CURIOSIDADES DE LA VILLA CACERENSE

                                     CCL

Cáceres

Crónica desde la Calle Cuba de mi Llopis Ivorra

Desarrollo de la Población (II)

En el capítulo anterior veíamos como, andando la historia, llegaron tiempos de don Juan I de Castilla. que tratando de reivindicar para su esposa doña Beatriz de Portugal, hija de don Fernando Rey de Portugal, la corona de su padre, se enzarzo en guerras contra los portugueses, le fue regular, digamos que la suerte le fue adversa en la batalla de Aljubarrota, tenida lugar en 1385 durante la tarde del día 14 del mes de agosto, en el mismo centro de Portugal, ocurrió que entrando victoriosos los de Portugal, al año siguiente  en nuestra provincia, incendiaron y arrasaron la Aliseda, Arroyo del Puerco y algún pueblo que otro más, y hasta vinieron sobre Cáceres poniéndole sitio, como no pudieron tomarla, la incendiaron y destruyeron la mayor parte de lo edificado fuera del recinto amurallado.

Se reconstruyó la poblacion en tiempos más o menos corto, pero ya en durante el siglo XV, se contaba como formadas las calles de Fuente Nueva, Camino Llano, San Antón, Parras, Barrio Nuevo, Valdés, de los Mártires, (después Moros, por haberse instalado en sus casas muchos de esta condición, hoy Calle del General Margallo), Nidos, Juan de la Peña, Calle Roa, mas tarde calle del Organista, hoy calle de Pedro Sande, o de Sande, y calle Villalobos, esto nos conduce a que en tiempos de los Reyes Catolicos, últimos del siglo XV, la villa Cacerense, era lo que hoy podemos ver en torno a la ciudad amurallada.

El vecindario, como era de proveer, habia subido en número, y según se expresan en las Ordenanzas que sus Católicas Majestades, dieron a la villa en 1479, al resolver quejas de los Judíos por razones de la contribución que el consejo les imponia, el número de vecinos subía hasta los dos mil, hasta entonces nunca habia ascendido a tantos, pero al poco volvió a pronunciarse su descenso, con la expulsión del pueblo judío primero, ya que la Aljama cacereña era la mas numerosa de Extremadura, según rezaba el empadronamientos realizados en tiempos de don Juan II, y en segundo lugar, con el desbordamiento de la poblacion hacia el Nuevo Mundo, marcharon gobernantes de prestigio como, Nicolas de Ovando, y aventureros, ilustres y afortunados, Vasco de Porcallo de Figueroa, García Holguín, Juan Cano de Saavedra, Francisco Godoy, Lorenzo de Aldana, Francisco de Villalobos, Perálvarez Golfín, y otros muchos más, todos cacerenses, abrieron las ganas de partir a tantos y tantos paisanos, para perseguir la fortuna, abandonando sus casas en busca de las riquezas del continente recién descubierto, y pasó, lo que tenía que pasar, partían cien y de ellos noventa y nueve, perecían, bajos los ataques de los nativos, o los rigores del clima, o de hambre, pero de estos no cuenta la historia, el cronista nos habla del uno entre aquellos cien, que regresaba con la bolsa a reventar, ejerciendo un reclamo al que no se podía resistir, dejando siempre la válvula de la emigración abierta.

Las bajas en la poblacion sufridas por estos expedicionarios, la compensaron medio siglo después, los moriscos llegados a la ciudad feliz, y que fueron los que correspondieron a la villa cacerense, con el reparto que de ellos hizo el gobierno de Felipe II, los primeros llegaron en 1570, y los segundos en 1585, esta remesa debía de componerse de 150, que conducidos por el Capitán Diego de Velasco, pero no llego a Cáceres nada más que con las dos terceras partes, advertido de este hecho por el Corregidor, así como las listas que el conductor le hizo entrega, estaba falsificadas, mando se investigara sobre la causa de tal  irregularidad, y hasta llego a procesarle, aunque el cronista no ha podido  averiguar cual fuel el final de este proceso.

La mayoría de estos moriscos expatriados eran naturales de Baza, Guadix, Benamaurel, Andarax y Cúllar, y fue tan pacíficamente con la que se asentaron y la laboriosidad y honradez, que cuando su majestad don Felipe III, decretó su expulsión de los dominios españoles, en 1609, el ayuntamiento cacereño, presentó al Monarca los perjuicios que principalmente a la agricultura iban a originarse con esta medida, al menos en esta localidad donde los moriscos , que vivían con tanta paz, y cristianamente, siendo estos los principales elementos de la industria agrícola, el rey , pidió información y después de hacer consultas con el Obispo de Coria, derogó el decreto , en lo que a los cacereños se refería.

