EL RETABLO DEL MAESTRO BERRUGUETE

     Iglesia de Santiago el Mayor

    Santiago de los Caballeros, siglo XIII

                                     Cáceres

                                          CC

Crónica desde la calle Cuba de mi Llopis Ivorra.

Corrían los días 24 o tal vez el 25 del mes de noviembre del año de 1557, cuando nos encontramos con el maestro escultor don Alonso de Berruguete, por la calle Camberos, dirección iglesia de Santiago el Mayor, según contaba iba a otorgar escritura de contratación del retablo de la iglesia ante el notario Diego Pacheco, debía de andar el maestros por aquellos entonces en la edad de sesenta y ocho años o incluso haber llegado a los setenta, que eran los que aparentaba en realidad, y por entonces le quedaban cuatro años de vida, pero claro el aún no lo sabía, la parca entro en su taller con el encargo de que le tallara su rostro allá entre los días 13 y 26 de un mes de septiembre del año de 1561.

Pero volvamos a 1557, cuando el maestro todavía vivía, y otorgo la escritura de contratación, y sucedía que, pasaba ya un año y más que los maestros canteros habían otorgado la última carta de pago y finiquito, por la obra de elevación y tendido de los arcos, ha estaba puesta y terminada hacia cuanto ha las cubiertas, y tan solo quedaba la retirada de andamios para quedar la nave desembarazada y lista para recibir el encargado retablo, esta escritura finiquito fue otorgada por el día 26 del mes de marzo del año de 1556, por Francisco Moreno, cantero de profesión, y por un valor de seis mil maravedis, esto fue por labrar un pie de jarjamento, que es el arranque de un arco o una bóveda, en uno de los rincones.

Más sucedía, que, en este espacio de tiempo, la muerte vino a ver al Arcediano don Francisco de Carvajal, gran mecenas de la iglesia de Santiago, y los testamentarios de tan esclarecidos eclesiásticos se apresuraron a cumplir sus últimas disposiciones.

El Maestro escultor Alonso de Berruguete, se conviene con ellos en construir un retablo, colocado, pintado y estofado y dorado, haciéndose la distribución de su historia y que minuciosamente se enumeran las capitulaciones según la disposición de una traza y en la misma forma las fechas ya comprometidas en las capitulaciones.

*durante esta enumeración, el escultor nombra repetidas veces el foso del letrero, y (que agora este dorado), hasta el siglo XX el letrero existía, pero del que no se sabe lo que decía, pero pintado de negro, pero en el enjabelgamiento que sufrió la iglesia en el año de 1916, se borró el mencionado letrero, y según arece no existe justificación ninguna para esto.

Y por fin se comprometió el Maestro Berruguete, un día 30 del mes de mayo del año de 1558, otorgando escritura ante Antonio Álvarez de Zandio, escribano a la sazón de Valladolid, y según este documento figuran como fiadores del escultor, su propia esposa doña Juana de Perea, sus dos hijas doña Luisa de Sarmiento y doña Petronila de Perera, y los esposos de estas Diego y Gaspar Amilibia, fiando además de fuera de la familia Francisco y Antonio de Castro, y por más fianzas, hipoteca las casas principales  que tenía en Valladolid, junto al Monasterio de San Benito.

Más no se sabe con certezas si el Maestro, comenzó la obra tras la otorgación de la escritura, aunque lo más natural fuese que sí, teniendo en cuenta si es que tenía el propósito de completar la obra con los plazos pactados con la iglesia de Santiago de la villa cacerense, parece que los tiempos de ejecución del retablo estaban muy ajustados y más si se tiene en cuenta que, ya se llevaba más de medio año de retraso entre cuestiones de unos y otros.

Y el tiempo seguía corriendo, y los patronos, en la cuestión de pagos no habían faltado en su compromiso, más algún cronista achaca el retraso en las obras, y hasta el propio maestro escultor así lo menciona, falta de pago de ahí el retraso, pero el único culpable en este caso no era nadie más que el propio Alonso de Berruguete, que se mostraba como un zascandil, toda vez que era costumbre de la época no dar la primera paga hasta que se dieran las finanzas, razón esta por lo que el maestro no recibió en el me de enero, tal y como estaba concertado los trescientos Ducados de la primera paga.

