SAN MATEO II
Cáceres
CCII
San Mateo
Iglesia del siglo XIII
Con
Anterioridad Mezquita de Almohades,
Crónica desde la Ronda de la Pizarra.
Un
sucedido tuvo esta iglesia de San Mateo, y es que tuvo un párroco, esto sería
terminando el siglo XVIII, y que con motivo de proporcionar comodidad a la
feligresía allanando el suelo, ordeno arrancar cien y más losas fueran de
granito o de alabastro las que lo cubrían, machacándolas y volver a enlosar con
ellas nuevamente el pavimento, con ese hecho se produjo la desaparición de
muchos blasones distintivos de muchas familias de la nobleza que allí tenían
sus enterramientos, donde figuraban nombres, fechas e inscripciones que tal vez
y según nos cuenta el cronista, podrían haber dado luz a muchas sombras de la
historia cacerense, o de las personas fallecidas en loor de santidad como el
Padre Rosalio.
Este
hecho de las lapidas fue la iglesia de San Mateo la primera en hacerlo, para
seguidamente las demás iglesias seguir el ejemplo.
Una de
las últimas modificaciones fue llevada a cabo ya en el año de 1913, y fue
acometida por el párroco llamado Santiago Gaspar Gil, y por lo que los
entendidos en este arte de edificaciones dicen que con tantas reformas y en
distintos siglos se perdió lo que tenia de artístico, aunque predominan en el
los estilos ojivales y del renacimiento.
La
Iglesia de San Mateo, cuenta con una nave espaciosa, que desde el altar mayor
hasta la puerta de la entrada tiene treinta y cuatro metros con noventa
centímetros por nueve metros y ochenta centímetros de ancha, franqueada por
ambos lados de capillas, que, en cruceros, retablos, laudes, cartelas y
frontales de gran interés para los estudiosos de la heráldica, destaca y causa
admiración arco que sostiene el coro por su mucha extensión y el rebaje de su
punto.
El Papa
Alejandro VII, por bula concedió el 19 de mayo del año de 1664, hasta veinte
años y siete cuarentenas de indulgencias a los fieles que confesados y
comulgados visitasen esta iglesia en los días de la circuncisión del señor,
todos los santos, la ascensión y el sábado infraoctava (los seis que cuentan de
una festividad y la octava) del Corpus.
Con el
correr de los años, y de los siglos, vinieron más Papas y más indulgencias, y
llegó el Papa Clemente XIV, y redujo el número de lugares de asilo que
anteriormente eran todos los lugares sagrados, a uno o dos de cada pueblo, el
obispo de Coria, designo como lugares inmunes las iglesias de Santa Maria y San
Mateo.
De esta
parroquia, sale o salía, ustedes disimulen mi ignorancia, en el día de Jueves
Santo y tras el sermón de la penitencia, la procesión de la sangre, esta
procesión hasta 1836 salía del convento de San Francisco el Real, y que a esta
procesión tenían obligación de asistir el clero de las cuatro parroquias de la
villa cacerense.
Alhajas,
ropajes, bienes y efectos que esta iglesia poseía y que pertenecían al culto,
eran de una grandísima riquezas, nada valor escaseaba, más hay que tener en
cuenta que la feligresía de esta iglesia de San Mateo, era el emporio de la
nobleza cacereña, y eran constantes los regalos de tal modo que aumentaban de
día a día el gran potosí de la parroquia, y donde tambien afluyeron los que
tenían los conventos, ermitas de su jurisdicción cuando se suprimieron, que aun
en el año de 1853, según acta de visita fechada en este año, eran tantos los calices, custodias, lámparas
sacras, patenas incensarios, y más de más que equivalían a una fortuna
importante, ya no queda nada de aquello, la acción del tiempo sobre los objetos,
las necesidades del culto, la mala administración, el despilfarro y más de más
contribuyeron a ello.
Algún
detalle de las alhajas, como una cruz procesional, obra del platero flamenco
Jacques de la Reina, o como un cáliz labrado por su yerno Juan de Pedraza en la
segunda mitad del siglo XVI, estos se avecindados en Cáceres.
