CEMENTERIOS DE CÁCERES

                                      CLXXXVII               

Crónica desde la calle Cuba de mi Llopis Ivorra

Nuestra Señora de la Montaña, tal es el nombre del cementerio actual de Cáceres, y data su principio de mediados  del siglo XIX, concretamente de 1844,  antes de la creación en este cementerio los enterramientos tenían lugar en el entorno de los barrios de San Blas,  el llamado de Pinilla, ya que los enterramientos en esta zona datan de muchos siglos atrás, tantos como desde la época romana, ya que de acuerdo con el derecho romano no se les tenía permitido incinerar ni inhumar cadáveres dentro de los límites de la ciudad, y esto tenía como motivo de evitar incendios y para salvaguardar la salud pública, de ahí el motivo de que las tumbas  y sepulturas se solían encontrar en los arrabales de las ciudades, se solían colocar en las entradas y salidas de las principales vías de comunicación donde podían ser visitadas por cualquiera que así lo deseara.

Así las cosas, los barrios de San Blas y de Pinilla por encontrarse estos en las inmediaciones de la Vía Lata (Vía Ancha, mal llamada de la Plata), lugares estos donde se encontraron varias lapidas sepulcrales, como aquella que apareció mientras se adecuaba el terreno para la construcción del edificio de la Fundación Valhondo un día 16 del mes de mayo del año de 1959, en la actualidad se encuentra esta lapida en el museo de Cáceres, con la inscripción que dice:

“Consagrado a los dioses Manes, Julia Segunda, hija de Silo, a su hijo Lucio Presencio Rufino de cuatro años, su madre procuró hacer este monumento a su hijo, aquí enterrado, Seate la tierra leve”.

También durante el periodo de dominio musulmán y hasta el siglo XIII, se mantuvo esta costumbre de hacer los enterramientos en las afueras del recinto murado con las variaciones y ritos de cada cultura como es de por sí natural, y legaron las tropas leonesas a la conquista y fue entonces cuando sin atender a las razones más básicas de salubridad, miraron más por el tema religioso, empezaron a hacer sus enterramientos en los alrededores e interior de las iglesias.

Y como no, la nobleza, postulados, miembros del alto clero, y demás gente de postín, van a gozar del privilegio de ser enterrados en el interior de las iglesias y conventos, en el suelo y en cuyas piedras se pueden ver su epitafio y escudo de armas de la casa del difunto, más tardes se producían los enterramientos de la gente de alcurnia en sus capillas ornamentales privadas en los laterales de los templos, de tal manera que hacían ostentación del poder social y económico de cada una de estas familias por sus enterramientos, esta gente por sus dineros ya tenían ganado el cielo, IVA incluido,  ahora si eres pobre te tiraban alrededor de la iglesia y a por otro difunto, de siempre y en todo en la vida existen diferencia entre ricos y pobres, solo si tenías dinero para comprar unas brazadas de tierra dentro de la iglesia, solo por eso ya tenías ganada la entrada en el reino celestial.

Nos cuenta el cronista que don Antonio Ponz, famoso historiador e ilustrado (1725-1792) contaba que daba la impresión de que cuando entrabas en las iglesias de la villa cacerenses que:

“En las parroquias es notable el número que se ven de lapidas sepulcrales, las más con carácter de antigüedad, que se refieren a lo ilustres sujetos que en ellas están enterrados, pero que ya hoy se van olvidando esta práctica de epitafios, pero el espectador puede observar la usanza de ambientar las capillas o parajes donde se entierran estos caballeros y señoras, las que con sus títulos suelen distinguirse con un dosel muy alto en sus entierros y que están hechos de bayeta negra y las que no con un paño de bayeta del mismo color y sus escudos de armas en él, de tal suerte que estas iglesias representan durante todo el año un fúnebre espectáculo, antes duraba este enlutamiento un año después del fallecimiento por quien se puso, pero ahora suelen quedarse allí hasta que se caen a pedazos las bayetas.



De mejor estilo parece el de las lapidas por su duración, y por qué en ellas se perpetúan los nombres de los sujetos con algunas de las circunstancias de sus hechos y calidades, que se quieran o no son monumentos históricos, toda vez que las bayetas no representan más que un poco de pompa momentánea, ya que al cabo del año ya se olvidó de por quien se puso, afean las iglesias y el visitante se queda en ayunas de que le gustaría saber y ver en urnas y lapidas.

