CURIOSIDADES DE LA VILLA CACERENSE
I
CCXLVII
Teatros.
Crónicas
desde la calle cuba de mi Llopis Ivorra
Vigilantes
y cuidadoso se mostraba, antiguamente, el Ayuntamiento cacerense, con otra clase de espectáculos, que
contribuyó con las funciones de cuernos al regocijo de nuestros antepasados,
como fueron las representaciones teatrales, y al respecto nos cuenta don Publio
Hurtado que, con la diferencia de que, así como para aquellas todos los
elementos confluían a facilitarlas, estas tenían que luchar con grandes
inconvenientes, nacidos de una moral de manga estrecha, días y semanas incluso
temporadas dedicadas a devociones, recogimientos, quebrantos de la salud publica local, y
provincial incluso la regional.
Llegaba a
la villa cacerense, una farándula o comparsa de comediantes, y el director o
autor de la misma, solicitaba el permiso del corregidor, para poder representar
sus farsas, el Corregidor sometía la petición al Consistorio, y este debatía
sobre si o no era de recibo, conceder permiso, haciendo cómputos para ver si la
diversión teatral , podría perjudicar a las devociones cuaresmales o de Semana
Santa, ajustar por si hubiera algún motivo de aflicción nacional o local, o dar
ocasión para la aglomeración de la gente pudiese propagar alguna epidemia, si
incuria en algunas de estas, vuelta a cargar con bambalinas y vestuarios, y a
seguir dando tumbos por esos caminos en busca de ajustarse a algún sitio de
promisión, por el contrario si resultaba que no, que no incurría en ninguna,
podían montar el escenario y dar comienzo a la función, pero mucho cuidado con
los pasillos y mojigangas que se representaban, y si por los actores, gente
toda de poco más o menos, se les antojaba dar gato por liebre, el regidor comisario
de festejos, habia de conocerlos de antemano y pasarlos previamente por su
censura, no muy avisada de preceptivos dramáticos, pero si, de prejuicios.
Las
primeras obras escénicas que el la villa de Cáceres, se representaron, fueron,
los autos sacramentales, obra dramática en un acto, que solían tener por tema
el misterio de la Eucaristía, dice don Publio Hurtado, que no tiene notica de
que el la villa cacerense, se celebrase ninguno en dentro de las iglesias, que
eran los sitios donde en principio se ofrecieron a la curiosidad de los fieles,
pero sí que, el lugar ordinario en que representaban en el siglo XVI y aun en
el XVII, era la puerta occidental de la parroquia de Santa Maria, “conocida
como puerta de los pies”, desde la fachada lateral de la iglesia, hasta el
convento de las Monjas de Jesus “hoy palacio de la Diputación” con una
extensión de siete u ocho metros de fondo, espacio que cerraba por la parte
posterior de la fachada de la casa de los señores de Malgarida, “más tarde
convento de las Monjas de Jesus, y más tarde Palacio de la Diputación
Provincial” este recinto se iluminaba de día, don Publio, dice haber visto
cuentas por haberse empleado para este menester hasta cuatrocientas hachas de
cera, y el publico se colocaba por aquel parte de la plazuela de santa Maria,
frente al escenario, hasta el solar de los Mayoralgo, a la intemperie, porque
estas representaciones tenían lugar el día de la festividad del Corpus o de la
Virgen de la Asunción, que solían celebrarse en época de bue tiempo:
“el
primer autor de comedias que se representó fue Juan Carrión, en 1570, después
Vergara, en 1600, y más tarde Diego de Monserrate, en 1612, Diego Gil, en 1676
etc.”.
Las
representaciones de índole profana, que se celebraban en aquel tiempo por
cuenta del Municipio:
“el cual
de motu proprio, cuando no acudían cómicos a la población, solía comisionar a
uno de los regidores para que saliese a buscarlos donde los hubiese, como
aconteció en 1681, fecha que el ayuntamiento envió a Badajoz, al Regidor diego
Carvajal Moscoso, para que allegara a Cáceres la compañía que allí trabajaba,
dándole para ayuda de costa de 500 reales”.
No
surgieron en esta villa, hasta el siglo XVII, y fueron las que se representaron
el septiembre de 1614, siendo dirigidas por el tal Vergara.
El
Teatro, donde se ofrecía al pueblo cacerense, las cómicas y trágicas
invenciones de los clásicos dramaturgos, estaba situada en la casa numero 3 de
la calle de Tiendas, que por tal razón llamaron por entonces calle de Comedias,
hasta que, terminado el hospital de la Piedad, “ hoy sede de la Audiencia
Territorial” se trasladó a su patio el escenario, como lugar mas capaz y a
propósito para tales funciones, por cuya ocupación daban los autores a
exigencias del Municipio, el quinto del producto de las entradas, como limosnas
para al benéfico asilo.
Al
establecerse en Cáceres, la sede de Audiencia de Extremadura, dio inicio entre
la buena sociedad de la villa, una era de ilustración y progreso,
manifestaciones y grande abundancia y buen tono, que vieron la necesidad de
ampliar y mejorar los moldes, estrechos, en el que se desenvolvía el arte
teatral, y darle u local apropiado y permanente, en atención a las distinguidas
familias que vinieron a aumentar el de las linajudas y señoriles del antiguo
vecindario.
