MARQUESADO DE LA ISLA

                                     CCXXXV

                                    Cáceres

Siglo XVII

Plazuela de la Isla

Ermita de la Cruz.

Plazuela de la Concepcion

Crónica desde la Ronda de la Pizarra.

recuerdo que llegaron a la villa cacerense tres hermanos que vinieron a comienzos del siglo XVII, y que se llamaron Juan, Miguel y Luis Blázquez. los dos primeros eran clérigos el llamado Juan, era deán de la catedral de Plasencia, y Miguel, tesorero de la catedral de Coria y el tercero de nombre Luis, sin profesión conocida.

Y Según parece los dos primeros, curas ambos, aportaron el dinero para crear un mayorazgo para el tercero de sus hermanos Luis, pero como quiera que nobleza cacereña era muy suya, no los querían admitir como hidalgos, aunque decían descender de Blasco Muñoz, nada más y nada menos, que de Blasco Muñoz, uno de los caballeros que vino a la toma de Hins Qazrix, con el Rey Alfonso IX de León y Galicia, siendo de los primeros pobladores de la tierra cacerense, y que en el reparto de parcelas acapararon mucha tierra, y ser parientes de los mayorazgos, es decir del linaje de los Blázquez.

Ocurrió que a cuenta de ello hubo un pleito en la chancillería de Valladolid, que acabaron ellos ganando, pero con el repudio de la nobleza cacereña que les achacaban ser descendientes de judíos, ¡nobleza cacereña!, menudo es el aire para el candil.

Más detalle y curioso es, que el palacio lo hicieron en el solar de unas casitas donde estaba la judería nueva, en la calle de la Cruz, incorporando al mismo como capilla lo que había sido la sinagoga nueva, resultando que aun con el pleito ganado estuvieron dados de lado por los viejos linajes cacereños durante mucho tiempo, hasta que en 1761 el rey Carlos III concedió a Matías Jacinto Marín, descendiente de Luis Blázquez, el título de marqués de la isla, siendo este el nombre que actualmente lleva el palacio y que recibió la plaza que había delante de él antes de desaparecer el convento de la Concepción, que después acabó nominando a toda la plaza.

Estas discrepancias con la nobleza, aunque al final se los admitiera como nobles, ha quedado reflejada en el propio palacio, en cuyo frente, y a lo largo de un friso que coge toda

la fachada, hay una frase en latín que dice:

-Seamos nobles por nosotros

y no por nuestros abuelos,

Siendo curioso es que, bajo sus escudos, y quizás

por la misma razón, se agregaba la frase

latina:

Vanitas vanitatum et omnia vanitas,

“Vanidad de vanidades y todo vanidad”,

lo que se podía tomar y más en aquel tiempo, como burla de tanto alarde, aun en el propio escudo del apellido. Esto puede verse aún en uno de los escudos esgrafiados en el propio patio del edificio.



“En el interior del Palacio de la Isla, construido en el siglo XVII por la familia Blázquez (Marqueses de la Isla desde el siglo XVIII) , se conserva la capilla de la Cruz, cuya entrada principal está en la calle de su mismo nombre, poseía como símbolo más destacado una cruz de madera. Un escudo mantelado, de Blázquez y de Mogollón; en el mantel, de Figueroa.

“Pasando el patio, mediante soportales con arcos de medio punto cubiertos con bóvedas de aristas encaladas, llegamos a la pequeña capilla de la Cruz construida en el siglo XV, sobre los restos de la que había sido sinagoga judía. Capilla de una nave con cabecera rectangular, un gran arco triunfal de sillería permite la separación entre la nave y el presbiterio. Altar mayor en arco de medio punto con dovelas, sobre el cual destaca el escudo de Blázquez y de Mogollón al igual que en la clave de las bóvedas de la nave y del presbiterio; aún se conserva el pedestal del altar de yesería teniendo en su frontal una gran cruz.

 fueron ubicados los judíos por la Corona en 1478, en la zona Río Verde, colación de San Juan, es decir, calle de la Cruz y calle Panera, existiendo, según la tradición una sinagoga, luego ermita de la Cruz, donde el actual Palacio de la Isla, Por tanto, en el siglo XV (1478) cuando se ordena de reagrupamiento de los judíos en un solo entorno urbano fuera de las murallas, los judíos abandonaron su barrio intramuros, la judería vieja, para instalarse en la nueva zona de expansión y comercio, la judería nueva. Allí levantaron su lugar de culto que los nobles cristianos convertirían después en la ermita de la Cruz y palacio.