Y así continuaron sus vidas en la villa cacerense, y enlazaron con los cristianos viejos, y como al convertirse a la fe católica adoptaban los apellidos de sus padrinos, o de sus patronos, o de sus favorecedores y hasta del cura que los bautizaba, resultaron muchos de apellidos. Torres, Hernández, Ávila, Gutiérrez, la Rosa, Ramos y García, a más de los ya existente en la villa de estos apellidos.



Corrían malos tiempos, y el vecindario no crecía, motivo, las guerras de la Independencia Portuguesa y la sucesión al trono de España, (1580), pero se dio un hecho extraordinario, y es que cuando más empeñada estaba la contienda entre los dos reinos, mayor era el numero de portugueses en la villa cacerense, tanto fue el número de portugueses llegados que el Municipio temeroso que en un momento dado, se alzasen en ayuda de sus compatriotas, en el caso de que estos se acercasen a la poblacion de Cáceres, emitió consultas al Consejo de Castilla, en cuanto lo que se debía hacer, este ordenó que fueran incorporados a sus milicias, dándoles cabos castellanos, para demostrarles que se tenía confianza en ellos, con el fin de que correspondiesen a estas, dándoles así a que procedieran con corrección. Otra verdadera ruina para el censo de vencindario, así como para toda España, fue la lucha contra las tropas de Napoleón, verdadera ruina en todos los conceptos.

Fue la industria pecuaria, la que aporto de siempre más al censo local bastantes nombres, siendo el pastoreo el de mayor destino más adecuado y provechoso que se dio en esta región desde el más remoto de los tiempos, a las excelentes dehesas bajaban a invernar los copiosos rebaños de la sierra leonesas, burgalesas y sorianas, con ellas, sus dueños, rabadanes y zagales, quienes asentaban temporalmente sus viviendas en la villa cacerense, o en sus contornos, estableciéndose en la zona definitivamente muchos de ellos, bien porque se casaran con mujeres de aquí, bien porque sus intereses así o reclamaran, o bien por la bondad del clima, muy diferente en benignidad, comparado  al de sus lugares de partida. Y en verdad que eran muchos, solo apuntar que existían en el partido cacerense, 339 dehesas, y todas o casi, ocupadas por los serranos.

Ya, durante la segunda mitad, del siglo XVIII, el caserío abundo mucho, el Presbítero don Francisco de Luna, construyó el barrio de casas que lleva su apellido, el comerciante Juan Busquets, edifico el que conocemos por ese nombre, el Ganadero Vicente Marrón, el barrio conocido por este nombre, años después, a finales del siglo XVIII, el banquero José García Carrasco, construyó la barriada de casas de Carrasco, que constituye la calle de Carrasco, que parte de lo que más tarde conoceríamos como calle de Camino Llano, hacia los años treinta del siglo XIX, Teresa Berrocal, ganadera, carnicera, tabernera y muy patriota, edifico el llamado barrio de la Berrocala, más tarde los mercaderes Calaff las casas de este apellido, el veterinario Antonio Cotallo, las casas de Cotallo, y una sociedad constituida para la ocasión, añadió a la villa el barrio de Ceres, coetáneo de las calles Trujillo y Canterías.

Seria de gran aumento de la poblacion y del censo Municipal, la instalación de la industria fosfato minera en 1864, a favor del cual, surgió durante los años 1875-80, la barriada de casas denominadas de Aldea Moret, siguiendo el aumento de la poblacion con la industria corchotaponera, reclamos los mismo la una como la otra de gentes forasteras, muchas de ellas levantiscas y maleantes, que hicieron perder en parte al antiguo vecindario, su condición sumisa, pacífica y bondadosa.

Pero el caudal más abundante de vecinos, lo trajo la burocracia, desde que el Gobierno Constitucional, reaparecido a la muerte de Fernando VII, comenzó a desenvolver los principios económico-administrativo, que constituían las enjundias del sistema, de maquinaria cada vez más complicada, y cayeron en Cáceres, los empleados públicos como fuego graneado, los cuales tiene convertidas hoy en dia en hormigueros humanos las oficinas del estado, y así el radio urbano empezó su prolongación.

Con todo, esta villa cacerense, mejor dicho el censo de la villa, fluctuó entre 1500 a 1700 vecinos, para un total de 6000 0 7000 almas, y en número, contaba en 1828, 121 calles y 6412 moradores, en 1900 habia subido a 138 calles con 2061 casas y 10933 vecinos, y en 1914, 144 calles y 2250 edificios y 18085 moradores,  para llegar un siglo después a 97000 vecinos, como puede apreciarse no ha sido rápido el incremento de poblacion, quizás por falta de espíritu de asociación, si de la unión nace la fuerza, de esto poco o nada hay que buscar en Cáceres, y así nos ha ido, así nos fue y así nos va.

(fuente Publio Hurtado-Ayuntamiento y) 

(Fuente Floriano Cumbreño-Historia de Cáceres)

(fuente Antonio Rubio-Cáceres Villa)

(Fuente Orti Belmonte-Las Conquistas)




Agustín Díaz Fernández 

  

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