CASA DEL SOL
SIGLO XV
CÁCERES
CXC
Callejón
de la Monja
Crónica
desde la calle Cuba de mi Llopis Ivorra
¡Andad
que con el sol id!, esto cuenta las crónicas de la antigüedad que el Rey don
Pelayo dijo a dos hermanos caballeros suyos, que vivían con el anhelo de
rematar una victoria, que ya casi lograda contra los agarenos a los que
deseaban aniquilar “esta frase equivalía a decirles que marcharan a
continuar la lucha, que luciendo el sol, todavía estaban al punto de
vencer” tornaron a la sazón los dos caballeros hermanos al combate, y
tomaron para si por apellido, las dos últimas palabras pronunciadas por su Rey.
Cuenta el
cronista que sus descendientes, se vinieron a Cáceres, con el Rey don Alfonso
IX de León y Galicia, a la conquista, esta familia tuvo su casa en el adarve,
donde en la actualidad está el patio del Palacio del Mayoralgo, más la que
perdura es la que está ubicada en el Callejón de la Monja, junto al antiguo
cementerio de la Iglesia de San Mateo, antiguo solar de la familia Pantoja, y
en cuya fachada campea su escudo con el solo y ocho cabezas de lobo mordiendo
otros tantos de sus rayos, siendo este el blasón de los Solís. Seria Gutierre
de Solís y Ovando el que redificara la casa y la amayorazgara en el día de
8 de marzo del año de 1550.
De estilo
renacentista, con puerta en arco de medio punto, en medio el escudo heráldico
con el yelmo caballeresco, de frente el arrabáa (adorno rectangular) que cubre
escudo y puerta, el ventanal que se sujeta a este, y el tambor aspillerado en
la altura, dan un conjunto bastante interesante.
Es casa
fue cuna de capitanes, comendadores, consejeros reales, embajadores, poetas y
religiosos, en esa casa nació don Francisco de Ovando y Solís, bravo capitán,
al que el Rey de las dos Sicilias don Carlos de Borbón, luego Carlos III de
España, otorgó en 1734 el título de Marques de Ovando.
En la
actualidad son sus poseedores, como herederos del último Marques Vicente de
Ovando y Solís, los padres misioneros de la Preciosa Sangre, que residen en
Cáceres desde 1899, cuando vinieron a hacerse cargo del testamento.
El tercer
y último Marqués de Ovando, llamado Vicente Mariano de Ovando Solís y Pereiro
(Cáceres, 1778), era uno de los nobles que estaban al servicio de los hijos del
infante don Carlos, a cuya causa se unió y de cuya corte formó parte en
distintos países. Esto supuso que tuviese que renunciar a volver a España desde
que subió al trono Isabel II, en el año 1833. Italia fue el destino final del
marqués, que se casó allí, en 1854, con la noble italiana Benedetta Radicatti
Primeglio, hija de unos condes y a quien doblaba la edad. Desde su exilio,
Vicente Mariano de Ovando encargó al sacerdote aragonés José Gabás la tarea de
administrar sus bienes en Cáceres, entre los que se encontraban la Casa del Sol
y la de Vargas Figueroa (dos edificios colindantes y conectados entre sí), de
los siglos XV y XVIII respectivamente. El farmacéutico Joaquín Castel Gabás,
sobrino de José Gabás, llegó a Cáceres en 1875, animado por su tío, con la
intención de abrirse camino en una pequeña y remota ciudad de provincias de
menos de catorce mil habitantes como era Cáceres entonces. Tío y sobrino vivían
en la Casa del Sol y allí mismo instaló Joaquín una fábrica de gaseosas y
sifones, llamada ‘La Extremeña’ (que luego trasladó a las traseras de la plaza
Mayor). Fue la primera fábrica de tal índole que hubo en la ciudad.
Durante
su estancia en Italia, el marqués de Ovando entabló amistad con la Congregación
de Misioneros de la Preciosa Sangre, fundada a principios del siglo XIX por el
beato Gaspar de Búfalo, fallecido en 1837 (antes de que el marqués llegara a
Italia). Ovando quedó fascinado ante la magnitud de los milagros atribuidos a
Gaspar del Búfalo. Hasta tal punto que, al morir sin descendencia, en 1864,
legó la Casa del Sol a los Misioneros de la Preciosa Sangre, con la condición
de que establecieran en él una casa residencia para los religiosos de la
congregación. Junto al palacio, otras posesiones del marquesado, como la casa
de Vargas Figueroa, pasarían también a ser propiedad de la orden. Esta
concesión debía hacerse tras la muerte de la marquesa, o en vida de ésta si
ella lo consideraba oportuno (que no lo consideró), ya que era la usufructuaria
de sus bienes. A partir de la muerte del marqués fue su viuda quien siguió
desde Italia los pasos del administrador. La comunidad de misioneros italianos
no se instaló en la Casa del Sol hasta 1899, tras la muerte de la marquesa, ya
nonagenaria, que sucedió en 1898. Joaquín Castel sustituyó a su tío en la
administración de los bienes de la familia Ovando y continuó ejerciendo de
administrador desde que la orden de la Preciosa Sangre los heredó.
