CURIOSIDADES DE LA VILLA CACERENSE

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Teatros.

Crónicas desde la calle cuba de mi Llopis Ivorra

Vigilantes y cuidadoso se mostraba, antiguamente, el Ayuntamiento cacerense,  con otra clase de espectáculos, que contribuyó con las funciones de cuernos al regocijo de nuestros antepasados, como fueron las representaciones teatrales, y al respecto nos cuenta don Publio Hurtado que, con la diferencia de que, así como para aquellas todos los elementos confluían a facilitarlas, estas tenían que luchar con grandes inconvenientes, nacidos de una moral de manga estrecha, días y semanas incluso temporadas dedicadas a devociones, recogimientos,  quebrantos de la salud publica local, y provincial incluso la regional.

Llegaba a la villa cacerense, una farándula o comparsa de comediantes, y el director o autor de la misma, solicitaba el permiso del corregidor, para poder representar sus farsas, el Corregidor sometía la petición al Consistorio, y este debatía sobre si o no era de recibo, conceder permiso, haciendo cómputos para ver si la diversión teatral , podría perjudicar a las devociones cuaresmales o de Semana Santa, ajustar por si hubiera algún motivo de aflicción nacional o local, o dar ocasión para la aglomeración de la gente pudiese propagar alguna epidemia, si incuria en algunas de estas, vuelta a cargar con bambalinas y vestuarios, y a seguir dando tumbos por esos caminos en busca de ajustarse a algún sitio de promisión, por el contrario si resultaba que no, que no incurría en ninguna, podían montar el escenario y dar comienzo a la función, pero mucho cuidado con los pasillos y mojigangas que se representaban, y si por los actores, gente toda de poco más o menos, se les antojaba dar gato por liebre, el regidor comisario de festejos, habia de conocerlos de antemano y pasarlos previamente por su censura, no muy avisada de preceptivos dramáticos, pero si, de prejuicios.

Las primeras obras escénicas que el la villa de Cáceres, se representaron, fueron, los autos sacramentales, obra dramática en un acto, que solían tener por tema el misterio de la Eucaristía, dice don Publio Hurtado, que no tiene notica de que el la villa cacerense, se celebrase ninguno en dentro de las iglesias, que eran los sitios donde en principio se ofrecieron a la curiosidad de los fieles, pero sí que, el lugar ordinario en que representaban en el siglo XVI y aun en el XVII, era la puerta occidental de la parroquia de Santa Maria, “conocida como puerta de los pies”, desde la fachada lateral de la iglesia, hasta el convento de las Monjas de Jesus “hoy palacio de la Diputación” con una extensión de siete u ocho metros de fondo, espacio que cerraba por la parte posterior de la fachada de la casa de los señores de Malgarida, “más tarde convento de las Monjas de Jesus, y más tarde Palacio de la Diputación Provincial” este recinto se iluminaba de día, don Publio, dice haber visto cuentas por haberse empleado para este menester hasta cuatrocientas hachas de cera, y el publico se colocaba por aquel parte de la plazuela de santa Maria, frente al escenario, hasta el solar de los Mayoralgo, a la intemperie, porque estas representaciones tenían lugar el día de la festividad del Corpus o de la Virgen de la Asunción, que solían celebrarse en época de bue tiempo:

“el primer autor de comedias que se representó fue Juan Carrión, en 1570, después Vergara, en 1600, y más tarde Diego de Monserrate, en 1612, Diego Gil, en 1676 etc.”.

Las representaciones de índole profana, que se celebraban en aquel tiempo por cuenta del Municipio:

“el cual de motu proprio, cuando no acudían cómicos a la población, solía comisionar a uno de los regidores para que saliese a buscarlos donde los hubiese, como aconteció en 1681, fecha que el ayuntamiento envió a Badajoz, al Regidor diego Carvajal Moscoso, para que allegara a Cáceres la compañía que allí trabajaba, dándole para ayuda de costa de 500 reales”.

No surgieron en esta villa, hasta el siglo XVII, y fueron las que se representaron el septiembre de 1614, siendo dirigidas por el tal Vergara.

El Teatro, donde se ofrecía al pueblo cacerense, las cómicas y trágicas invenciones de los clásicos dramaturgos, estaba situada en la casa numero 3 de la calle de Tiendas, que por tal razón llamaron por entonces calle de Comedias, hasta que, terminado el hospital de la Piedad, “ hoy sede de la Audiencia Territorial” se trasladó a su patio el escenario, como lugar mas capaz y a propósito para tales funciones, por cuya ocupación daban los autores a exigencias del Municipio, el quinto del producto de las entradas, como limosnas para al benéfico asilo.

Al establecerse en Cáceres, la sede de Audiencia de Extremadura, dio inicio entre la buena sociedad de la villa, una era de ilustración y progreso, manifestaciones y grande abundancia y buen tono, que vieron la necesidad de ampliar y mejorar los moldes, estrechos, en el que se desenvolvía el arte teatral, y darle u local apropiado y permanente, en atención a las distinguidas familias que vinieron a aumentar el de las linajudas y señoriles del antiguo vecindario.

