muralla, para permitir la entrada intramuros desde el Rio Verde, que, andando en el tiempo, se convertiría en lugar de mercados o Plaza de Ferias, a fin de evitar dar un rodeo y esfuerzos para hacerlo desde la Puerta del Socorro o la de Mérida, por no decir la del mismo postigo, que era la entrada más próxima.

Sabemos, porque así nos lo cuenta la crónica, que donde se abrió la llamada Puerta Nueva, no existía abertura ninguna, aunque alguno predique que existía una puerta nada menos que romana, de la cual ni se han encontrado vestigios ni documento ninguno que lo mantenga, y que las zonas circundantes de las murallas de las villas fortificadas constituían la ronda de paso exterior, y en el interior el adarve o ronda de paso interior, desde la liberación de la villa cacerense, la ronda exterior, permaneció sin edificar y sin darle utilidad de ningún tipo, y estando el campo libre distinguir quien se aproximaba a la villa, y así siguieron las cosas en la villa de Cáceres durante más o menos cien años, hasta que en 17 de Julio de 1303, el Rey don Fernando IV concedió al Concejo, las rondas de la villa por juro de heredad , como nos cuenta don Antonio Floriano, con la idea que surgieran los barrios extramuros, donde debían residir artesanos y agricultores, dejando el interior para nobles, señores y elementos militares, facilitando de esta forma el ensanche. Y despejando de gente humilde la zona elegida para construir sus casonas y palacios, sin que ninguna construcción de pobre se les interpusiera.

“Y en estos terrenos, levantaron sus viviendas los gremios, adosados a la muralla o muy cerca de ella, le correspondió al pueblo judío instalar sus tiendas en el ángulo Noroeste, donde se encuentran las calles que se llamaron Zapatería nueva y Zapatería Vieja, hasta la Torre del Horno, con vistas a la explanada que desde su posición bajaba en declive, hoy la conocemos como Plaza Mayor, existen documentos en el archivo municipal que permiten identificar las casas o tiendas de los  mercaderes que, durante y a partir del siglo XV, ocupaban la franja del terreno que discurre por delante del Arco de la Estrella . En primer Lugar y pegado a la torre de Bujaco, estaba el auditorio, tribuna donde se reunía el Corregidor, Regidores y alcaldes de la Villa, donde celebraban audiencias y daban lectura a los pregones, detrás entre el auditorio y la Torre, la Ermita de San Benito y San Juan Bautista, edificio pequeño que, al desaparecer, se edificó en el la ermita de la Paz.”

Fuente-Gervasio Velo

 

A continuación de donde hoy está la ermita de la Paz, seguían dos casas, con tiendas cada uno, casas que eran dadas a censo por el Concejo a dos industriales, el barbero Sr. Juan y a un vecino llamado Andrés Fernández, a continuación, las tiendas de los judíos de Abrahán Levi Doraguero, que eres este el marido de Orvillida y Samuel, hijo de don Sento, casado con Amada, estas tiendas según parece ocupaban todo el ancho de las escaleras que conducen al Arco de la Estrella. Después había tres casas más, la de Alvar González y su mujer Teresa González, otra casa de Juan Delgado y la del judío Haym Alueila, este era el lugar donde el concejo celebraba sus sesiones , se conservan los testimonios que en 1445, el Teniente de Corregidor Bachiller Pedro González de Cárabo, nombrado por el príncipe don enrique, hijo de Juan II, este celebró consistorio en esta iglesia de San Benito y san Blas, quedando constancia que por lo menos hasta 1554, fecha de construcción de las casas consistoriales, entre las torres de la Yerba y la del Horno, los regidores y demás miembros del Cabildo Municipal, aunque en los primeros tiempos se reunían en las puertas de la Iglesia  de Santa María, lo hicieron durante un siglo al menos, en lo que se llamó Atrio del Corregidor, o en una casa habilitada para estos efectos ubicada delante de la torre del Horno.



