DIEGO DE OCAMPO

                                       CCXLI

                                      Cáceres

Conquistador

1519

Crónica desde la calle Cuba de mi Llopis Ivorra.

Aunque natural de Trujillo (Cáceres) Se desconoce la fecha de nacimiento y el nombre de sus padres pero se sabe que pasó a Santo Domingo en la expedición del gobernador Nicolás de Ovando. Ya en 1514 era un potentado e influyente personaje en La Española, y al olor de las perlas solicitó pacificar la costa de Cumaná desde donde se surtía de alimentos y agua dulce la isla de Cubagua.

Antes de emprender este periplo militar, vendió en Santo Domingo una manada de vacas al licenciado Lucas Vázquez de Ayllón, y con este dinero compró setenta y cinco indios lucayos que serían vendidos en la zona Cumanesa para la explotación de las perlas de Cubagua.

(fuente Biografías)

Se hermanaban en Diego de Ocampo, el valor y la prudencia, cualidades que con él afecto y confianza de Hernán Cortes, le ganaron el nombramiento de alcalde mayor de Méjico, y el ser emisario de dicho conquistador cerca del emperador Carlos V. Cuando Hernán Cortes, partió de dicha capital a las provincias de las Higueras, Chiapa y Quahuthemallan , siempre de conquista, llevó consigo a diego de Ocampo, cuyo tacto y diplomacia le valieron más que un ejército de aguerridos combatientes.

Francisco de Garay, gobernador de Jamaica, se había empeñado en conquistar por su cuenta la rica provincia de Panuco, y a pesar haber sufrido en los años 1.518 y 1.519, dos sensibles descalabros, torno a ella en 1.523 con mayores fuerzas y pertrechos, motivando a sus gentes en la imaginación, con la esperanza de riquísimo botín. Tuvo noticias Cortes de su desembarco, y envió a Diego de Ocampo, para que le requiriere en forma, el abandono de aquel país y se fuese a poblar y conquistar, en el supuesto de que le hiciese caso, al rio de las Palmas. Se resistió Garay, apremió Ocampo, y por fin consiguió que aquel desistiese de su empresa, a cambio de la protección de Cortes, para proseguir en su empeño de conquista, consiguiendo Diego de Ocampo, que para ultimar las estipulaciones de mutua ayuda, acudiese Francisco Garay a Méjico, donde le esperaba Cortes, sabido esto por los capitanes y soldados de Garay, se opusieron con gran escándalo. Abandonada aquella rica provincia, por la más estéril de las Palmas, y teniendo que compartir botín, con los auxiliares que Cortés les enviase.

Así las cosas, en el momento de Francisco de Garay, partió a México, a entrevistarse con Hernán Cortés, las tropas desertaron, Y cuando Diego de Ocampo, vio relajada la tropa obligo a los que no se alistasen en las banderas de Cortés, con que la mayor parte d ellos, sin jefes, sin saber a dónde dirigirse , engrosaron las huestes del conquistador de México. Diego de Ocampo, conoció después las causas formadas con motivos de la rebelión de la provincia de Tututepec.

Fue apoderado de Hernán Cortés en el proceso incoado, con motivo de la muerte de doña Catalina Suarez, primera esposa de Cortés, cuya muerte la voz pública atribuía a este.

Muerto Hernán Cortés, en 1547, pasó al Perú, se avecindo en Quito, y fue general del Virrey Blasco Núñez, contra Gonzalo Pizarro, auxiliando al primero con 40.000 pesos.

Abrió al comercio la navegación del mar del sur, en la parte que baña las costas del Callao, con navíos fabricados a su costa en Tehuantepec

Nació en Trujillo (Cáceres), en fecha desconocida, en el seno de una familia hidalga de notable linaje. Fue hijo de García Ocampo, comendador de la Orden de Santiago de Alcuéscar (Cáceres), y hermano del también conquistador Gonzalo Ocampo. Desde joven mostró espíritu aventurero y decisión, cualidades que lo llevaron muy pronto a cruzar el Atlántico hacia las Indias.

Ya en 1513, se tiene constancia de que poseía una encomienda en La Española, concretamente en Bonao, uno de los primeros asentamientos españoles del Nuevo Mundo. Posteriormente se trasladó a Cuba, donde entró en contacto con Hernán Cortés y se unió a la expedición de 1519 al Yucatán, punto de partida de la epopeya que culminaría con la conquista del Imperio mexica.

Durante aquella gesta, Diego de Ocampo formó parte del círculo de confianza de Cortés, desempeñando cargos de gran responsabilidad. Fue notario de Veracruz, lo que implicaba registrar los actos jurídicos y decisiones del naciente gobierno virreinal, y más tarde fue designado alcalde mayor de México, cargo que requería tanto prudencia como autoridad.

Su cercanía con Cortés se reflejó en diversas misiones delicadas. En 1534, fue enviado como lugarteniente del conquistador para tratar con Francisco de Garay en la provincia de Pánuco. La elección no fue casual: además de la confianza personal que Cortés depositaba en él, existían lazos familiares y militares entre los Ocampo y Garay, pues Gonzalo Ocampo, hermano de Diego, era jefe de las tropas de este último. Esta relación muestra la red de alianzas que tejían los conquistadores trujillanos en el vasto escenario americano.

El vínculo con Cortés era estrecho y personal. Las crónicas señalan que Diego de Ocampo se hallaba en Coyoacán la noche en que murió Catalina Suárez, la esposa de Cortés, lo que evidencia su presencia en los momentos más íntimos y críticos del conquistador.

No obstante, su fortuna política se vio amenazada cuando Cortés partió hacia la campaña de Honduras. Al circular el rumor de la muerte del capitán extremeño, sus enemigos aprovecharon para destituir a Ocampo y someterlo a un Juicio de Residencia, acusándolo de haber cometido abusos, robos y cohechos. Se decía que en apenas un año había obtenido más de veinte mil pesos de oro, una suma enorme para la época.

Con el regreso de Cortés, su suerte cambió de nuevo. Recuperó su posición y mantuvo diversas encomiendas, aunque debió pleitear con la Corona para conservarlas, como era habitual entre los conquistadores que buscaban reconocimiento por sus servicios.

En 1528, cuando Cortés viajó a España para rendir cuentas ante el emperador, Diego de Ocampo quedó como uno de sus procuradores, encargado de defender sus intereses en Nueva España. Después de 1531, se pierde su rastro histórico; tal vez, como muchos otros conquistadores, regresó a su Trujillo natal para vivir sus últimos años en la península.

Hombre de letras y de acción, Diego de Ocampo encarna la figura del conquistador culto y leal, que participó no solo en la toma de imperios, sino también en la construcción jurídica y política del nuevo orden americano. Su vida, aunque en parte envuelta en la sombra, fue una pieza clave en el engranaje de la epopeya de México.

(Fuente Ruta Conquistadores)

(Fuente Publio Hurtado-Indianos)

 


Agustín Díaz Fernández

 

 

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