Según nos explica don Antonio Floriano Cumbreño, y para que sirva como ejemplo que, la escritura del retablo de Santa María, en la que los escultores Ferrant y Bolduque, se comprometían a dar sus fianzas y que, al tratarse de la paga de los mil y seiscientos Ducados, cifra en la que se ajustó la obra dicen:

“no ser pagados el tercio dellos por no tener ejecutada las fianzas”



Pero hay certezas de que el día 2 del mes de marzo del año de 1558, en cuanto otorga la fianza, ante el mismo escribano, y el mismo día un Juan de Angulo, el solicitador de la capilla y en representación de esta, le hace entrega de la primera paga, la segunda paga que es de un importe de 700 Ducados y que debería haber sido ejecutada en 25 de julio, no la recibe hasta el 9 de septiembre y que le fue llevada a Valladolid desde Cáceres, por un Gabriel Sánchez, la tercera que corresponde al día de Santiago del año de 1559, la recibe con fecha 11 de agosto, pero eso sí, algo mermada, y es de que de los 800 Ducados que era el importe, tan solo se le entregan 500, tal y como el mismo Berruguete hace constar en su carta de pago, y la que otorga por navidad de ese mismo año de 1559, darse por contento y pagado de los 800 Ducados que correspondían a aquella paga, esto lo escribe y firma ante Juan de Angulo.

Y ocurrió que, estos 300 Ducados que se le dejaron a deber, fue la causa fundamental en la que se basó para diligenciar pleito.

No se sabe con certezas las causas por las que se dejaban a deber estos 300 Ducados al Maestro Berruguete, pero según parece no fue por capricho de los patronos, ni porque faltaran los dineros.

Y es que jamás podría Berruguete dudar ni por un momento de la solvencia de los Carvajales, que, otorgando sus escrituras como testamentarios del Arcediano, este poseía una de las fortunas más saneadas y con un fuerte capital de la Extremadura, durante el siglo XVI, estos testamentarios no le quedaban más remedio que, aplicar los dineros y pagar su testamento y los contenidos de las mandas en el contenidas, en las que en cumplirlas demostraron excesivo celo.

Estando, así las cosas sucedió, que cuando se cumplio la fecha en la que el retablo debería estar colocado en su sitio en la iglesia cacerense de Santiago el Mayor, Pero el Maestro Berruguete, abandono la obra y se marchó a Toledo a trabajar en el sepulcro del Cardenal Tavera, desde ese mismo momento ya no se vuelve a ocupar de la obra encargada por los Cáceres, es más para lo único que se acuerda en su testarudez de anciano a los que fueron en varios ocasiones a requerirle judicialmente en fecha 26 de Enero del año de 1561, para que cumpliera con su compromiso con los patronos de la capilla, alegando que cumplieran ellos con lo que estaban obligados.

Y era a esto, lo que la cerrazón a la que se aferraba el insigne escultor, a que se le había dejado a deber aquellos 300 Ducados, era al menos lo que el exponía en su defensa, pero no, era lo razonable y se encasillo en su argumentación, y en esto siguió trabajando en el sepulcro del Cardenal Tavera, y así le sorprendió la muerte, esto ocurrió por allá por el 20 del mes septiembre del año 1561, y sin haber terminado el retablo encargado para la iglesia de Santiago, al maestro lo llevan para su enterramiento al pueblo de Ventosa, este pueblo era de su señorío, le sigue su viuda, no faltaría más, doña Juana de Perea.

Los patronos que hicieron el encargo del retablo, tras la muerte del Maestro escultor, se quedan compuestos y sin el retablo y sin los dineros que el arcediano dejo demandado para este uso, más un Juan Mena se traslada hasta el Ventosa, para llevar a la viuda los dichosos 300 ducados, con esto doña Juana da por pagados de los 2600 que tenían que pagar antes de que el retablo saliera d Valladolid dirección iglesia de Santiago en Cáceres, quedándose tan solo por pagar 400 ducados, estos habrían de hacerse efectivos en la villa cacerense cuando el retablo estuviera concluido, tasado y asentado en el sitio destinado para este fin.

Pero lo que se había tallado del retablo hasta la fecha, si es que acaso se había dado comienzo la talla, era el secreto mejor guardado del taller de Berruguete, y hasta algunos cronistas deducen a la vista de algún documento que, a su muerte el artista había dejado concluida toda la parte de la escultura, más debió ser muy poca l labra del maestro en esta obra hasta su muerte, que fue el motivo fundamental del pleito, la referencia a la deuda de los 300 Ducados, que por otra parte ya la habían satisfecho los patronos, pero a los patronos se les indica que el retablo esta casi terminado, y desde que don Alonso de Berruguete falleció, se trabajaba en el sin levantar mano y que aún faltaba por estofar, dorar, y pintar, a todo esto ya había transcurrido quince meses y más desde la muerte del maestro lo que vine a confirmar lo que todos sospechaban, y era que Berruguete apenas si había empezado a trabajar en el retablo.