La
clerecía de esta parroquia de San Mateo lo componían nueve beneficiarios, uno
de ellos era el cura rector, que vivían bien dotados con el producto del tercio
decimal de su cilla, más llegaron tiempos de vacas flacas y se le puso muy mal
el ojo a la cochina, en estos tiempos de penuria, que si la tenía el clero
atrévanse a pensar como lo estaba pasando la gente del común, y esto obligó al
párroco a solicitar por la incongruidad
de su cargo en 1830, que se suspendieran los demás beneficios de su
cargo y se incorporaran sus rentas al curato, y es que ocurría que, pesando
tanta carga sobre una sola persona, este cura no pudo con ella, y en 16 de
diciembre de 1884 cuando el obispo de Coria, creó la tenencia curada de la
parroquia de San Mateo.
Hasta el
siglo XIII, no se comenzó a elevar los retablos sobre los altares que estaban
separados de los ábsides de las iglesias, para que el páter oficiante o Preste
oficiase mirando hacia los fieles, ya en el siglo XIV comenzaron a
generalizarse los retablos, desarrollándose en ellos esculturas y grandes
recursos ornamentales.
El
retablo de la iglesia de San Mateo, no debió construirse hasta comenzado el
siglo XVI, ya que según parece está acreditada su presencia en el año de 1558,
una vez que se terminaron las obras de ampliación del templo, y en el mismo lugar que figura el actual retablo pero
mucho más que este en altura y anchura, y en el que no habia más escultura que
la de San Mateo, por encima un santo visto, y abajo sobre el altar una gran
cruz de plata que por lo visto era de gran valor según figura en los libros
parroquiales´.
Pero
según parece tuvo este retablo algo más de dos siglos de duración, toda vez que
en el año de 1765, el mayordomo de fábrica de la parroquia, solicitaba de la
visita episcopal, que se le diera cierto alcance que resultaba contra don Pedro
Topete para costear el retablo del altar mayor, que por pequeño habia de
sustituirse, ya que acordada la construcción del primer cuerpo seguía sin
principiarse esta por falta de recursos, al punto se le dio el alcance al sr,
Topete que ascendía a mil reales.
En el
centro del retablo, presidiendo el retablo San Mateo, que es de quien recibe el
nombre de la iglesia, una cruz que abre los brazos de la que pende un cristo de
la buena muerte, y por bajo esta emplazado el niño de la congregación quien
tuvo gran devoción ente los fieles pobladores cacerenses, y en las tres
hornacinas del lado de la epístola la efigie de San Pedro Apóstol, San Pedro de
Alcántara y el patriarca San José, ocupando el lado del evangelio San Francisco
de Asís y San Juan Nepomuceno y la Virgen del Rosario.
Este
altar fue privilegiado por el pontífice Pio VI en un breve, por el cual
concedió indulgencias plenarias a las almas de los difuntos por las que se
dijesen misas en él, pero siempre y cuando el oficiante estuviese provisto de
la bula Santa Cruzada.
Ovando
Mogollón, Rodrigo de Ovando, nieto del Capitan Diego de Cáceres y Ovando,
Francisco Rivera “el Rico” señor del Castillo de Arguijuelas, su esposa Jimena
Gómez de Mayoralgo , y destacando en los muros los escudos de armas nobiliarios
de Ovando Mogollón y Mayoralgo, En la capilla de estos y en el altar que
ocupaba la misma orientación que el altar mayor de la parroquia, se podía
observar un cuadro de las piadosas mujeres al pie de la cruz, que fue pintado
en el año de 1851 por Rafael de Lucenqui.
Los
Sandes tambien tuvieron sus enterramientos en este templo, Juan de Sande,
segundo señor de Valhondo, la familia Sande, marqueses de Valdefuentes y Teresa
Álvarez de Ulloa, esposa de Juan de Sande, que tambien muestran sus blasones,
de Sande y Ulloa, Sancho de Sande y su mujer Isabel de la Cerda.