El personal de cálculo y emprendedores, empezaron a hacer números y diseños con el propósito de construir un teatro, en la idea de centro de asociación y recreo, más que como negocio, el primero que propuso al Ayuntamiento su construcción, en cuanto corrió la noticia de la implantación de la audiencia en Cáceres, fue un tal Mauricio Garrido, a quien se le día licencia para que lo construyese, el 12 de septiembre de 1787, pero con la condición de tenerlo terminado en plazo de un año, y afianzar la factura de la obra, no se supo, cual de estas dos condiciones fue el imposible para don Mauricio, pero cierto fue que el año pasó y no se habia colocado ni aun la primera piedra, con el lamento de propios, y en especial de gente forastera.

Pasaron diez años, y en sesión del día 5 de diciembre de 1798, se dio cuenta de otra solicitud similar, hecha por don Ventura Carles y Busquets, un industrial catalán y comerciante, que ofrecía más garantías que don Mauricio, de que el proyecto era factible, se le concedió el permiso, y corría el mes de noviembre de 1801, quedo terminado el Patio de Comedias, que era como se denominaba por entonces los teatros y que se ubicaba en la calle Peña:

“Peña, y no Peñas, nos dice don Publio Hurtado, como la llaman las Ordenanzas Municipales, gentes que son un vivar de gazapos en los relativo a nombres de las calles y plazuelas, su antiguo nombre fue de calle de Juan de la Peña, y denominada luego por el apellido, por lo que es lógico que se la nombre en singular”.

Muy hermoso, bien dispuesto y decorado en sus principios, aunque envejecido, pequeño y más bien tosco en sus últimos días, resistió ciento y pico de años que pesan sobre su escenario, y en las mudanzas que en todos los órdenes sociales pasaron por sus puertas. Este teatro al que jamás se le puso nombre, les bastaba en sus días, para esparcirse y solazarse, después de sus trabajos y vigilias, admirando y aplaudiendo en las tragedias, dramas, comedias, sainetes, y demás repertorio de variedades, de los mejores ingenios nacionales y hasta extranjeros, y en el genero lirico, operas, zarzuelas, conciertos, tonadillas y bailables, más acreditados en los escenarios del suelo patrio, que, alternaban con pantomimas, juegos de predigistación, y funciones de ilusionismo, transformismo, hipnotismo, certámenes literarios y hasta mítines políticos. 

“Actrices, Manuela Morales, Rita Luna, la Catalá, la Moñino, la Pastor, la Muñoz, las Revillas, la Coronel, la Chiquero etc., Actores, Manuel García, Losada, Arellano, Muñoz, Navarro, Jauregui, Francesconi, Tallavi, y algunos más”.

Si, tambien invadió la política el teatro, y en las épocas de 1820-23 y 1833-37, en la que obligaba el Ayuntamiento liberal a los cómicos, a cantar himnos patrióticos, en desquite de la Cachucha, la Pitita, y otras tonadillas que el partido realista, habia obligado a entonar en los tiempos de su dominio. Varias veces, se valió de él, el Municipio, para dar funciones por su cuenta, para equipar con su producto las milicias locales, como tambien se hizo uso por parte de particulares, para findes de caridad.

A comienzos del último tercio del siglo XIX, llego desde más allá de los pirineos, una clase de literatura dramática. Llamada género bufo, tanto más aplaudida como disparatadas, su éxito lo tuvo en la desnudez de sus actrices, y en lo agradable de la parte musical. Para cultivar este género, un maestro de obras, de nombre don Francisco Escandón, construyo en 1884, un teatrillo de tablas, adosado a la fachada sur del Ayuntamiento, el sitio del Atrio del Corregidor “hoy foro de los Balbos” y donde con cuatro actores y cuatro músicos, ofreció diversión y solaz al público, y saco sus buenos beneficios.

Estos beneficios de empresa, excito la curiosidad de otros empresarios, al año siguiente, se erigió otro teatro, tambien de tablas, en la plazuela de la Concepción, otro en la calle del Matadero, llamado teatro de Matos, por ser este el apellido de su dueño, y se dio el caso de que doña Juana Elguezabal, solterona, heredera de un notario, ahorrativo y beato meticuloso, invertido los dineros que este le había dejado en construir en 1866, otro teatrillo en un corral en la casa numero 5 de la calle Nidos, con entrada por el numero 8 de la calle Moros “General Margallo” este se denominó, Teatro de Variedades, el que estuvo compitiendo con el de la calle Peña, hasta 1914, fecha de su demolición, por haberlo dejado su propietaria en su testamento de 29 de agosto de 1011, para construir en él escuelas católicas.

(fuente Publio Hurtado-Ayuntamiento)

(fuente Historias de la villa)

 


Agustín Díaz Fernández

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