Se vuelve a reclamar por parte de los patronos, y todavía procura la familia del Maestro Alonso de Berruguete ganar más tiempo, argumentando a los que en 30 de diciembre del año de 1562 van a requerirles, que aún no manden a por el retablo ya que en esa época del año en la que se estaba, no podían hacerse las operaciones de estofado y demás a causa de los frios, quedando prometido que estas operaciones se realizarían en el mes de marzo.

Más todo indicaba que ni a un la parte de la escultura que dejó terminada don Alonso y más cuando de nuevo requeridos durante el verano de 1563, contestaban que el retablo no estaba aún terminado y le echan la culpa a Juan de Angulo, el cual no ha querido dar la madera ni clavazón, ni oficiales, al parecer esto eran contrariedades las dos primeras no hacían falta para dorar ni estofar el retablo.

Por fin, y ya en los últimos meses de año de 1563, salió desde Valladolid destino Cáceres, el retablo tallado por el gran Berruguete, más esta fecha que nos marca el cronista hay que ponerla en cuarentena, no es posible que el retablo tardara casi dos años en el viaje Valladolid-Cáceres, ni aunque hubiera venido en el tren de Extremadura, lo cual indica que salió de Valladolid mucho más tarde ya que llego a Cáceres en septiembre del año de 1565, la primera remesa, que estaba compuesta pop trece cajas y unos palos que, dijeron traerse para la guarda y reposo seguro del retablo, y los lienzos con los que venía cubierto pesando todo junto 747 arrobas y 2 libras, según se comprobó pesando el cargamento pieza por pieza entre los días 24 y 25 de septiembre , ante el escribano Antonio Gutiérrez, estando presente el mayordomo de la capilla Juan de Mena y los carreteros vecinos de Garrovillas Juan Rivero Sánchez, Juan Molano, Diego Duran Barbancho y Andrés Gómez, que fueron los porteadores de esta primera entrega.

Nos cuanto don Antonio Floriano que, de documento que así lo expresa llegaron a Cáceres las dos grandes columnas que limitan lateralmente el retablo y que pesaron cada una de ellas con las cajas donde venían 86 arrobas menos 8 libras y en otra caja que pesó 81 arrobas y dijeron que llegó la imagen de Santiago montado a caballo, “pero por los visto el escribano que levantaba acta no la vio, por lo que no llega a afirmarlo como afirma los de las columnas”, hubo alguna caja más que se pesó y que era igual el peso de la de donde venia Santiago, una la concesión  de Nuestra Señora, el contenido del resto de las cajas también lo ignora el escribano que levantó el acta.

Ocurrió entonces que, la expedición no debió quedar satisfechos con los resultados del viaje, ya que se negaron a volver a Valladolid en bus ca de lo que faltaba por traer, estando así las cosas los patronos y Juan de Mena en su nombre, no encontrado carreteros que quisieran realizar el porte, envió a Valladolid a Antonio López con amplios poderes para que contratara en la por entonces corte de España, trajinadores que quisieran trasladar el resto del retablo a Cáceres.

Y fueron Antonio López, por un lado y Juan de Angulo por otro, en Vadillo de la Sierra el primero, el otro a Valladolid, entre los dos buscan carreteros, y sucedió que fue Juan de Angulo el que al parecer tuvo más suerte o mejor mano para los tratos, ya que mientras Antonio López concertaba un acuerdo con Baltasar Muñoz en que se transportaba hasta Cáceres lo que aun faltaba por traer del retablo y por un importe de 5500 maravedis por cada carga de 40 arrobas, Juan de Angulo, por su parte contrató a otro carretero que llevara la carga hasta Peñaranda, y por un importe de 8000 maravedis por este primer trayecto con la esperanza que una vez en Peñaranda le fuera más fácil contratar a alguien que trajese la carga hasta Cáceres.

Y Ocurrió que cuando Antonio López y Baltasar Muñoz, llegan a Valladolid, se encuentran con que el retablo ya va camino de Peñaranda, y el carretero de Vadillo de la Sierra no se conforme con perder ni un poco ni un mucho del contrato que con él se había pactado, más al fin se avino a hacer la segunda parte del trayecto, es decir desde Peñaranda hasta Cáceres, pero con la condición de que del total que al hubiera que pagarle por la traída del retablo hasta la villa cacerense, y a razón de los 5500 maravedís cada carga de 40 arrobas como se tenía concertado, se pagara al otro carretero, el que se concertó con Angulo 6600 maravedís y que los otros 1500 que faltaban hasta completar los 8000 del acuerdo los perdiese la capilla.