(Rubio Ramos-San Macario)



“Por decreto de 1478 parte de los judíos cacereños son obligados a marcharse fuera del recinto amurallado, probablemente porque al aumentar la población cristiana harían falta casas y lo más fácil era expulsar a los judíos de la aljama. Son trasladados al otro lado de la Plaza Mayor, a las actuales calles General Ezponda, Paneras, La Cruz, Plaza de la Concepción. En esta época se calcula que había en Cáceres un total de ciento treinta familias judías, aproximadamente unas quinientas veinte personas, del total de unos ocho mil habitantes que debió de tener la ciudad en los años ochenta del siglo XV. En un solar que les entregó el Concejo en esta zona extramuros de la Ciudad Monumental Cacereña los judíos construyeron una sinagoga para celebrar sus ceremonias religiosas, como centro de oración, lugar de reunión. Y en este lugar de la Plaza de la Concepción donde se ubicó la sinagoga de la Judería Nueva, transformada en Ermita de la Cruz, se construyó el Palacio de la Isla, precioso edificio realizado en el siglo XVI, por la familia Blázquez-Mogollón, de estilo renacentista, presentando una bella portada de medio punto con dovelas hechas de granito con sillares  almohadillados de gran resalte, acodadas y poligonales, con alternancia de dimensiones, entrantes y salientes, siguiendo el modelo de Sebastián Serlio y una espectacular antigua puerta de madera con clavos de hierro y herrajes. En el piso superior hay que destacar una resaltada cornisa que alberga los escudos de la familia Mogollón”.

(Santos Benitez)

Judería Nueva.

muchos judíos vivían en las calles aledañas a la Plaza de la Feria, mezclados con los cristianos. Hecho del que tuvieron noticias los Reyes, por lo que, estando en Sevilla, el 26 de agosto de 1478 ordenaron al corregidor Valdivieso que “fasades apartar a todos los judjos e moros que en esa dicha villa bjven e moran dentre los christianos. Que moren e agan sus juderías e morerías apartadas en los lugares donde antiguamente la solían e acostunbravan a thener e, sy no solían thener juderías apartada ni lugar reservado, o en los lugares donde las avja no ay donde estar, que luego buscades lugar convinjente e apartado dentre los christianos donde estén e moren, fasyéndoles dar casas e solares púvlicos

Pero, verdaderamente, la creación de la nueva judería cacereña se debió a la voluntad real plasmada en el Ordenamiento de Toledo de 1480 “Porque de la continua conversación e byvienda mesclada con los christianos resultan grandes daños e inconvenientes (…) ordenamos e mandamos que todos los judíos e moros de todos e quales quier çibaddes, villas e lugares destos nuestros reynos, quales quier sean, de lo realengo o señoríos o behetrías e órdenes e abadengos, tengan sus juderías e morerías distintas e apartadas sobre sy. E no moren a vueltas con los chtistianos ni ayan barrios con ello”. Al tiempo que “encomendamos a las aljamas de los dichos judíos e moros que cada uno dellos que pongan en el dicho apartamiento tal diligençia e de tal orden que, dentro del dicho término de los dichos dos años, tengan fechas las dichas casas de su apartamiento e byvan e moren en ellas. E dende en adelante, no tengan sus moradas entre los christianos ni en otra parte fuera de los çircuytos e lugares que les fueren deputados para las dichas juderías e morerías”, so pena de perder todos sus bienes.



Y para evitar abusos, “mandamos por la presente a las personas que para la execuçión de lo suso dicho fueren deputadas por nuestras cartas, que conpelan e apremien a los dueños de las tales casas e suelos que asy fueren señalados por ellos para fazer e edificar las dichas synagogas e mesquitas e casas de morada, que las vendan a los dichos judíos e moros por presçios razonables, tasados por dos personas”, una, nombrada por los cristianos; la otra por los judíos. En caso de discordia, se contemplaba el nombramiento de un tercero.

“Pero estas garantías no bastaron para frenar la especulación. Los judíos cacereños expusieron a los Reyes que en la Judería habían entrado muchas casas de cristianos, los cuales “vyendo la neçesidad que ellos tenían, disque les alquilaron e arrendaron por grandes quantyas de maravedís de más de lo que valían e solían e acostunbravan alquilar antes que la dicha juderja fuese señalada, de manera que ellos, dis, que no lo pueden sofrir e rreçiben enllo mucho agravjo”, por lo que solicitaban de la gracia real que fuesen nombradas “dos buenas personas puestas por las dichas partes” para que “tasasen e moderasen lo que rasonablemente valiesen e se devían de dar de alquiler por las dichas casas”. El 28 de febrero de 1491, desde Sevilla, don Fernando y doña Isabel comisionaron al corregidor para que resolviera el asunto sin dilación”

(Martin Nieto)

La nueva Judería se extendió entre las calles de Vando (hoy de Panera), parte de la de la Corte, parte de la de las Parras, la actual plazuela de la Isla, y la calle del horno de la Mancebía, que a partir de entonces y durante todo el siglo XVI se denominaría por antonomasia de la Judería. Según parece ser que el nuevo barrio judío cacereño se cerró con puertas.

Por entonces, se llamaba también calle de la Corte al tramo, hoy titulado de Paneras, que va desde la propia calle de la Corte a la de la Cruz, incluido asimismo en la Mancebía.



Con el establecimiento de la judería, las casas se revalorizaron, hasta el punto de que se incrementaron sus adquisiciones por parte de la nobleza local. 

El palacio de la Isla, en la actualidad es propiedad del Ayuntamiento de Cáceres albergando las concejalías de Cultura y Festejos, Archivo Histórico Municipal, Biblioteca, Salas de Exposiciones y Conferencias, etcétera un Centro Cultural con exposiciones durante todo el año. Allí también se celebran las bodas civiles.

 


Agustin Díaz Fernández

 

 

 

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