CÁCERES Y LAS AGUAS

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Crónica desde la calle Cuba de mi Llopis Ivorra.

En Cáceres, el uso del agua de la Ribera del marco, obligó a crear normas u ordenanzas municipales que sirvieran para organizar el uso de las aguas y el cauce de la mencionada Ribera, este cauce se llega a denominar rio, o también como la Madre, las ordenanzas de uso de estas aguas de la Ribera, fueron registradas en el año de 1494 y con fecha de 1 de enero, durante el reinado de Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón, los conocidos como Reyes Católicos.

Más todo o casi se basa en la forma de entender, como ejemplo tenemos la Ribera que algunos avisados dieron en llamar rio y es que quizás visto hoy sea pelín exagerado , pero hay que tener en cuenta que por el siglo XV el aspecto de la Ribera tenía que ser muy diferente, regaba huertas, el agua hacia de fuerza motriz para accionar batanes, tintes y curtidurías, y con suficiente fuerza para mover veinticinco molinos harineros, todo estas industrias que se movía con el agua del cauce de la Ribera, con las ordenanzas de 1494 tenían días establecidos.

Pero también se sacaba provecho de las aguas del colerizo y una vez se hizo la traída de agua a finales del siglo XIX, rompió el equilibrio de la zona y el acuífero del Marco, o Fuente del Rey, y fue entonces cuando la actividad industrial de la zona recayó, exceptuando lo de las huertas de hortalizas y frutales, más los molinos y batanes etcétera desaparecieron a la vez que otros medios tradicionales surgidos en sus orillas.

El uso del agua, con las ordenanzas municipales quedó perfectamente regulado y un buen control del tiempo de uso, el no cumplimiento de las normas quedaba sujeto a penas pecuniarias por el uso fraudulento de la misma, por el encargado de Guarda de Casa.

Aunque la posición de la villa cacerense por su término Sur, permitía que aflorara agua, cierto que, con intermitencias, también las aguas de la Ribera permitieron que, las aguas ricas en nutrientes subieran a la superficie, también sufrió la desaparición de cursos de aguas como el de los Caños de Santa Ana:

“Santa Ana, que dista media legua de Cáceres, ubicada en un ameno valle donde sale un copioso raudal de agua y que en cierto tiempo corre” *

(Benito Simón Boxoyo-noticias)

Se originan raros movimientos que tiene las aguas de una fuente que hay en el término de la villa de Cáceres, y que llaman Caños de San Ana, los cuales y habiendo estado en silencio por espacio de siete años, comienza a correr el agua repetidamente en diversos días del año con grande abundancia de caudal y que lo mismo corren hasta siete meses seguidos y estos, pasados cierra su curso también repetidamente, siendo estas alteraciones producto de las surgencias del agua.

Según nos cuenta el cronista, y desde últimos de del siglo XV y durante el XVI, el levantamiento de fuentes se hace con relativa frecuencia, y siempre sobre manantiales próximos y alrededores de la villa cacerense, el agua que, aun en varias fuentes sigue su funcionamiento, aunque su mantenimiento sea causa de preocupación por parte de la autoridad competente.

Las fuentes que estaba situadas cerca del calerizo, se comportaban de formas diferente que llamaba la atención, y de ella de cuenta Marineo Siculo, este historiador secuenció esta cuestión y sucesivamente todas Las que hablara de Cáceres, en las que, hacia una referencia por la época en cuestión, aunque no tenían muchas razones científicas, el recurría a las explicaciones de Seneca:

“El afloramiento de aguas que ricas estas en nutrientes más frías, afloran o ascienden a la superficie, ese es el motivo por lo que estos caprichos del agua subterránea de los terrenos calicós, o relieve originado por la nutarización químicas de determinadas rocas como la caliza, yesos etcétera que siempre estuvo presente y a la que había que añadir las nuevas fuentes surgidas tras el terremoto de Lisboa de 1755.

Este suceso del terremoto de Lisboa, aunque lejano en leguas, hizo que se alterara el comportamiento natural de las aguas en algunas fuentes, provocando la aparición de otra fuente junto a la del Rey, de esta fuente nada ni nadie tenía conocimiento ni noticias de ella, y esta fue reclamada por Álvaro de Ulloa, alegando “encontrarse cerca de la huerta de su propiedad y donde antes no se conocía fuente y por no hacer falta el canal principal, ya que hasta el año de 1755 se pasó sin él”.

A parte de las fuentes dedicadas a surtir de agua de boca a los habitantes de la villa cacerense, también estaban las charcas, cuya utilidad era la de abrevaderos para los ganados, ejemplo: la del Gallo, la del Rodeo, la del Oso, o la de la falda del Teso junto a la Mejostilla, la de los Mártires, que se encontraba donde hoy el Colegio Delicias (Peregil) por aquello de que tuvo un director llamado Pérez Gil, la de los caballeros del Espíritu Santo, todas estas charcas se encontraban a las salidas de la población y más próximas a los caminos.

