FRANCISCO DE SANDE

                                              CCXLII

                                            Cáceres

Conquistador cacerense

Año de 1568-1602

Crónica desde la calle Cuba de mi Llopis Ivorra

                                                                                                                                                                                      

Francisco de Sande nació en Cáceres, hacia 1540 y era hijo de Pedro de Sande y de doña Francisca Picón. En 1558 comenzó sus estudios de derecho canónico en la Universidad de Salamanca y después pasó a la Universidad de Sevilla a terminarlos. Ya como profesional del Derecho, el 18 de junio de 1568, fue nombrado alcalde del crimen en la Audiencia de Mexico y al poco tiempo se desempeñaba como fiscal. El 30 de abril de 1572, era nombrado oidor de la misma Audiencia, y mientras actuaba en su cometido intervino en la pacificación de los chichimecas.

Por cédula real de 6 de abril de 1574 se le nombraba gobernador y capitán general de Filipinas y tomaba posesión de su cargo el 26 de agosto de 1575. En Filipinas fundó la villa de Nueva Cáceres, además de enviar una expedición para la intentar la conquista de Borneo. Y hasta se atrevió a solicitar al rey Felipe II el respectivo permiso para iniciar la conquista de China, ofreciéndose a dirigirla personalmente e incluso a correr, al menos en parte, con su financiación. Si no pudo realizar la conquista de China, sí llevó a feliz término la jornada de Borneo, a cuyo sultán, junto con toda la isla, redujo a la obediencia del Rey de España, arrebatándole un copioso botín: veintisiete navíos y ciento setenta piezas de artillería gruesa. A la conquista de Borneo siguieron las jornadas de Jolo y de Mindanao, al término de las cuales, ya en el año 1579, volvió a insistir, en larga e idealista relación, en la conveniencia de obtener autorización para emprender la conquista del Celeste Imperio. En la Corte de Madrid se estimó muy aventurada la empresa, prefiriendo —motivos de alta política—, dar prioridad a las ventajas del lucrativo comercio con China y con el Japón. Durante su mandato tuvo tiempo de fomentar e impulsar el comercio y la minería a través de la conocida ruta comercial de Acapulco; organizó y saneó la Real Hacienda y en aplicación de las nuevas Ordenanzas de Población, recién dictadas por Felipe II

En junio de 1580 se le relevaba del cargo en Filipinas y volvía nuevamente a México para ocupar su antiguo cargo de oidor de la Real Audiencia. Una vez más cambiaba de lugar, y en agosto de 1593 era nombrado visitador de la Real Audiencia de Guatemala, y a continuación ocupaba el cargo de presidente de aquella Real Audiencia, permaneciendo en este puesto hasta 1596 cuando por cédula real se le nombraba presidente de la Real Audiencia de Santa Fe, además de gobernador y capitán general del Nuevo Reino de Granada (Colombia)

Sande se hacía cargo de su nuevo destino en Bogotá a finales de agosto de 1597, y aunque era un funcionario sumamente rígido en sus actuaciones institucionales, posiblemente el peso de la nueva responsabilidad le endureció el corazón y le agrió el carácter, porque al poco tiempo de encontrarse en Bogotá, en vez de llamarle doctor Sande, como se había echado tantos enemigos por su severa forma de actuar, se le conocía por el “Doctor Sangre”. Las protestas de su dureza llegaron al Consejo de Indias y este organismo nombraría al visitador Andrés Salierna de Mariaca para investigar el comportamiento de Sande.

reintegrado por Felipe II a su plaza de oidor de la Audiencia de México, plaza que sirvió hasta el año 1593, dándole tiempo a regresar a Castilla para contraer matrimonio con la hidalga de Valdemoro, Catalina de Mesa. Entre los años 1593 y 1596 sirvió la plaza de gobernador, capitán general y presidente de la Real Audiencia de Guatemala, de la que pasó el año 1596 al más honrado empleo de gobernador, capitán general y presidente de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada. Aquí tuvo que atender a múltiples frentes, tales como la fortificación y defensas de Cartagena de Indias, la pacificación de los indios del Río Grande Magdalena, la protección de los naturales, la provisión de las doctrinas y la creación de nuevos obispados. Sus relaciones con la Audiencia, a juzgar por la documentación, no fueron lo borrascosas que han pintado sus detractores, que han buscado en este punto motivos para la censura. Lo mismo ocurrió con sus relaciones con el arzobispo Lobo Guerrero, que conocieron tiempos bajos por motivos de “etiqueta”, en la que tan pundonoroso se mostraba el gobernador, y en las incidencias derivadas de la práctica y defensa del Real Patronato, punto en el que el gobernador y el arzobispo se encontraron al defender, lealmente los dos, los derechos irrenunciables de la Corona, por un lado, y de la Iglesia por el otro. Los roces entre la autoridad civil y la eclesiástica se prodigaron en diversos campos. Todo esto, unido a sus diferencias con la Audiencia llevaron al arzobispo Lobo Guerrero a tomar partido contra el gobernador, consiguiendo de la Corte el nombramiento de un visitador, el doctor Andrés de Zaldierna, que puso pronto fin al mandato del presidente, a quien sorprendió la muerte, en circunstancias misteriosas, inspiradoras de leyendas populares, el 22 de septiembre de 1602. 

