CURIOSIDADES DE LA VILLA CACERENSE
CCL
Crónica
desde la calle Cuba de mi Llopis Ivorra.
Desarrollo
de la Población.
Servilio
y Licinio, que a si se llamaban los jefes de las de las legiones que se
vinieron a territorio cacerense, con el Cónsul Quinto Cecilio Metelo, que venía
en persecución de los Hermanos Hirtuleyo, generales de Sertorio, decidió
colocar su enseña, en la temporada de invierno en esta comarca, corría el año 140
antes de la llegada de Jesucristo. El primero, Servilio, Quinto Servilio
Cepión, emplazo su campamento en la actual población, denominándolo Castra
Servilia*, el segundo Licinio, emplazo el suyo en la dehesa denominada de
Cáceres el viejo, y le llamo no Castra Licinia, como podría ser natural, si no
que se le llamo Castra Caecilia, ensombreciendo así, la figura del vanidoso
Quinto Cecilio Metelo, en su afán de dejar siempre hullas de su paso por donde
marchaba.
*este
campamento, todavía esta por localizar su emplazamiento, no así el segundo que
esta bien datado y estudiado.
Castra
Caecilia, desapareció según creen algunos cronistas, tras el desolador embate
de los barbaros del norte, siglo IV, según otros cronistas el romano abandono
estos parajes a últimos del siglo II principios del III, no olvidemos que los
romanos eran gente de labranza y que una vez terminado los años de
alistamiento, 25, optaban a tener un terrenito de su propiedad donde poder
cultivar y vivir el tiempo que les quedara de vida, para eso creaban las
colonias, para dar tierra a sus veteranos, lo intentaron, pero esta tierra
nuestra es poco agradecía al sudor, y al final el romano, tuvo que recoger sus
bártulos y Via Lata y manta.
Ahora si
castra Caecilia, este bien localizado, Castra Servilia, creen algunos, como nos
relata don Publio Hurtado, se encontraba en la falda del cerro de la Peña
Redonda, como pretende localizarlo Fernández Guerra, sin pruebas de tales
comprobaciones, al no poder fijar su perímetro y no encontrarse vestigios del
tal, pero si es cierto que ocupó la parte alta de la ciudad, su recinto es una
realidad y sus murallas que lo circunda están a la vista, y aunque
reconstruidas por el moro, se pueden apreciar los sillares de la cerca así como
de las torres defensivas de su origen romano.
La
extensa área cercada, da idea de la importancia que la villa debio tener en
aquellos tiempos, más de una importante población, que, de un Vicus, o
municipio tributario de una colonia, ya que podía albergar a unas cinco mil
personas, numero muy elevado por entonces, en que ciudades como Tarragona que
era capital de la provincia a que le daba el nombre, y que abarcando la tercera
parte de la España, no contaba más que con seis mil habitantes.
Una vez
construido el pueblo, es natural que acudiesen a él, los autóctonos del
contorno, con in teres de disfrutar de las comodidades y de las relaciones
sociales que podía ofrecer la vida urbana, demostrando su engrandecimiento, el
gran numero de inscripciones conservadas , en as que figuran nombre ilustres y
universalmente conocidos , como las familias Cornelia, Celsa, Nigelia, Norbana,
Acilia, Albina, Rufa, Julia, Severa, Herenia, Capitona, Papiria, Sulpicia,
Quintina, y más de más.
No se
puede acreditar que todas estas familias, hubiesen venido a habitar en la villa
cacerense, desde su fundación, lo más probable es que se hubiesen inscrito en
su vecindario, cuando el emperador Otón, recordando su estancia por esta parte
de España, como legado de sus predecesores Nerón y Galba, envió a muchas
poblaciones de importancia, a familias patricias, para aumentar su contingente
y le diesen lustre.