La puerta
de entrada del departamento eclesiástico, se encontraba por debajo del púlpito
pero próximo a él, más con las reformas este puerta quedo tapada al exterior, y
en su hueco interior se construyó un altar de ánimas, y por debajo de este
altar los enterramientos en sus sepulcros de Ulloa y Golfines, entre estos
últimos García Golfín, señor de Casa Corchada, este García Golfín, fue aquel
que por oponerse a doña Maria de Ovando, hija del capitán Diego de Cáceres y
Ovando, la que quería disponer del Monasterio de San Francisco el Real como ama
y señora, fue asesinado por Diego Mesía de Ovando, nieto a la sazón de doña
Maria, hecho que se produjo en la misma iglesias del convento en aquel año de
1517, y por el que se produjo un escándalo de categoría y un voluminoso proceso
que vino a incoar el célebre e inflexible, Alcalde don Rodrigo Ronquillo.
Este
García Golfín fue el que, por disposición suya, se construyeron los sepulcros
de la familia, junto con el escudo de armas de los Ulloa en honor de doña
Mencía de Ulloa, su mujer. A ambos lados del retablo, dos pequeñas urnas donde
se guardan reliquias de santos que posee esta parroquia, y que según nos cuenta
don Publio Hurtado, estos consisten en una cabeza de las once mil vírgenes que
fueran compañera de santa Úrsula y otra cabeza de aquella y dos huesos de la
compañía de San Gedeón, unas se custodiaban en el convento de Franciscanos de
San Bonifacio, las otras en el convento de monjas de San Francisco de Colonia.
Estas
reliquias fueron concesiones que hicieron las respectivas comunidades con fecha
de 26 del mes de junio del año de 1607, al muy noble y piadoso don Luis de
Ávila y Monroy, que fuera Sargento Mayor de los Tercios Españoles en Flandes y
consejero del Archiduque Alberto, para que los trajese a España y conservarse
en su propia capilla, hay o habia más huesos guardados en las urnas , pero no
se sabe a quienes pertenecían, y que al parecer estaban guardados en un arca de
un templo de Bruselas, más sucedió que, en tiempos de guerra religiosa, allá
por el año de 1602, entraron los herejes y los diseminaron, y aunque después
fueron recogidos era imposible dictaminar que hueso correspondía a que santo,
siendo los huesos recogidos los pertenecientes San Bernardo, San Cuiliano, San
Reynaldo, San Leandro, San Crisosono, Santa Catalina y algunos muchos de las
once mil vírgenes.
Pero la
casualidad quiso de encontrarse allí un teniente de nombre Alfonso Ballestero,
y que era este teniente era natural de Cáceres, y que le fueran concedidos
parte de ellos, que fueron los que trajo a su villa natal, y que son los que se
conservan en los relicarios.
El
Viernes Santo, de mañana visitaban las parroquias y conventos vestidos de
nazarenos, esto fue autorizado en el año de 1674 por el Nuncio de su Santidad
en Madrid Monseñor.
La imagen
de esta cofradía y de la que erra camarero el conde Carlos Bonelli. Torres
Arias, era un niño Jesús, denominado Niño de la Congregación y que representaba
unos cinco o seis años de edad, y cuando asolaba a la villa cacerense alguna
calamidad, se le sacaba en procesión en andas, y siendo conducido por cuatro
sacerdotes, todo en absoluto silencio, que solo se interrumpía de vez en cuando
en calles y plazuelas por la voz de los predicadores exhortando al vecindario a
hacer penitencias.
Llegamos
al año de 1722, y sucedió que el ayuntamiento de la villa cacerense, solicitó
licencia del obispo para sacar la efigie en procesión, motivos, para que se
solucionase una terrible sequía que asolaban los campos cacereños, ya con fecha
de 1734, el propio municipio viendo que las rogativas era inútiles y por el
mismo motivo de sequía, volvió a sacar en procesión al niño milagroso a la par
que Jesús Nazareno, y según las crónicas nada más sacar a estos en procesión y
empezar a llover todo fue uno, hasta dejar el agua de sobra, también y con el
mismo éxito se repitió la cosa un 8 de abril del año de 1743.
(Fuentes
Benito Simón Boxoyo-Noticias de Cáceres)
Fuentes
Rubio Ramos-Ermitas)
(Fuentes
Publio Hurtado-La parroquia de San Mateo)
Agustín
Díaz Fernández.



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