La
Familia Solís.
Nos
cuentan los cronistas, que tal vez, los datos procedentes de entre los siglos
XVI y XVII referente a la genealogía de la familia Solís, puede estar viciados,
por ser tardíos en tiempo y época, por cierta voluntad de engrandecer y
resaltar dándole lustre un linaje donde no lo había, linaje en su origen
modesto, perteneciente a la baja nobleza cacerense durante los siglos XIV-XV,
resalta la escasez de recursos económicos, de la familia, y su adscripción
al sector bajo de la nobleza.
Joven
pobre en su origen, aunque de familia de hijosdalgo, se había visto obligado
por su estado de pobreza, a entrar humildemente al servicio de señores de la
corte, donde el cronista nos cuenta que: Hijo de padre honrado, de pobre
estado, escudero, hidalgo y de buenos parientes, nacido en la Villa de Cáceres.
Pobreza y hidalguía, circunstancias asociadas con mucha frecuencia a la nobleza
urbana, este estado seria causa determinante, para explicar el rechazo que
provocó el fulminante ascenso social del apellido Solís, el prestigio de un
linaje estaba en consecuencia de sus riquezas, y el hidalgo sin fortuna era más
o menos despreciado, el origen modesto de los Solís llevaba un estigma de
ninguneo en sus relaciones con la nobleza cacerense, quizás sea este el factor
que explicaría, la animadversión con el que se combatió, como los
esfuerzos persistentes realizados por Solís para legitimar su posición
social.
El
primero de los que con este apellido, nos cuenta el cronista, fue un tal
Gutierre Suarez, señor de Solís, villa del concejo de Cervera, allí en las
Asturias, descendientes de estos seria Alonso Fernández de Solís y su hermano
Gómez Fernández de Solís, armados caballeros por Alfonso XI en 1330, el último
de estos hermanos, acabaría asentando su solar en la villa cacerense, villa
donde los Solís, consolidaron la categoría social vinculada al control del
concejo cacereño ,al emparentar con Blazquez y los Ovando, linajes estos
si de mucho lustre y gran prestigio y fortuna.
Aunque
con muchas dudas, los cronistas creen ver en la persona de Diego de Cáceres, al
padre de Hernán, Gutierre, y Góme de Solís, que murió en 1434, en el desate
donde fueron diezmadas las tropas del Maestre Gutierre de Sotomayor, al
intentar la toma de Archidona, cuando fue contra el moro de Granada, este
hombre de armas, Diego de Cáceres, casó con Leonor de Loroña, a quien se le
atribuyen parentescos por vía ilegitima con la nobleza.
Algún
cronista pone en duda la escasez económica de los padres del que llegaría a ser
Maestre de la Orden de Alcántara, puesto que la casa solar de la familia
ocupaba parte de los jardines del actual palacio de Mayoralgo, como
recuerda Publio Hurtado, también dice el cronista que puede atribuirse el
señorío sobre la heredad de Castillejo, y nos cuenta que existe una real
licencia del monarca Juan II, para crear fundar mayorazgo a un Diego de Solís,
que bien pudiera ser el padre de estos personajes, pero la generalidad cree,
que la escasez económica vino a esta familia tras la muerte del cabeza de
la misma Diego de Cáceres, ya que la madre quedó al cargo de los hijos,
todos de muy corta edad.
Aparte
del Maestre, Gómez de Solís y de Herman Gómez de Solís, Diego de Solís y Leonor
de Loroña, tuvieron al menos tres hijos más, Gutierre de Solís, al que el
príncipe Alfonso concedería el Condado de Coria y que casó con Francisca de
Toledo, hija del Conde de Oropesa, Juana de Solís, cuya boda con el hidalgo
Francisco de Hinojosa, supondría el enfrentamiento entre él y Maestre y el
Clavero de la Orden de Alcántara, y María de Solís, casada con Galin Pérez
Pantoja. Los hermanos Solís y cuñados, ascenderían de forma espectacular con el
rápido ascenso social, en el momento en que Gómez de Solís, resulta favorecido
en la corte de Enrique IV, formando un bloque compacto, familiar y estratégico
entre 1465 y 1471, mientras Gómez se mantuvo a la cabeza de la Orden, pero que
acabarían sufriendo una restructuración interna tras la caída en desgracia del
jefe del linaje, en su momento de gloria, la unidad de los Solís, acabo
completando su organización político y social, creando relaciones clientelares
y de vasallajes en los ambientes cacerense, consolidando la ascensión social de
sus miembros, para detentar el poder político en el ámbito regional y local
frente a los competidores, pero tras la caída en desgracia de Gómez de Solís,
dejo ver su fragilidad y carencias de adaptación.