Cuando
irrumpieron los pueblos germanos, debió de quedar mermado el vecindario, pero
cuando para este llego su final, fue cuando Leovigildo destruyó por completo la
ciudad de Norba Caesarina. Largo fue el proceso de reconstrucción y
repoblación, siendo este periodo histórico el de la denominación agarena,
cierto es que durante este periodo, el área urbana no se ensancho, ya que tenía
bastante espacio para albergar vecinos y gente de armas, estos, militares,
serian la mayoría de los habitantes de la antigua Norba, y que según cuenta el
cronista y Obispo de Tuy, don Lucas, tuvo que ser durante muchas años unos de
los presidios mas importante de la región, y según el Obispo “Oppidum
Fortissimun Barbarorum”
Rescatada
definitivamente a los moros, por don Alfonso IX de León, y dando pruebas de su
estima por esta villa, y que tenia en su mente hacer de ella, un extenso
distrito, la señalo un amplísimo termino, para que, con sobrados elementos de
vida, se multiplicase su vecindario, abortando así el recelo que este abrigaba
a perder en un principio de perder cuanto se tuviera, en el acaso que tornaran
a apoderarse los musulmanes de la villa cacerense.
Prohibió
a las ordenes militares religiosas, que tuviesen propiedad inmueble en la
villa, dio a esta un solo Fuero, para nobles y plebeyos, eximio a sus
pobladores del pago de *montazgo y de pedagio*, desde el Guadiana hasta
Cáceres, los relevo de toda deuda y compromisos contraídos antes de que la
villa fuera reconquistada, y así les dio un mes de feria, tiempo en verdad
excesivo, pero por el cual el Rey procuraba que los feriantes se aficionasen al
medio ambiente cacereño, y se llegaran a establecer, si no todos en números
aceptables.
*Montazgo,
era un tributo que los ganaderos, pagaban al Estado, y era por el paso de
ganado de un territorio a otro, antiguamente se le conocía como la Sierra de
los Extremeños.
El
Pedagio, era otra contribución que se pagaba por pasar los puertos, las barcas
atc. *
Moros,
debieron de quedar pocos en la localidad, los que si quedaron fueron judíos,
gente que convive con todos los pueblos
y todas las religiones, y que casi en su totalidad moraban en el barrio de San
Antonio de la Quebrada, con su sinagoga, en el mismo sitio que hoy ocupa la
ermita dedicada a la advocación del Santo Antonio de Padua, y que antiguamente
se la denominaba Judería vieja, aquella
parte de la poblacion, la Judería Nueva, se crearía dos siglos más tarde, y que
discurría por la calle de la Cruz y
adyacentes.
Pareced
que los monarcas que sucedieron a Alfonso IX de León, heredaron con el cetro,
en interés por la villa cacerense, lo demuestra el deseo que tuvieron de
engrandecerla y dignificarla, y como el mejor medio para ello, era el
concederle franquicias y privilegios, y fueron muchos los que le prodigaron,
ofreciendo tierras a los que se viniesen a asentar, ya, que los que quisiesen
asentar y viniesen después tendrían que pagarlas, ya, prolongando hasta por
sesenta años a los vecinos el derecho de no pechar y limitando a un maravedí,
la contribución de que tuviese la obligación de abonarla en los años sucesivos, ya,
prohibiendo que en Cáceres y en su término
hubiese alcaldes y entregadores de los pastores de la Mesta, ya
excusando a los paniaguados de los caballeros de la villa del pago y tributos y
formada, ya volviendo a declarar exentos de pechos durante seis años a los que vienense
a poblar en ella, ya prohibiendo que en Cáceres hubiese pesquisidores ni
alcaldes de *sacas, ya eximiendo a los vendedores de predios rústicos del
impuesto de alcabala de yerbas.
