REAL
AUDIENCIA DE EXTREMADRA
CCXXVII
Cáceres
Real Audiencia
Provincial
1790
Crónica
desde la Calle Cuba de mi Llopis Ivorra
Ha
mediado del siglo XVII, se construye un edificio en la calle Juan Peña, y que
en su día fue unas de las instituciones de mucha importancia en las de
Extremadura, por el volumen de sus rentas, así como por la calidad en la
construcción del edifico donde se albergó.
Y fue el
licenciado Gabriel Gutiérrez de Prado, el fundador de esta institución que
otorgó testamento en Cáceres en el año de 1612, dejando vienes para la
fundación de un hospital con clara misión de tratamiento, curación y
medicación, y quiso que estos tratamientos fueran destinados exclusivamente a
enfermos pobres.
Pero a
pesar del importe valor del patrimonio, este fue disminuyendo con gran rapidez,
hasta el punto de que en 1790 no se podía permitir mantener más que seis camas,
hasta el punto de que ya por entonces había perdido gran parte de sus
condiciones hospitalarias, aparte de que solo había un enfermo hospitalizado,
el patio se le daba uso para representaciones teatrales y algunas de las salas
estaban dedicadas a criaderos de conejos.
Sucedió
que por aquellos años se andaba buscando por la villa cacerense un edificio
donde albergar la sede de la recién creada Real Audiencia de Extremadura, y
siendo este edifico por su gran calidad de construcción, y su buen tamaño,
hicieron que fuera este el elegido, que junto con su mala situación económica y
el escaso uso que se le daba como establecimiento hospitalario, fue motivo de
la venta del edificio y de la desaparición como hospital.
Comenzaron
obras de adecentamiento y adopción y alguna ampliación, como resultado el
edificio que se puede observar hoy en día como sede de la Audiencia de
Extremadura. Pero
a pesar del importe valor del patrimonio, este fue disminuyendo con gran
rapidez, hasta el punto de que en 1790 no se podía permitir mantener más que
seis camas, hasta el punto de que ya por entonces habia perdido gran parte de
sus condiciones hospitalarias, aparte de que solo habia un enfermo
hospitalizado, el patio se le daba uso para representaciones teatrales y
algunas de las salas estaban dedicadas a criaderos de conejos.
Sucedió
que por aquellos años se andaba buscando por la villa cacerense un edificio
donde albergar la sede de la recién creada Real Audiencia de Extremadura, y
siendo este edifico por su gran calidad de construcción, y su buen tamaño,
hicieron que fuera este el elegido, que junto con su mala situación económica y
el escaso uso que se le daba como establecimiento hospitalario, fue motivo de
la venta del edificio y de la desaparición como hospital.
Comenzaron
obras de adecentamiento y adopción y alguna ampliación, como resultado el
edificio que se puede observar hoy en día como sede de la Audiencia de
Extremadura.
En
mayo de 1790, el rey Carlos IV decidió que Cáceres sería la sede de la Real
Audiencia de Extremadura, que en la actualidad se denomina Tribunal Superior de
Justicia (TSJ) de Extremadura. Una de las razones para elegir Cáceres y no otra
ciudad extremeña, fue su clima saludable.
Con esta institución llegaron a Cáceres magistrados venidos de otras zonas de
España, escribanos, procuradores, oidores, abogados. Nueve años después, el 19
de febrero de 1799, el rey Carlos IV publicó una Real Pragmática en la que se
creaba el Colegio de Abogados de Extremadura, también la gente que vino de
lejos en el siglo XVIII se puso a la cabeza del capitalismo local, crean una
burguesía que prácticamente no existía, una clase media de comerciantes,
capitalistas, de mentalidad burguesa. Participan activamente en la nueva Real
Audiencia de Extremadura y en el Ayuntamiento. Son alcaldes y regidores y desde
el siglo XVIII a 1920 el poder lo tienen ellos en el Ayuntamiento.
