WOLFRAMIO

                                        CCXXXII

Cáceres

Crónica desde la Ronda de la Pizarra

Entre 1937 hasta el 1945, alrededor de 20.000 personas trabajaron oficialmente en las minas, y probablemente muchas más lo hicieron de manera clandestina, buscando el material en áreas sin explorar o durante las madrugadas en unas minas custodiadas por la Guardia Civil y el Ejército español. Mientras el salario de un operario de la época rondaba las 19 pesetas, cualquier persona podía ganar 200 por vender un kilo de tungsteno. También el coto minero sirvió de campo de concentración para militares republicanos en libertad vigilada, que redimieron sus condenas mediante la redención por trabajo.

 La zona de Garrovillas de Alconetar, en Cáceres, destaca por la presencia histórica de indicios de estaño-wolframio, particularmente en el área de estudio del sector. Durante la Guerra Civil, esta zona atrajo la compra de mineral para la industria militar, dejando testimonios locales sobre la explotación de minas cercanas. 

 Las minas de wolframio (o tungsteno) fueron puntos estratégicos de alta actividad en Extremadura, especialmente en los años 40. En Garrovillas, la memoria de estas minas se ha mantenido, existiendo exposiciones como "Las Minas de Matasano" en el Museo Etnográfico "El Silo" para preservar su historia.

El wolframio es crucial por su altísimo punto de fusión 3422 º C. esencial para la industria militar y aeroespacial.

 Los alemanes lo fundían en los altos hornos de la Cuenca del Rhin en las factorías de Krupp y Berta. Esta es la causa por la cual los periodos de explotación coincidieran con las guerras mencionadas. También se emplea para herramientas de corte rápido, filamentos de lámparas, revestimiento de hornos, etc.
 Los garrovillanos que se dedicaban al mineral formaban dos grupos, los que trabajaban a jornal para las empresas y los que iban por su cuenta. Durante los años que estuvieron las minas en su apogeo, no hubo crisis de trabajo, porque cerca de un millar de personas, pasaron o trabajaron algo en ellas. Los jornaleros preferían la mina al campo, ya que en la mina ganaban hasta 14 o, 15 pesetas y en la agricultura se tenían que conformar con 8 o 10 pesetas." Acabada la contienda mundial el wolframio bajó de precio y perdió auge.”
 Garrovillas de Alconetar 1940-1960.

(Teófilo Domínguez.)

 

Hoy en la Taberna de la Colorá, reina cierta alegría, aunque sea mayor la envidia, entre tanto miserables hay uno que ya no lo es, la suerte o el arrojo lo han convertido en un potentado, lo envidian por no haberse atrevido ellos, a pasar las madrugadas en vela, en territorio comanche, tratando de burlar a los Guardias Civiles por una parte y a los Guardiñas por la otra, para ganarse el sustento primero, y hacer una fortunilla después con el estraperlo y el contrabando de Wolframio, o Tusgteno, ese mineral que antes andaba tirado por esos montes y que ahora los participantes en la contienda mundial se peleaban por poseerlo, el tío Ratón, era una de aquellos que lo vieron venir, y aunque siempre con el miedo de “alto quien vive” o el bannng de un fusil en sus espaldas, se arriesgaban noche tras noche a cruzar la frontera con su tesoro a cuesta, y como parroquiano habitual, era el que solía pagar las convidadas a toda la clientela.

-El wolframio es un mineral escaso en el mundo, comenzó Chivario, en la taberna de la Colora ll tenían por catedatico, sin haber sentado catedra nada más que en la Asociación Virgen de la Montaña, donde se ganaba el sustento echando a la hormigonera una de cal siete de arena,  con la atención puesta de los parroquianos más cercanos a él, con una gran dureza seguía diciendo, es el más duro tras el diamante, y el que más aguanta el calor, con una temperatura de fusión de 3.400 grados centígrados. España, principalmente en el oeste de la península (Galicia, León, Zamora, Salamanca, Cáceres) fue durante el siglo XX la principal productora

Desde la Prehistoria

La minería ha sido siempre uno de los principales motores del desarrollo del oeste ibérico, y por supuesto del territorio cacereño. Los tartesios, los distintos pueblos celtibéricos, los romanos, los visigodos, los árabes y todos los moradores de esta zona, hasta el día de hoy, han aprovechado los ricos yacimientos de hierro, cobre, plomo, cinc, oro, plata, wolframio, fosfatos, antimonio, uranio y estaño existentes bajo la superficie, y la elevada disparidad de rocas y minerales industriales.

Los minerales que arrancaban los mineros fueron un material básico en las dos guerras mundiales. Aunque en un principio el wolframio fue utilizado para la fabricación de los filamentos de las bombillas y herramientas cortantes, tuvo un protagonismo estratégico en las dos grandes contiendas. Fuente de suministro para la fabricación de tanques y proyectiles. Usado en todo tipo de armamentos, para balística y el blindaje

Aunque resulta un capítulo no tan conocido, la fiebre del “oro negro” convirtió a Extremadura en una pieza clave en la carrera armamentística de Hitler, el régimen de Franco adquirió una singular relevancia al poseer, junto con Portugal, las explotaciones más asequibles de Wólfram para los nazis.