«Su forma de actuar, su violencia verbal y otras excepciones originaron numerosas denuncias a su paso por diversos lugares «.

Salierna de Mariaca emprendió el juicio de residencia comenzando por el destierro del presidente a Villa de Leiva. Antes de partir, Sande hizo correr el rumor de que había sobornado con dinero al visitador y por lo tanto le favorecería la decisión del juicio pendiente. La calumnia produjo profunda pena en aquel honrado funcionario y, como había caído enfermo por aquellos días, el perjurio de Sande lo llevó a la tumba el 6 de septiembre de 1602, no sin prevenirlo de que él también comparecería ante el tribunal de Dios en los siguientes nueve días. El presidente Sande enfermó repentinamente y murió el 12 de septiembre de 1602, dentro del término fijado por Andrés Salierna de Mariaca.

Había casado con doña Ana de Mesa, que moría en 1629, y tuvieron cuatro hijos (Pedro, Fernando María y Francisca. La viuda y los hijos del Dr. Sande, durante bastante tiempo, pleitearon denodadamente por conseguir el tesoro que había amasado el rígido funcionario y que lo confió a su amigo don Pedro de Mendoza, pero al parecer quien se había hecho con el tesoro era fray Martín de Sande, hermano del presidente; y el tal fray lo volatilizó haciéndole regalos al Duque de Lerma para que le proporcionara algún obispado. Fray Martín, quien también había estado en Guatemala y Bogotá a la sombra de su hermano, quiso hacerse obispo con las arrobas de oro y esmeraldas, valoradas en 60000 ducados, que su hermano seguramente no ganó de forma honrosa. La viuda de Sande reclamó a su cuñado el tesoro, pero como lo había malgastado, nada pudo devolverle. Enteradas las autoridades eclesiásticas del caso, el ambicioso fraile fue desterrado al convento de Trujillo, donde murió en 1627.

Francisco de Sande, Fue caballero de la orden de Santiago, persona de gran conocimiento en la ciencia del derecho, por cuyos méritos, su majestad le encomendó el conocimiento de los litigios que en América tenía pendiente el marqués del Valle, sucesor de Hernán Cortés. Partió hacia el Nuevo Mundo, y en el desempeñó sucesivamente los cargos de fiscal, alcalde de corte, y oidor de la Real Audiencia de México.

Tan buena cuenta dio en este cometido, que el rey le nombro gobernador de las islas Filipinas, para donde puso rumbo en 1575. Así que se posesiono de su gobierno, pacifico la levantisca provincia de los Camarines, que andaba revuelta, en la cual fundó, por mediación de su capitán Pedro Chaves, una ciudad que en memoria de su patria denominó Nuevo Cáceres, designada como capital de aquel distrito.

Hostigados los súbditos del rey católico, por los soldados del soberano de Borneo, pertrecho Sande sus naves y salió en busca de la flota del de Borneo, a la que venció y apresó, sometiendo al propio rey por la fuerza de las armas al vasallaje del rey de Castilla. Fue nombrado después presidente de la Audiencia de Guatemala, volvió a las Indias Occidentales a desempeñar tan elevado cargo, desde el cual fue trasladado a la presidencia de la Audiencia de Santa Fe de Bogotá, con nombramiento de gobernador y capitán general de aquel estado 1597.

Felipe II, que lo contaba en el número de sus escogidos e intachables servidores, le otorgó el privilegio de llevar guion delante de si, por donde fuera. Pero tenía un carácter tan rígido y austero a cuya condición debió tal vez, el aprecio y distinción del triste monarca,

Indianos – Publio Hurtado

(fuentes biografías)

 

                            

                                              Calle Sande (Cáceres)

Agustín Díaz

 

 

 

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