Y así, ya convenidos Antonio López y Baltasar Muñoz, salen de Valladolid dirección Peñaranda, alcanzado las carretas que traían el retablo antes de cruzar el Duero.

Ya en Peñaranda unos “ganapanes” descaran el retablo de las carretas de Valladolid y las cargan en las de Baltasar Muñoz, siendo este el que al final la traslada hasta Cáceres.

A la llegada a la villa cacerense, se pesa la expedición al igual que se hizo con la primera entrega en presencia del mayordomo Mena, y el escribano Antonio Gutiérrez, resultado, todas las cajas pesaban 160 arrobas, equivalentes a cuatro cajas de 40 arrobas, que ajustadas como estaban a 5500 maravedís más los 648 maravedís que hubo de pagar por el portazgo en el camino, ascendía a un total de 22648 maravedís.

¡Ya está el retablo el Cáceres! ¡Aleluya carajo! Por fin, ¡Alabado sea el señor! tras tan larga espera a cada santo le llega su día, ya está aquí el retablo, pero… ¿en qué condiciones llegó?

Unos afirmaron que, como consecuencia de las grandes lluvias que sobrevinieron durante el camino de la venida del retablo a Cáceres, causaron muchos daños y de mucha consideración a la obra, sobre todo en lo relativo a la pintura y el dorado, y con el objetivo de remediarlo, vinieron de Valladolid por encargo de la viuda del Maestro Berruguete, el pintor Francisco Rodríguez, que según parece era persona de confianza de la viuda y el ensamblador Robles, estos ya en Cáceres arreglaron los desperfectos.

Según nos cuenta don Antonio Floriano, en la mayor parte de los documentos de la época de esto no aparece nada, y es por lo que algunos cronistas estaban en la creencia de que el retablo salió de Valladolid sin pintar ni dorar.

Más lo que es seguro es que el retablo, no debió salir de Valladolid en muy buenas condiciones, y entre todos lo mataron y el solo se murió, pues los patronos en sus prisas por traer el retablo a Cáceres no comprobaron el perfecto estado de revista del mismo, y los herederos del Maestro Berruguete por la tardanza en dejar vencer todos los plazos en la ejecución del trabajo encargado, esto puede justificar las prisas de los patronos que quizás temían perderlo todo, decidieran traerse el retablo tal como estuviera a Cáceres, aun con el riesgo de que por el mal tiempo por el camino se les despintasen.

¿oiga, y del pleito qué?

Vamos allá, con el pleito ocurrió que, los patronos examinaron el retablo, encontraron numerosas faltas con arreglo a lo escriturado, se contrataron tasadores y todos estuvieron de acuerdo en una cosa, ¡aquello no valía los 3000 Ducados! Estaba a la vista el estado del retablo, todos dedujeron que la mayor parte de la obra no la había ejecutada el maestro Alonso de Berruguete, lo que se tenía era el resultado de la talla por los oficiales de su taller tras la muerte del maestro, repintado por el tal Rodríguez, esto hizo sin duda crecer el desencanto de los patronos, desengaño que se reivindicó con el dictamen de los tasadores, lo cual la consideraron “como una mediocridad”, como muchas de las que se hicieron durante el siglo XVI, estos tasadores se avinieron en que el trabajo no llegaba a costar 954000 maravedís.

Ocurrió que, ante esta tasación, los herederos del escultor, y antes el mismo Berruguete, habían recibido muchos más maravedís que a lo que ascendía el total, el procurador de la capilla solicitó que se ejecutara contra aquellos y según se deduce estos fueron hasta encarcelados,, pero continúan las apelaciones que hacen que el pleito dure 26 años y de sentencia en sentencia y apelación tras apelación llegó la sentencia definitiva en la que se dicta que, los herederos  del Maestro Alonso de Berruguete tenían que restituir a los patronos de la capilla 196043 maravedís, cantidad esta que ya habían recibido demás de lo tasado.

Y según parece en el retablo de la iglesia de Santiago el Mayor, la historia de San Francisco es lo único que salió de la mano del Maestro Alonso de Berruguete.

(Fuentes Floriano Cumbreño-Retablo)

(Fuente Simón Benito Boxoyo-Noticias de Cáceres 1794)



Agustin Díaz Fernández

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