El Wolframio o Tungsteno, que según parece se da en abundancia en la región cacerense, y en muchos lugares casi sin necesidad de mina, ya que puede recogerse en la superficie, ocurriendo que en algunos de los pueblos de esta magnífica región se empedraban las calles con este material, al que con anterioridad nunca se le había prestado la debida atención, más en la década de los cuarenta, recién salidos de aquella horrible guerra civil, rondando el hambre y la miseria entre los paisanos, pasándolas más puta que canutas, el ingenio empezó a surgir, aunque solo fuera para asesinar el hambre de unos pocos atrevidos.

Surgió la noticia en todos los mentideros de la villa cacerense  como todos los secretos guardados, más pronto que tarde estuvo en boca de todos, de que era pieza de gran cotización las piedras de Wolframio, tanto como para durante la gran guerra, la potencias en conflictos mandaran a sus agentes a la busca y captura de este mineral, ya que la propaganda del golpista de Franco decía que proporcionaba el Wolframio a los países del eje, mayormente a la Alemania de Hitler, más ni una sola piedra a los aliados, estando así las cosas estos aliados y más concretamente Inglaterra envió a sus agentes a que pillaran el Wólfram que pudiera aunque tuviera que pagarlos a mejor precio.

Sucedió que el pueblo en su sabiduría, comenzó al punto con el estraperlo, para lucrarse del negocio, y ya que el Inglés pagaba mejor y que no podía ejercer en España, se pasaba el mineral a Portugal, más como era dinero ganado fácil y tanta la necesidad, algunos lo gastaron con más facilidad aun, aunque también los hubo que con este negocio le dio para juntar una buena fortuna. Pronto se desempedraron las calles, para cruzar con ellas la frontera, donde en la misma raya las compraban los agentes ingleses.

Andaba de calle en calle, y de plaza en plaza, un paisano conocido como Chato de los Metales, Chato por tener la nariz poco prominente, y de los Metales, por ser chatarrero de oficio, que también se dedicó un tiempo a estos menesteres del estraperlo, y según parece ser, le debió ir de maravillas, ya que nos cuenta el señor García Mortales (Ventanas de la Ciudad), lo veía encender los puros utilizando billetes de veinte duros (cien pesetas) en el la cafetería exclusiva de y para lindos, Avenida, aquella que tuvo dos barras, una para ricos y otra para pobres, mejor dos precios para la misma consumición, ya fueras señorito o proletario, que en la villa cacerense jamás hubo término medio, o eras de los lindos o de los desheredados de la tierra, más a este hombre poco le importaba vender el wolframio a cualquiera y sin tener en cuenta que al año siguiente seria uno de aquellos voluntarios de la División Azul.

La 250 Finheit Espanicher Frewillger, más conocida como la División Azul, se enteró el trapero, por un camarada de los que habían estado dando café desde los primeros tiempos del golpe militar y que ya le empezaban a mirar mal hasta los propios porque no se fiaban de su locura, viendo el vacío decidió alistarse en la división azul, para aliviar la gazuza, palla que se fue a putear a los ruskis, pero mucho ruso en Rusia y en la misma estepa dieron a algunos divisionistas matarile, al chatarrero en el hombro, y se le veía ir y venir con el brazo en cabestrillo por el hospital de campaña de la Wehrmacht.

Mientras iba y venía a primeros del 1.944 el propio Hitler con un apretón de la mano sana le impuso la Verwunetenabzichen, vamos la medalla a los heridos en combate y aunque no quería el billete de vuelta para Cáceres. y así le podía ver cuándo iba o venía con su saco a cuesta por las calles de mi llopis Ivorra, pasado unos años y como agradecimiento por haber vuelto con vida decidieron hacer entrega a la Virgen de la Montaña del metal militar con la documentación pertinente, pero las cosas no son tan sencillas como pueden parecer y ya en el año 1.962 un tratado España-Alemania acordaron pensionar por parte de esta última a los propietarios del medallero de guerra con lo cual le correspondía un pico mensual y de por vida, un pico con el cual podría vivir como un potentado porque el pico era como de cigüeña por lo grande, así que un día cuando iba o venía del menudeo de hierro y trapos viejos porque ese era su oficio, decidió subir al santuario y pedir a la virgen le devolviera la medalla sin tener en cuenta que la virgen es muy suya y que le contestó , santa Rita, Rita lo que se da no se quita.






Pero volviendo a la picaresca del pueblo, se tuvo noticias de que se llegaron a formar peleas de una parte de la frontera y otra, donde los contendientes se apedreaban hasta quedar rendidos, y ya sin proyectiles que disparar contra el enemigo firmaban la paz hasta el siguiente día, se retiraban los españoles a sus cuarteles mientras los portugueses recogían las piedras, que eran naturalmente de Wolframio y se marchaban a venderlas, repartiéndose los dineros entre los dos bandos.

Más, cuando me dedicaba a la farándula, en uno de mis viajes a Zarza la Mayor, alguien en la posada donde me hospedada, me contó que hubo y todavía había un hombrecillo en el pueblo, que con la excusa de tener un huerto más allá de la raya heredado desde el principio de los tiempos, pasaba la frontera con una bicicleta pillada por el ramal, con unas albardas, donde se suponía llevaba los aperos para cultivar el huerto, llevando hasta las trancas de piedras de Wolframio.



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