*Estos
privilegios y concesiones a la villa cacerense, están recogidas en el fuero
otorgado por Alfonso IX y posteriores monarcas*
*Sacas,
Real Carta, concedida por Pedro I, expedida en Toro en 26 de noviembre de 1355,
Sacas se denominaba a la exportación de géneros*
Estas
disposiciones y alguna que otra más, produjeron el efecto deseado, vivir en una
poblacion regular, y amparados contra todo señorío, y libres del pago de tantos
impuestos como abrumada a propietarios e industriales en otros lugares del
reino, ofrecía gran atractivo, y así las cosas, los que más acudieron fueron
hijosdalgos y segundones, de familia de lustre pero de escasas bolsas, tras las
faldas y al olor de tanta rica hembra como en la villa cacerense se criaba, con
cuyas dotes y caudalosas hijas , añadieron los prestigios del dinero a lo
ilustre de la alcurnia, así fue como se creo en la cerca amurallada por el
romano, y fundaron grandes casas y mayorazgos, pudiendo decirse que a partir de
estos matrimonios es cuando comienza la creación de una nobleza autóctona.
Durante
los primeros siglos, la población no rebasó los muros de la villa cacerense,
pero al poco de la conquista definitiva por Alfonso IX de León, se empezó a
construir viviendas fuera del cercado amurallado, esto no se debía a que la
poblacion se hubiere multiplicado en demasía, más al contrario, su decaimiento
fue lo que inspiró a los sucesivos monarcas, la concesión de los distintos
privilegios y disposiciones más convenientes para su repoblación.
La causa,
la de siempre, la gente poderosa de la nobleza empezó a construir sus grandes
caserones y amplios palacios, dentro del recinto amurallado, al ocupar tanta
superficie cada casa fuerte, absorbía el perímetro de varias viviendas antiguas,
como, por ejemplo:
Palacio de la diputación Provincial del conde
de Torrearias, de Ulloa y Golfines respectivamente, componen una manzana, que
rodean la parte posterior de la Concatedral Santa María, forma uno de los
costados de la calle Amargura, baja el Adarve y tuerce, completando unos de los
frentes de la plazuela de los Golfines, en todo este perímetro, nos cuenta el
cronista que, se encontraba hasta diez y siete casas, y más de los mismo, onde
hoy se encuentra el Convento de los Jesuitas de San Francisco Javier, donde se
llegaban a contar quince viviendas, el solar del palacio de la Generala y la siguiente la de los Ovando-Mogollón hoy de
los Duques de Adanero, frente al Arco de Santa Ana, se contaban trece casas, la
de los Mayorazgo y Ribera, donde había hasta doce casas y así más de más, todas
estas construcciones fueron echando a la gente pobre del recinto defendido por
murallas, ¿de cuando el pobre come en mesa de señoritos?.
Así las
cosas, al disminuir las viviendas dentro de la cerca fortificada, y como es
lógico, creció extramuros, donde fueron buscando acomodo *pecheros y
menestrales, siendo las calle de Caleros, Hornillo y Cuesta del Maestre, las
primeras que se formaron, buscando el agua del manantial, siglo más tarde sería
Fuente Concejo, y el amparo de las barbacanas en caso de apuros por el ataque
del moro, y al tener fácil acceso a la población por las puertas de Coria y del
Rio.
*pecheros:
persona
que estaba obligado a pagar impuestos a un Rey o a su Señor, también eran
llamados Villanos o Plebeyos, se oponían en materia fiscal a los ricoshombres,
estos exentos de cargas.
Menestrales:
Personas
que tienen oficio manual*
Terminando
el siglo XIII, se habían ensanchado las edificaciones hasta la Iglesia de
Santiago de los Caballeros, adosadas otras a las murallas, lindaban con la
Torre de Bujaco, enfrente de estas, el campo, que después sería la Plaza Mayor,
sitio este el más llano de fuera de las murallas, pero en pendiente, donde los
de raza judía, al punto entendieron con su natural facilidad para los negocios,
la gran posibilidad que ofrecía la zona, y así fue, al poco se convertiría en
el centro de contratación de la villa, entonces alzaron sus viviendas, en el
terreno comprendido entre la Torre de Bujaco y hasta la Puerta de Coria.