Pero estando muertos los menos afortunados, debían conformarse con que sus enterramientos fueran en la tierra de las calles que rondaban las iglesias, y así de esta manera, se fueron constituyendo cementerios a lo largo de los siglos alrededor de las parroquias cacereñas, a saber, fueron estas cuatro, Santa María, San Juan, Santiago y San Mateo.



Más seria al efectuar excavaciones alrededor de las iglesias parroquiales para la conducción de aguas y otras obras de mejoras del pavimento, se fueron encontrando restos humanos de los allí enterrados durante siglos, en algunas piedras de las casas que rodeaban las parroquias se esculpía la palabra “cimenterio” como aun en día se puede observar en la fachada de la Casa del Sol en el Callejón de la Monja, también se podía observar esta palabra en la esquina de la casa de Ulloa en la calle Ancha, esquina a la plaza de San Mateo, junto a la iglesia de Santa María, puede leerse la misma inscripción “cimenterio” bajo el balcón esquinado del solar primitivo de Carvajal, así como en la pared del jardín de la misma casa.

El crecimiento de la población durante el siglo XVIII, obligan a adaptar nuevas competencias en materia de urbanismo e higiene, lo que hace que las autoridades comiencen a crear nuevos campos santos en las afueras de las ciudades, con mejores condiciones de espacio y ventilación, y clausurándose los saturados e insanos “cimenterios” ubicados junto a las parroquias, y seria por Real cedula de 3 de abril de 1787 en la que se ordena establecer cementerios para dar sepultura a los fallecidos, y donde se establecía que:

“se harán los “cimenterios” fuera de las poblaciones, siempre que no hubiere dificultad invencible o grandes anchuras dentro de ellas, en sitios ventilados y cerca de las parroquias y distantes de las casas de vecinos, y que se preverán para capillas de los mismos “cimenterios” las ermitas que existen fuera de los pueblos como ya se ha empezado a practicar con buen suceso”.

Pero al establecerse la Real Audiencia en el año de 1791, y a pesar de las disposiciones establecidas, la villa cacerense todavía no dispone de un cementerio municipal y continúan los enterramientos en los de las parroquias de Santa Maria y Santiago, y fue ya en 1804 y con fechas de 26 de abril y 28 de junio, donde se especifica nuevas recomendaciones para la construcción de un campo santo:

“se deben construir los “cimenterios” fuera de las poblaciones y a una distancia conveniente de estas y en parajes bien ventilados y cuyo terreno por su calidad sea el mayor propósito para absorber las miasmas pútridas y facilitar la pronta consunción o desecación de los cadáveres, evitando el más remoto riesgo de filtración o comunicación con las aguas potables del vecindario, estos cimenterios deberán estar cercados en altura suficiente para impedir la entrada en ellos a personas o bestias, capaces de causar profanación opuesta al honor con el deben ser tratados los cadáveres, también se podrán construir sepulturas de distinción, ya sea para preservar los derechos que tengan adquiridos algunas personas o familias en las iglesias parroquiales o conventuales, o ya sea para sepultar a otros que aspiran a ese honor, pagando por ello lo que se estime sea justo”.

Y ya con estas disposiciones y en 1805 las autoridades municipales deciden buscar el emplazamiento más conveniente para construir un nuevo cementerio que satisficiera las necesidades de la población. En primer momento se pensó para este menester la era de los Mártires, junto a la primitiva ermita de este nombre, que fue demolida en el año de 1845, para construir en su lugar la Plaza de Toros, al final se desechó este paraje y se eligió la falda nordeste del denominado Teso de San Blas y en una propiedad conocida como Cerca de los Muertos, ésta cerca ya se había utilizado como lugar de enterramientos y cuyas ventajas y condiciones era manifiestas frente a otros espacios de la periferia urbana.

Y es que su situación al Nordeste de la población, y teniendo como barrera la sierra de San Blas que la quedan a cubierto de las corrientes de aire y exhalaciones mefíticas del cementerio por hallarse ésta a la distancia de trescientos pasos poco más o poco menos de la ermita de San Blas, y que esta ermita se distingue por ejercer los oficios funerarios.

