SAN MATEO I
Cáceres
CCI
San
Mateo, Iglesia del siglo XIII,
Con anterioridad
fue Mezquita de Almohades.
Crónica
desde la Ronda de la Pizarra
Cuentan
las crónicas de Cáceres, que puede que este templo dedicado a la advocación del
Santo Mateo, sea el más antiguo de los de la villa de Cacerense, más no de lo
que tiene como parroquia, sino más bien por lo que tuvo de mezquita, pero de
esta ya no queda rastros, al menos a la vista.
Fue
consagrada como parroquia con el mismo nombre que hoy tiene, y según cuentan al
siguiente día de la conquista definitiva de la villa, y que fue en aquella
época una especia de lugar de ejercicios o asciterio en que los sacerdotes
adscritos a ella Vivian en comunidad. Por aquellos entonces del siglo XIII era
más baja de techumbre y de perímetro reducido, ya que solo se comprendía desde la
puerta principal hasta el pulpito, y que fue la parroquia de la aristocracia
cacerense, ya que el núcleo de sus feligreses era de las casas linajudas del
recinto murado por el romano.
La
reedificación y ampliación del área de sus límites que hoy abarca parecen como
bastantes confusos, y al que el cronista marcó una referencia del año de mil quinientos,
y lo atribuye al maestro de obras Pedro Esquerra, más otros citan el año de mil
quinientos nueve, y hasta los hay que afirman que las reformas se llevaron a
cabo con el producto de los bienes que poseía la Cofradía de Caballeros Nuestra
Señora del Salor, y hasta citan como conveniencia en que la liquidación de
estos bienes fue lo que proporcionó los mayores recursos para hacer las obras,
y fijan su terminación para el año de mil quinientos diecinueve. Pero no falta quien asevere, con
el fundamento de una nota que figura en la primera página del primer libro de
bautizos, y en la que la licencia episcopal para poder efectuar la
reedificación y el comienzo de las obras no se hizo realidad hasta el año de
mil quinientos cuarenta y ocho, pero
tampoco falta quien asegure que hasta el año de mil quinientos y noventa tres
año en que se mandó por el doctor racionero Juan González, visitador del Obispo
que se acabasen las obras, cerrándose la bóveda con cruceros de canterías y
ladrillos.
Lo que
todo esto indica, que las obras del templo no se llevaron a cabo de un solo
empeño, según se deducen fueron varios los que se produjeron y a lo largo de
los años, y que serían según los recursos económicos que para este menester se
allegaban, pero que con seguridad las obras se dieron comienzo en el transcurso
del siglo XVI y que concluyera con el término del siglo.
El
resultado fue que, la fábrica en piedra de granito, al menos en los paramentos
exteriores, con algunas irregularidades coronados con gárgolas y glabletas
(elementos de terminación ojivales) con alguna referencia al renacimiento, ya
en mil quinientos noventa tres, se hizo
la torrecilla que se aprecia en la esquina sur del edificio, y que en cuya
parte superior se formó una espadaña para colocar las campanas, hasta que en el
año de mil setecientos y ochenta se elevó la otra torre, en la esquina oeste
del templo, de este año es también se adorna la puerta principal del templo, y
en la torre del lado Oeste se instaló uno de los relejes de la villa.
De la
época que este templo fuera mezquita no quedan restos, pero sin apenas noticias
de cómo fue, tan solo que las dimensiones eran desde el pulpito en la nave
central, hasta la puerta enfrentada a altar mayor, y que era de baja altura y
de techumbre plana, y que estuvo construida de ladrillos y tapial, materiales
por otra parte usados por los Almohades en sus construcciones, con un espesor
en sus muros de dos metros y medio, y que el altar estaría emplazado en la
mitad al lienzo que el templo por su parte este, para que el Imán y su cabeza
orase mirando hacia la Meca, y que en el lienzo opuesto del edificio estaría la
puerta de acceso a él, en el lado que hoy ocupan las capillas junto del
Evangelio se encontrarían las habitaciones de los Imanes, y lectores del Corán
y los almuédanos, estos eran los que convocaban al pueblo a la oración, esto es
lo que el cronista se figura fuera el edificio, y también que no debía de ser
de mérito, como también dice que pertenecería a la arquitectura árabe de la
transición de época de 1006 a 1034.
Más una
vez que conquistada la villa cacerense, se consagro el recinto y se erigió el
altar que por entonces la costumbre era que solo tuviera uno solo en cada
templo, los clérigos se instalaron en las habitaciones que antes ocupaban
Imanes y a almuédanos viviendo en comunidad, también se terminó y se bendijo el
cementerio.
Este
cementerio quedó emplazado en el espacio mediero que había entre en testero
noroeste de la iglesia y la casa del Sol, que por entonces no existía, en este
cementerio se dio sepultura a ciudadanos de todas clases y condiciones, ya que
por entonces no estaba permitido los enterramientos en el interior de la parroquia.