En muy
pocos años, formando un rectángulo, quedo poblado aquel descampado y sus
cercanías, viendo tal, se vieron en la necesidad de dar crear un acceso a la
villa intramuros, ya que desde la puerta de Coria hasta la del Postigo, habia
un trecho excesivo y además, El Postigo ofrecía gran dificultad al paso, por lo
escarpado del lugar y los peñascos que lo acompañaban, motivo por lo que a este
sitio se le conoció como Piñuelas “Peñuelas” abrieron una puerta y como al ser
la más reciente construcción, lógicamente le pusieron el nombre de Puerta
Nueva, esta puerta fue ampliada en 1726 a costa de don Bernardino de Carvajal y
Moctezuma, conde de la Enjarada, y con la dirección de don Manuel de
Churriguera, a la que el pueblo dio el nombre de Arco de la Estrella, por ser
la advocación de una imagen, colocada en hornacina sobre la clave del arco,
constituyendo esta puerta, un monumento más de la villa cacerense.
Al compas
que se tendía la urbanización de las calle de Moreras, Sancti Espíritus, Ríos
Verdes y calle Empedrada “General Ezponda”, todas cercanas a la Plaza Mayor, en
el transcurrir del siglo XIV, surgían tambien, las calle de Pintores, corredera
de San Juan, calle Grajas “Donoso Cortes”, Carniceros “Sergio Sánchez, Calle
Solana, Gallegos, Hornos de Ribera, hasta el Potro de Santa Clara, “El convento
que le dio nombre, no se empezó a edificar hasta 1593” por entonces el Potro de
Santa clara, era el ejido de la villa, en mucha pendiente, abrupto y tortuoso,
donde no existían edificaciones ,a pesar de estar allí mismo la Puerta de
Mérida.
Acudían a
sus devociones el vencindario de estas últimas calles, a un pequeña ermita o
santuario que componía parte de una de las manzanas e casas que limitaban la
corredera por la parte Sur-Este, distante en unos ocho metros de la actual
iglesia de San Juan, ermita que más tarde se convertiría en horno de cocer pan,
derribada para ensanchar la Corredera, que resultó insuficiente por los
reducido de sus dimensiones, y el incremento tomado por el vecindario y sus
cercanías, se edificó la iglesia parroquial de *San Juan Bautista,
de cuyas obras hay noticias en 1372, y que en principio se llamó san Juan de
los Ovejeros, no se sabe si por razón de una familia de mucha antigüedad y
calidad, apellidada Ovejeros, que ayudase en la construcción del templo o en
los decorados, o por inscribirse en su feligresía, los forasteros que acudían a
establecerse en la villa, siendo en su mayoría, ganaderos y pastores.
*San Juan
Bautista, en cuya feligresía se inscribían los forasteros que acudían a
avecinarse a la villa cacerense, es de una sola nave, y su construcción data de
1372-1380*.
Andando
la historia, llegaron tiempos de don Juan I de Castilla. que tratando de
reivindicar para su esposa doña Beatriz de Portugal, hija de don Fernando Rey
de Portugal, la corona de su padre, se enzarzo en guerras contra los
portugueses, le fue regular, digamos que la suerte le fue adversa en la batalla
de Aljubarrota, tenida lugar en 1385 durante la tarde del día 14 del mes de
agosto, en el mismo centro de Portugal, ocurrió que entrando victoriosos los de
Portugal, al año siguiente en nuestra
provincia, incendiaron y arrasaron la Aliseda, Arroyo del Puerco y algún pueblo
que otro más, y hasta vinieron sobre Cáceres poniéndole sitio, como no pudieron
tomarla, la incendiaron y destruyeron la mayor parte de lo edificado fuera del
recinto amurallado.
(Fuentes
Publio Hurtado-Ayuntamiento Cacerense)
(fuentes
Floriano Cumbreño-Historia de Cáceres)
(Fuentes
Antonio Rubio Rojas-Cáceres Villa)
(Fuente Orti Belmonte-Conquistas)


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