Corre el
siglo XIX
Andaba el
ayuntamiento cacereño, muy mermado de personal y totalmente desamparado por el
Marqués de Bay, que a la escasez de recursos había que añadirle la impericia
militar, decidió hacer por la fuerza que se le reconociera, y una
representación de la villa compuesta por los cuatro párrocos, de los superiores
del convento de San Francisco, y Santo Domingo, y del rector del colegio de los
Padres Jesuitas, y presidios por los regidores concejales don José Joaquín de
Mayoralgo, y don Pablo Becerra y Monroy, partiendo el 7 de mayo hacia Almaraz,
donde el Marques de las Minas, había bajado desde Plasencia camino de Madrid, y
el día 9 en manos del Marques, rindieron pleito homenaje reconocieron por Rey
de España a Carlos III de Austria, presando juramento de fidelidad.
Más, a
los pocos días, alejado ya el peligro, revocaron los jurados y volvieron a la
obediencia del Rey don Felipe V.
Alejadas
ya las contienda de nuestros territorios, y llegada la calma, un hecho hizo que
luciera la prosperidad para la villa cacerense, esto fue, en día 30 de mayo de
1790, fecha en que el monarca Carlos IV, dio en Aranjuez la pragmática por la
que se mandaba establecer en Cáceres la Real Audiencia de Extremadura, con tal
pronunciamiento se procedió al adecentamiento de calles, mejoras del aspecto
urbano y mejoras en las condiciones higiénicas de la población, la Real
Audiencia de Extremadura tuvo su inauguración en 27 de abril de 1791.
Pero el
día 2 de junio de 1808, llego de nuevo el desasosiego, y excitados por la Junta
de Gobierno de Badajoz, y desde todos los balcones de las casas Consistoriales
del Municipio cacerense, se gritó ¡¡ viva Fernando VII ¡Vivan las Caenas! ¡Y con la consigna de muera
el Rey intruso José Bonaparte “Pepe Botella”, se fundó la Junta Patriótica del
Partido!
Y estando
en estas, se nos presentó en la villa el primer Mariscal de los gabachos,
Víctor, que subía desde Mérida hacia Plasencia, y sin molestar al vecindario,
se aprovisionaron de vivieres, nos cuenta el cronista, que este comportamiento
caballeroso por parte del Frances, fue debido al comportamiento que tuvo el
Corregidor don Álvaro Gómez Becerra, con un centinela francés, aunque no nos
dice cual fue.
Más tarde
sí, sí que molestaron a la vecindad cacerense, fueron los franceses Foy,
Digeón, Regnier, Girar y otros que terminaron a las fuerzas vivas de la villa
con exacciones de todo tipo, aquí la historia cacerense tiene que reconocer la
Valia de dos de nuestros paisanos, don Pedro Cayetano Golfín de Carvajal y
de las Casas, Marques de Santa Marta, y el Corregidor don Álvaro Gómez Becerra.
El
Marques surtiendo con granos de su cosecha y reses de su ganadería la incesante
demanda de los generales de Napoleón, y el Corregidor, listo como pocos, con
diplomacia y con sus dotes administrativas, esto hizo que estuviera a punto de
ser fusilado, ya había recorrido el cadalso y estaba con los ojos vendados
delante del cuadro de fusilamiento, cuando una frase de suya ahogó a la
del jefe del pelotón cuando a ordenar ¡Fuego! Salvándole la vida.
Más, al
poco de evacuar la villa el ejército francés, un hecho histórico, otro
más, sacudió la villa cacereña, y esto fue la promulgación de la Constitución
votadas por las Cortes Gaditanas, como ley fundamental del Estado, 19 de marzo
de 1818, día de San José “la Pepa”, en Cáceres esta promulgación se hizo
en la Plaza Mayor, a las cuatro de la tarde del día 28 de junio de 1812, por lo
que se adornó y se instaló un escenario delante de la Torre de Bujaco, desde
donde el corregidor don Álvaro Gómez Becerra, leyó en voz alta el código de los
partidarios de la Constitución, código que fue acogido con gran alboroto
festivo y aclamaciones, lo que no impidió que ese mismo código fuese quemado en
el mismo lugar de la plaza, por mano de verdugo, estamos en el día 15 de mayo
de 1814.