El acuífero de Aguas Vivas, era más de los mismo que, en cuyas inmediaciones se encontraban aparte de la de su nombre, otras fuentes y huertas, como la de Vacía Barriles o la de Hincha Barriles, esta última era conocida como la de Hinche, la de Barba, y las de la Doncellas y la de la Burrera, está en el camino nuevo hacia el Casar de Cáceres, no faltaban, los recursos de aguas menores, estos tenían un cauce de aguas más o menos continuidad.

Con la recogida de aguas de lluvia, que proviniendo de las zonas altas de la antigua villa algunas de estas fuentes veían como aumentaba su caudal, por ejemplo, Rio Verde que, incluyendo el aporte de cauce procedente de la Peña Redonda y que desagua en San Blas, por la calle Nidos, y que se unía al cauce del regato de Regajos, este regato se iniciaba en las Heras de los Mártires, y cuyas aguas seguían su cauce hasta el Puente Vadillo.

Otro cauce de agua, como el de Aguas Vivas, servía para marcar las cotas de altura como la de la Peña Redonda y el Cerro del Rollo (Paseo Alto), así como las de la Sierrilla que, para pasar este cauce era necesario construir un puente con pontones, pero ocurría que frecuentemente se encontraba en muy mal estado para su uso. El abastecimiento de agua para la ciudad se paliaba con Aljibes, o cisternas o pozos, más esto resultaba insuficiente en las épocas de sequias.

La apertura del aljibe de la casa de las Veletas, este de mucha capacidad, permitía el reparto de agua de boca entre la población.

 

 Menciona de pasada el cronista de la época

“la Sierra de San Pedro, zona esta de mucha y gran importancia, donde tras la conquista por el cristiano de las tierras cacerenses, se procedió a las reparticiones de terreno entre los primeros pobladores, y la concesión de territorio municipal de la villa, estamos en la primera mitad del siglo XIII.

El Catedrático Floriano Cumbreño, nos cuenta que de siempre los cronistas nos hablaron de las murallas de orígenes romanos y que, cualquier ciudad con la robustez de sus muros y que desde la antigüedad tienen carácter de inexpugnables, esto nos indica que nunca jamás fue tomada ni por asaltos ni por asedios, ni por las armas de hueste enemiga, y que algo de esto debió de suceder con Cáceres, sigue comentando el señor Floriano, que la toma de la villa por las tropas d Alfonso IX de León y Galicia, poco o nada tuvo que ver con la defensa de sus murallas.

Más en Cáceres se habla de murallas romanas pero con las evidencias del añadido Almohade, aunque también pudieran tener procedencia de un primer circuito tardo antiguo, realizado con torres adosadas más o menos próximas entre sí, siguiendo el arte de la arquitectura militar de la defensa y del ataque de la plazas fortificadas como ciudades y castillos siguiendo el arte de atacar y defender las plazas de moda en el momento, y para ello fueron utilizado los elementos constructivos procedente de los antiguos edificios de la época romana.

Y nos encontramos con que el circuito murado, fue remodelado y actualizadas sus defensas en el siglo XII, con la llegada de los Almohades a Cáceres, siguiendo la tradición de las fortificaciones diferentes, como implicaba la dependencia de torres en ángulos o torres albarranas, construidas mayormente en tapial, excepto en algunas que se utilizaron piedras, y a colocadas a una distancia pautada, eso sí, utilizando el material de épocas anteriores.

En las cotas superiores del cercado romano, el Alcázar y la Gran Mezquita ocupaba la zona donde siglos después, se levantara la iglesia de San Mateo, junto con las Casas de Diego de Cáceres y Ovando y la Casa de las Veletas. El espacio de la Alcázar de carácter islámico fue desmantelado como tal a partir del siglo XIV para terminar privatizándolo en el transcurso del siglo XV, cuando en reinado de los Reyes Católicos y que impide determinar el perímetro que le correspondía, aunque tuvo que ser una Alcazaba impresionante, quedando como único elemento como muestra un maravilloso aljibe del siglo XII en la Casa de las Veletas.



La fortaleza de las murallas cacerense, siguen la lógica de la presencia en su interior de otros recintos privados, y así nos encontramos con que la nobleza cacereña elevo sus casas fuertes aa lo largo del siglo XV y XVI, y ya fuera por las desavenencias con la nobleza local, se vinieron en la necesidad de fortificar sus torres con todos los dispositivos bélicos de la época.

Y nos encontramos en que el desarrollo urbanístico de la villa cacerense durante el siglo XVII, no había variado en casi nada desde el siglo anterior y así se mantendría hasta el siglo XIX, se había ido construyendo siguiendo el dispositivo defensivo, creado sobre todo como prevención de que llegase a la villa la tan temible peste que se estaba extendiendo desde la Andalucía, el cronista nos cuenta que, los sistemas preventivos ya habían creado espacios siguiendo la línea de defensa creadas a mitad de siglo como causa de la guerra con Portugal, la mayoría de las casas tal y como se pueden ver ahora, eran solares con usos que no eran necesariamente domésticos al igual que algunas callejas muy estrechas, que se encontraban tanto en los arrabales como en la zona intramuros, estos en su mayoría ya desaparecidos al incorporarse a las viviendas más cercanas, estamos en el siglo XVIII.