El
personal de cálculo y emprendedores, empezaron a hacer números y diseños con el
propósito de construir un teatro, en la idea de centro de asociación y recreo,
más que como negocio, el primero que propuso al Ayuntamiento su construcción,
en cuanto corrió la noticia de la implantación de la audiencia en Cáceres, fue
un tal Mauricio Garrido, a quien se le día licencia para que lo construyese, el
12 de septiembre de 1787, pero con la condición de tenerlo terminado en plazo
de un año, y afianzar la factura de la obra, no se supo, cual de estas dos
condiciones fue el imposible para don Mauricio, pero cierto fue que el año pasó
y no se habia colocado ni aun la primera piedra, con el lamento de propios, y
en especial de gente forastera.
Pasaron
diez años, y en sesión del día 5 de diciembre de 1798, se dio cuenta de otra
solicitud similar, hecha por don Ventura Carles y Busquets, un industrial
catalán y comerciante, que ofrecía más garantías que don Mauricio, de que el
proyecto era factible, se le concedió el permiso, y corría el mes de noviembre
de 1801, quedo terminado el Patio de Comedias, que era como se denominaba por
entonces los teatros y que se ubicaba en la calle Peña:
“Peña, y
no Peñas, nos dice don Publio Hurtado, como la llaman las Ordenanzas
Municipales, gentes que son un vivar de gazapos en los relativo a nombres de
las calles y plazuelas, su antiguo nombre fue de calle de Juan de la Peña, y
denominada luego por el apellido, por lo que es lógico que se la nombre en
singular”.
Muy
hermoso, bien dispuesto y decorado en sus principios, aunque envejecido,
pequeño y más bien tosco en sus últimos días, resistió ciento y pico de años
que pesan sobre su escenario, y en las mudanzas que en todos los órdenes
sociales pasaron por sus puertas. Este teatro al que jamás se le puso nombre,
les bastaba en sus días, para esparcirse y solazarse, después de sus trabajos y
vigilias, admirando y aplaudiendo en las tragedias, dramas, comedias, sainetes,
y demás repertorio de variedades, de los mejores ingenios nacionales y hasta
extranjeros, y en el genero lirico, operas, zarzuelas, conciertos, tonadillas y
bailables, más acreditados en los escenarios del suelo patrio, que, alternaban
con pantomimas, juegos de predigistación, y funciones de ilusionismo,
transformismo, hipnotismo, certámenes literarios y hasta mítines
políticos.
“Actrices,
Manuela Morales, Rita Luna, la Catalá, la Moñino, la Pastor, la Muñoz, las
Revillas, la Coronel, la Chiquero etc., Actores, Manuel García, Losada,
Arellano, Muñoz, Navarro, Jauregui, Francesconi, Tallavi, y algunos más”.
Si,
tambien invadió la política el teatro, y en las épocas de 1820-23 y 1833-37, en
la que obligaba el Ayuntamiento liberal a los cómicos, a cantar himnos
patrióticos, en desquite de la Cachucha, la Pitita, y otras tonadillas que el
partido realista, habia obligado a entonar en los tiempos de su dominio. Varias
veces, se valió de él, el Municipio, para dar funciones por su cuenta, para
equipar con su producto las milicias locales, como tambien se hizo uso por
parte de particulares, para findes de caridad.
A
comienzos del último tercio del siglo XIX, llego desde más allá de los
pirineos, una clase de literatura dramática. Llamada género bufo, tanto más
aplaudida como disparatadas, su éxito lo tuvo en la desnudez de sus actrices, y
en lo agradable de la parte musical. Para cultivar este género, un maestro de
obras, de nombre don Francisco Escandón, construyo en 1884, un teatrillo de
tablas, adosado a la fachada sur del Ayuntamiento, el sitio del Atrio del
Corregidor “hoy foro de los Balbos” y donde con cuatro actores y cuatro
músicos, ofreció diversión y solaz al público, y saco sus buenos beneficios.
Estos
beneficios de empresa, excito la curiosidad de otros empresarios, al año
siguiente, se erigió otro teatro, tambien de tablas, en la plazuela de la
Concepción, otro en la calle del Matadero, llamado teatro de Matos, por ser
este el apellido de su dueño, y se dio el caso de que doña Juana Elguezabal,
solterona, heredera de un notario, ahorrativo y beato meticuloso, invertido los
dineros que este le había dejado en construir en 1866, otro teatrillo en un
corral en la casa numero 5 de la calle Nidos, con entrada por el numero 8 de la
calle Moros “General Margallo” este se denominó, Teatro de Variedades, el que
estuvo compitiendo con el de la calle Peña, hasta 1914, fecha de su demolición,
por haberlo dejado su propietaria en su testamento de 29 de agosto de 1011,
para construir en él escuelas católicas.
(fuente
Publio Hurtado-Ayuntamiento)
(fuente Historias de la villa)
Agustín
Díaz Fernández

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