Todas las
conquistas liberales que se habían conseguido, se perdieron de un plumazo, se
restablecieron las asociaciones, así como los procedimientos del antigua
régimen que tenían en 1808, y resonaron las voces de Riego y Quiroga por toda
España, obligando al monarca Fernando VII, a jurar y cumplir lo que el código
gaditano promulgaba, cosa que hizo en 9 de julio de 1820.
Y fueron
tres años, tras el restablecimiento la etapa liberal, que fueron de mucho
provecho para la villa cacerense, y en particular para le enseñanza, durante
este periodo se fijó en Cáceres la capitalidad de la alta Extremadura, se fundó
la universidad literaria de segunda enseñanza, se reintegró a la villa
cacerense, y se abrió a los estudios que en él se daban, el colegio San Pedro,
fundado por e Obispo García de Galarza, este en 1819 se había traslado a Coria,
se fundó la Sociedad Económica de Amigos del País, se abrieron cátedras
públicas para enseñar al pueblo sus derechos y obligaciones en el ámbito
político, y se multiplicaron las escuelas de primera enseñanza, y fue tanta la
euforia de nueva situación política en los poderes locales que, cuando venía a
actuar al teatro alguna compañía de cómicos, al final de la representación se
le hacía cantar un himno patriótico.
Más a los
tres años, y con la protección de los cien Mil Hijos de San Luis, se volvió a
las andadas, y Juan Martin Díaz, “el Empecinado” que con tropas liberales huía
de los realistas, vino a Cáceres y entró a viva la fuerza dentro de la población,
estamos en 17 de octubre de 1823, y que durante tres días de ocupación, causó
la muerte de 36 vecinos, el saqueo de 43 casas, más el incendio de 75, también
causó multitud de heridos y horrorosos destrozos. Tras esto la vida social
volvió a discurrir por los antiguos cauces, y un rencor inaudito renació entre
los partidarios de uno y otro bando.
A la
muerte de Fernando VII “El Deseado”, ocupó el trono su hija Isabel II, de pocos
años de edad, que, a las miserias provocadas por otra horrible guerra civil,
tuvo que soportar los disturbios provocados en el campo liberal por las
ambiciones de los adictos.
Ya en
1869 la diputación Provincial creó en Cáceres, una Universidad Libre, y que fue
inaugurada el día 3 de octubre, y ya en 1889 y de acuerdo con la Diputación, se
estableció una Granja Agrícola, que se instaló en la dehesa del Cuartillo,
centro de estudios que fuera de mucho provecho y que desapareció a los pocos
años de su fundación.
Cáceres
fue declarada ciudad por Real Orden de 9 de febrero de 1882.
La Granja
Agrícola desapareció al poco, pero no fue esta la única desaparición en
Cáceres, Universidades, colegios, academias, cátedras, ateneos, liceos,
sociedades dramáticas, orfeones; De todo tuvimos en Cáceres, más todo
desaparecía al poco tiempo, quizás por falta de ambiente entre los avecindados
en la ciudad.
Los días
7, 8, 9 y 10 de octubre de 1881, fueron días de júbilo para Cáceres y toda su
provincia, esto fue la inauguración del ferrocarril internacional
Madrid-Lisboa, y cuya inauguración se efectuó en la capital cacerense, donde se
personaron los Reyes de España y Portugal, don Alfonso XII y don Luis I,
acompañados de un lúcido sequito, prelados, próceres, ministros, y gente de la
alta sociedad, a los que se les obsequió con corridas de toros, bailes, grandes
banquetes, y a cuyo obsequios contribuyeron con trajes típicos los vecinos de
los pueblos de la provincia.
En 25 de
abril de 1905 visitó la ciudad el monarca Alfonso XIII, y que para ofrecerle la
recepción se distribuyó entre los vecinos de la calle de tránsito entre San
Antón hasta la iglesia de Santa María, de una profusión de flores, que resulto
cosa insólita en la villa.
(Fuentes
Floriano Cumbreño-Historia)
(Fuentes
Publio Hurtado-Ayuntamiento)
(Fuente
Miguel Muñoz de San Pedro)
Agustin
Díaz Fernández



Comentarios
Publicar un comentario