En este espacio se dieron los enterramientos de gente de alcurnia, tal como el
de Gómez Jiménez, que fuera gran magnate, caballero de la Banda, y señor de la
Torre Higuera, Alonso Maimón que fue Obispo de Coria, estos tuvieron sus
fallecimientos a mitad del siglo XIV, también caballeros de la casa Mogollón,
riquísimos y preponderantes caballeros, estas lapidad todavía se podían ver en
el suelo y pegados por fuera del muro de la iglesia, donde hoy es Callejón de
la Monja.
Callejón de la Monja
Pero el cronista asegura y afirma, que los primeros enterramientos en este cementerio fueron el de los Giles, aquellos nobles caballeros tío y sobrino que teniendo en fieldad el alcázar de moros cacereño, y en tiempos del Rey Pedro I, al que la historia lo conocería como el cruel, y sucedió que estos Giles estaban en la obligación de no entregar el magnífico alcázar ni a este Rey ni a su hermano, Enrique de Trastamara, hasta que ambos no resolviesen sus diferencias y conviniesen que hacer con la fortaleza cacereña, y en esas estaban cuando fueron sorprendidos por el Rey Pedro I, que los requirió para que se lo entregaran, tío y sobrino alegando el compromiso adquirido se negaron, diciendo que no podían faltar al compromiso como grandes caballeros que eran, entonces el Rey cruel, al punto ordenó los degollaran, sobre las Sepulturas se podía leer:
ESTE ES LA CASA DE LOS
GILES
Donde se
rezaban responsos todos los lunes para que sus descendientes fundaran capellanías,
y tras estos giles fueron excavando más y más tumbas, en ese suelo del recinto
sagrado para sus enterramientos de los, demás hidalgos de la feligresía, y
hasta para gente que, sin pertenecer a ninguna familia de linaje, tuviera
dinero para comprar un palmo de tierra.
Pero ya
en el transcurrir del siglo XV. La nobleza harta, que son muy suyos, de que la
gente del común pisotease las tumbas de sus muertos, comenzar a elevar sus
enterramientos del suelo, y empezaron a adquirir trozos de los muros donde
cavaron sus nichos.
Más ya
legamos al siglo XVI, y los enterramientos comienzan a ser fastuosos y se
empezara a abrir a ambos lados de la nave y donde familias que antes tenían sus
sepulturas construyeron capillas, suntuosas algunas, otras no tanto, según
fuesen los recursos de los finados, que hasta para esto de siempre hubo
diferencias, aunque para el ultimo camino el equipaje sea igual del noble que
del lacayo, del patrón y del bracero, no quedando en los costados del recinto
parroquial un palmo de muro que no pertenecería a la parentela más pudiente de
entre la feligresía.
Una de
ella era la de la familia Ovando, estos compraron los dos lados del campo santo
cuando se emprendía la reforma de la iglesia y con los dineros de esta venta y
las demás capillas y sarcófagos adquiridos por la nobleza, junto con la venta
de los bienes de la Cofradía Caballeresca de Nuestra Señora del Salor*, y las
donaciones de los demás feligreses fue lo que con lo que se transformó radicalmente
el templo.
*“En el
nombre de Dios, Amén. Lunes, 20 días andados del mes de agosto, era 1383 (que
es año del Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo 1345) nos, los caballeros e
escuderos de San Mateo, ordenamos e facemos Cofradía, a servicio de Dios, para
loor e servicio de la Virgen Santa María del Salor, Madre a quien nos tenemos
por Abogada e por Señora en todos nuestros fechos. E otrosí la ordenamos a loor
e servicio de San Mateo, cuyo nombre nos llevamos…”.
(Fuentes
Benito Simón Boxoyo - Historia de Cáceres y su Patrona. 1774)
Cofradía
fundada por caballeros cacereños, feligreses de San Mateo en el año 1345, según
aparece en la Orden de Caballería de la Banda, que en el año 1332 había
instituido en Burgos por rey Alfonso XI, llamada así por su insignia que era
una banda roja del ancho de una mano y llevada desde el hombro derecho hasta la
cintura del lado izquierdo. Permaneció la Cofradía hasta el año 1519, que,
extinguida, se aplicaron sus rentas a la reedificación y aumento de la iglesia
de San Mateo de Cáceres, a petición de don Juan Galíndez, cura de ella.
Ya en el
transcurrir del siglo XVIII, se cambiaron retablos e imagines, con motivos de
la exclaustración y desamortización, y es que quedando en desamparo o vendidos
muchos conventos , ermitas y santuarios, sus edificios y retablos, llegaron a
la parroquia de San Mateo dándole cabida a ellos, llegando a desterrar a las
que de antaño ocupaban el lugar, resultado de estas sustituciones que no
quedara ningún santo fuera de sus avocaciones de las que en otros tiempos diese
nombre a sus altas capillas.
(Fuentes
Benito Boxoyo-Noticias de Cáceres)
(Fuentes
Rubio Ramos-ermitas)
(Fuentes Publio Hurtado-San Mateo)
Agustín Díaz Fernández


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