 

Todos estos edificios, estaban protegido por la calle que iba dirección Puerta Nueva, y entre esta puerta y la torre del Horno, levantó el ayuntamiento su Casa de Corregimiento, donde solían residir, los Regidores y administraban justica, por eso era llamado el Atrio de Corregidor. Así era la vista alrededor de la Puerta Nueva en tiempos de los Reyes Católicos, con posterioridad la mayoría de los inmuebles cercanos, fueron desapareciendo, reedificados o siendo remplazados por otros , y cuando a principios del siglo XVIII fue derribada la capilla de San Benito y el auditorio, junto a la torre de Bujaco y en su lugar se edificó la emita de la Virgen de la Paz, entre esta, y el recién construido Arco de la Estrella, se alzaba todavía el sitio Toril,, fabricado para las fiestas reales en el sitio de la muralla desde el tiempo de la conquista, el que fue derribado  en 1731, para construir una vivienda destinado a los guardas de la emita. Este hecho, propicio una airada protesta por parte de don Miguel de Mayoralgo, temiendo que, si la vivienda en cuestión era de elevada altura, reduciría la perspectiva de las vistas de la ventana con rejas, que aún hoy existe en el chaflan de la esquina del jardín del solar de los Mayoralgo, justo enfrente del Arco de la Estrella. El incidente alcanzó resonancia local, ya que quedó constancia en los archivos de la cofradía de la Paz.

y en esas andábamos cuando, Ocurrió, que el por entonces obispo de la diocesis,  se le vino en ganas en sustituir el cuadro que representaba a la virgen de la Estrella y que estaba colocado de mucho tiempo, en un nicho en la muralla, precisamente en el centro de la Puerta Nueva, por una imagen de piedra, que con el mismo título, había encargado en la ciudad de Badajoz, a resultas del mayor tamaño de la imagen nueva con la existente estampa de la virgen de la Estrella, se imponía hacer obras para ampliar el altarcito, y creyendo el Sr. Obispo, de buena fe claro, que el hueco donde la efigie de la virgen de la Estrella, era lugar sagrado, exento de cualquier jurisdicción menos la eclesiástica, sin solicitar permisos a la autoridad competente, decidió empezar el derribo a sus expensas, de la bóveda de la puerta Nueva, y así como  parte de la muralla que ese extiende a ambos  lados.

 Al recibir la noticia, el Conde de la Enjarada, también clérigo, de los propósitos del Obispo, acudió a rogarle que suspendiera el proyecto, toda vez que él era el quien contaba con la indispensable licencia de las autoridades correspondientes, estando ultimando detalles para empezar la obra en la Puerta Nueva, coso que no podría hacer si antes  el Prelado hacia la fábrica de la nueva bóveda, ya que al ampliar el arco y colocar los canes resultaría afectada sin duda ninguna, lo que por disposición del Obispo, A la suplica de don Bernardino de Carvajal, respondió el Obispo, alegando nimios motivos para no suspender los trabajos ya comenzados  de derribo, poniendo en su conocimiento que el maestro arquitecto, llevaba ya algún tiempo en su palacio, en la espera d comenzar a realizar las obras, con el fin de que en su presencia que procediera a la colocación de la imagen, y que si tenía que demorar su estancia en Cáceres, se aumentaría mucho la cantidad devengada en concepto de salarios más dietas.


                                   Efigie de la Virgen de la Estrella

                         encargada por el Obispo Sancho de Velunza

A este pretexto, y escusas, contestó don Bernardino, que él se ofrecía a abonar los gastos que se hubieran originado y los que se originaran en lo sucesivo, en el caso de que el referido maestro arquitecto, quisiera permanecer en Cáceres hasta la terminación de la obra, en caso de que el maestro prefiera regresar a su casa, el estaba dispuesto a llevarlo y traerlo nuevamente a su costa, en atención al deseo expresado por el Obispo de que asistiese a la definitiva entronización de la imagen, una vez se hubiera realizado el ensanchamiento de la puerta y la ampliación de la hornacina.

(fuente - Gervasio Velo-Arco de la Estrella

Agustin Díaz

   

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