Corría
año 1455, el Conde de Oropesa había tomado bajo su servicio a un joven
hijodalgo de nombre Gómez de Solís, y estando ambos de visita en la corte de
Madrid, acuden a presenciar una lidia de toros en honor a Enrique IV. La mala
suerte quiso que uno de los toros saliese muy bravío, y no pudiéndole dar
muerte ni la guardia del Rey, cuando se disponía a empitonar a unos soldados
que se hallaban cerca del monarca, saltó el cacereño Gómez de Solís, que con su
capa atrajo al toro hacia él y sacando su espada (otros dicen que con una
lanza) le dio muerte. El rey admirado por su valentía, destreza y habilidad en
la lidia, lo llamó a su presencia al rebautizado por el monarca como D. Gómez
de Cáceres, y para que le sirviera bien en sucesivas contiendas le ofreció
primero el cargo de Mayordomo real y después en 1458, el Maestrazgo de
Alcántara vacante en aquel momento.
El lustre
de la familia Solís, comenzó a brillar a partir del encumbramiento de Gómez de
Solís, el cronista nos dice que le rebautizaron con “de Cáceres” cosa que
Miguel Muñoz de Sampedro, lo niega y afirma que jamás usó de este apellido, por
Enrique IV, quien cayó en gracia al Rey y lo elevó a pesar de su juventud, y la
humildad de su casa y origen, primero, al cargo de Mayordomo Real, y después al
Maestrazgo de la Orden de Alcántara, el objeto del rey Enrique IV, fue el
crearse un círculo, cercano de fieles muy poderosos, la apertura de la alta
nobleza a miembros del escalón inferior, en el transcurso del reinado de
Enrique IV, encontraría en los Solís protagonistas de estos hechos, esta nueva
aristocracia palatina, lucha por acercar su reciente poder cortesano a la zona
regional, pero como en el caso de algunos personajes, de rango inferior, el
rechazo a reconocerlos como a iguales, y en igualdad de condiciones, será una
de las causas de la que la nobleza de rancio abolengo, rechazaran a los recién
llegados
(algún
cronista de la época, señalan el factor sexual como origen del encumbramiento
en la corte de Enrique IV, Gómez de Solís, y el Rey enrique IV fueron amantes
durante mucho tiempo, lo que le valió varias y valiosas mercedes)
A la
Sombra de su hermano el Maestre, Herman Gómez de Solís, empezó a labrarse su
carrera en el panorama durante la segunda mitad del siglo XV, su primera
intervención pública, está documentada con motivo de su hermana Juana con
Francisco de Hinojosa, el verano de 1464 en la plaza mayor de la Villa
cacerense.
De sobra
son conocidos los hechos ocurrido con motivo de Juana de Solís, con Francisco
de Hinojosa, son muchos los cronistas que se han hecho eco de estos sucesos, en
los festejos organizados con el motivo de los esponsales, el clavero de la
Orden Alonso de Monroy, hizo repetido alarde de su fuerza y destreza con las
armas ante el cortejo, el hecho fue interpretado como por la parte de los Solís
como una afrenta que ponía en cuestión la valía y el estatus de los anfitriones
, Alonso Maldonado, lo cuenta con detalle, tantos como que fue testigo
presencial del suceso, señala a los hermanos del Maestre Gutierre y Hernán,
como los conspiradores para acabar con la vidas del Clavero, que de la envidia
que le tenían el amor se le habían vuelo en gran enemistad, la respuesta de
Alonso de Monroy, al herir al Francisco de Hinojosa, tras sufrir un intento de
agresión por parte de este, motivo la reacción por parte del sequito de los
Solís, los dos hermanos del Maestre se movieron por llegar los primeros,
mostrando ser ellos los injuriados, llenos de saña, se repite con énfasis la
animadversión e inquina de Herman Gómez de Solís y de Gutierre de Solís, hacia
Alonso de Monroy, como la causa del incidente que provocaría tanto
derramamiento de sangre, un gran cisma en la Orden de Alcántara y un largo
enfrentamiento armado, que al final supondría la caída en desgracia y ruina de
los Solís.
(Fuentes
Floriano Cumbreño-Historia de Cáceres)
(Fuentes
Alonso de Maldonado-Hechos de Alonso de Monroy)
(Fuentes
Publio Hurtado-Castillos)
(Fuentes
Simón Benito Boxoyo-Noticias)
(Fuentes Miguel
Muñoz de San Pedro-Donde Nacían)
Agustín
Díaz Fernández


Comentarios
Publicar un comentario