Para la línea de defensa contra la peste se establecen portillos en San Antón, este era punto de salida hacia Badajoz y Portugal, En la calle Moros, hoy General Margallo, y en San Lázaro, dirección Trujillo y Madrid, portillo de San Antonio, qhe seguramente correspondía con la Puerta del Rio o Arco del Cristo, y en relación con el abastecimiento de agua de boca de la ciudad desde la fuente del Concejo, Portillo del Camino Llano, este estaba situado  muy cerca del puente de San Francisco, desde este punto confluían los caminos de Mérida y Andalucía, y según parece otra puerta en San Blas, dirección carretera de los Cuatro Lugares, pero también era salida para las actividades necesarias para el funcionamiento de la villa, huertas, batanes, molinos etcétera.

También el cronista cita el portillo de la calle Parras y que estaría ubicado cerca de la calle Alzapiernas, coincidiendo con la continuación de la Vía Lata, este Partía la comunicación con Barrio Nuevo y el entorno de la Concepción, de fácil entrada hacia Ríos Verdes, aquí al parecer tenia una reja en la calle Sancti Spiritu, muy próxima a la calle San Justo, despaldas calle Nidos, y nos cuenta que esta sería una valla de difícil acceso, que dificultaba el control de las entradas y salidas de la villa cacerense.

Cáceres y la Virgen de la Montaña en tiempos del colera

“1763, que con motivo de la última guerra contra Portugal y en que habiendo establecido en esta villa de Cáceres, varios hospitales para las tropas de España y Francia, se experimentó una fuerte epidemia de tabardillos, de las que fallecieron seis mil personas, entre tropa y paisanaje,   llegando el caso a cerrar muchas casas por haber muerto todos sus habitantes, y no siendo capaces los pavimentos de las cuatro parroquias para dar sepultura a los cadáveres e destinara ermitas y campos bendito para ello en tan grave conflicto, bajó la Santísima Virgen a este villa y parroquia de Santa María, el día 12 de Enero del año de 1763, donde se celebraban las acostumbradas funciones y procesión general por el pueblo, habiéndose celebrado estos actos, va serenándose y extinguiendo totalmente la terrible epidemia.

(Benito Simón Boxoyo)

“Más sufrió esta villa cacerense, un fuerte contagio de peste, estamos en el año de 1665, y según las crónicas, este brote lo introdujeron en la villa, unos soldados de infantería del ejército Portugués, que entró en la población n el mes de julio y que volvían hacia su país tras la batalla de Villaviciosa, donde nos dieron hostias a los españoles hasta en los cordones de las alpargatas, ¡menos mal, que de esto no sabe nada un tal Abascal, de lo contrario ya hubiera invadido el país vecino, menudo es el aire para el candil! Lo cierto es que los portugueses nos metieron las cabras en el corral y encima de las hostias que nos dieron, nos contagiaron con la peste, esta batalla se celebró el día 17 de junio de 1665, batalla de Villaviciosa o de Montes Claros que así tambien se llamó, esta batalla estaba dentro de la restauración portuguesa, donde los españoles nos dejamos hasta el apellido, 4000 muertos y 6000 prisioneros, contra 700 portugueses que dejaron allí su vida (Vila Viçosa).

Y como prevención para tratar de paliar los contagios un tal don Bartolomé Sánchez a la sazón medico principal del Hospital de la Piedad, ordenó se ingresasen a estos veinticinco infectados y se procedió a suministrarle la extremaunción, y cerrar las puertas de que daban acceso a la villa como la de la Consolación y la de Barrio Nuevo, pero más para evitar la entrada era para prohibir la salida.

Más estas medidas resultaron improcedentes, ya que no pudieron evitar que el contagio llegara a todas las casas y casi a todos los vecinos que se vieron infectados por este brote de peste, legando a morir unos cuatrocientos vecinos en aquel año terrorífico de 1665 y dándose la casualidad que solo se libraran las monjas y los frailes dominicos porque, decidieron no salir de sus claustros ni aun para asistir a los infectados, tampoco la tropa se quedó a salvo, ya que una gran mortandad se llevó a 438 soldados, estos, habían sido alojados en el Camino Llano, y en los aledaños de la ermita de San Antón.

Ermita esta que fue levantada en el siglo XVI en la calle del mismo nombre, es decir calle de San Antón, donde se celebraba su fiesta el 16 de enero, y según don Publio Hurtado, al igual que otras seis ermitas más que se construyeron por aquella época, y que fueron como penitencia que impusiera el Papa a la familia Carvajal, y como consonancia de haberse traído a Cáceres un fragmento del Lignum Crucis, y hacerlo sin permiso ni consentimiento, pero otras cronistas no creen que ese sea el origen de esta ermita de San Antón de los Escambrones, que así era llamada.*

(*Corrales Gaitán)

(Fuente Licenciado Juan Rodríguez de Molina)

(Fuente Martin Cerrillo)

(Fuente Floriano Cumbreño)



Agustín Díaz Fernández

 

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