La Cerca de los Muertos, por lo que declaran los facultativos y otros señores muy capaces y de mucho entendimiento paisanos de la villa cacerense, es terreno muy capaz, propicio para enterramientos, tiene paredes que la rodean y habiéndose enterrado allí en lo antiguo mucho número de cadáveres , en tiempos de epidemias y guerras sin impedimento del vecindario y a que su dueño don Julián Sarmiento, (contador de millones y alcabalas) está dispuesto a cederlo para dicho fin, como así lo ha manifestado en varios ocasiones, pagándose por el cercado una suma regular, ya que con mucho menor coste puede levantarse en poco las paredes y la puerta de entrada que ya tiene, también se hace contar la buenas accesibilidad por la disposición del camino hasta llegar al sitio, ya sean en tiempo de invierno o verano, y que aun será mejor una vez terminado el puente nuevo que se está fabricando, este puente que hace referencia, será para salvar el paso de Ríos Verdes, que busca por allí salida hacia la Ribera del Marco y poner en comunicación las calles Sande y Peña con el camino de los Cuatro Lugares, que tenía su comienzo en la explanada de la ermita de San Blas, este puente aún sigue existiendo, pero cegado y debajo de la actual calzada.

“Hallándose así con buena proporción de calle para la conducción de cadáveres desde cada una de las cuatro parroquias, en el supuesto de que hallan de ser conducidos en carros y caballería mayor dispuestos para ello después de celebrarse los oficios correspondientes, y que este se podrá celebrar en casos urgentes de voluntad o convenido por cierto genero de personas en la ermita de San Blas, por la buena proporción que tiene para ello distante algún tanto de la villa y cercana a la dicha Cerca de los Muertos, y que levantada la pared media vara en sus tapias con caballete, reponiendo algún que otro pedazo de los que están más bajo y con el blanqueo correspondiente se ha dejado con decencia la fachada y el arco de la entrada que se tiene con una cruz encima y otra que hay que poner en medio del cementerio.

La compra del terreno para cementerio ascendió a 30.033 reales, y los trabajos de adecuamiento y adecentamiento de la cerca dirigidos estos por el maestro de obras Narciso Gallardo, quien replantea una cerca un perímetro casi cuadrangular con cien varas castellanas aproximadamente, unos 83,5 metros para cada muro que limita y que contiene en su interior un espacio cuadrado para dar cabida a las sepulturas agrupadas por cada una de las cuatro parroquias.

Y en esas andaban, cuando les pilló la guerra, de la Independencia 1808-1814, fue esta vez, y cuyas desastrosas consecuencias hicieron que se retrasara la inauguración del nuevo cementerio, así lo refleja la queja de un vecino anónimo en la Asociación de Cáceres, primer periódico manuscrito y cuya publicación en 1813 corría a cargo del regidor Álvaro Gómez Becerra y del escribano de la Audiencia Claudio Constanzo:

“El ayuntamiento está tratando de construir los cementerios que se mandaron hacer fuera de las poblaciones, hace ya bastantes años y esta obra es más necesaria y de más utilidad, ya que la sanidad pública ganara y mucho, y la decencia de las iglesias no perderán nada, podremos entrar en ellas a cualquier hora sin temor a que nos hagan daño las exhalaciones de los cadáveres y la casa de dios tendría un piso más cómodo y estarían más limpios y aseados, dejando de ser un depósito de hediondez y podredumbre, dicen se dispone la purificación de las cárceles, hospitales y demás reuniones de miseria, ¿pero que se adelantara con eso si una de las cosas más esenciales se queda en pie? La policía de las iglesias ¿Qué es cosa de lo más interesante, porque no se ejecuta? ¿y porque no han de cuidar los señores curas cuando menos que, los cuerpos queden bien sepultados, y las losas cubran uniformes y cogidos con bastante cal, ¿no se lograría por este medio tener un piso cómodo, y se evitaría que la podredumbre exhalara miasmas pestilentes en perjuicio de la salud del pueblo? ¿Por qué han de permitir enterrar a los pobres en el contorno de las parroquias expuestos a ser pasto de perros y cerdos? ¿acaso no esté destinado el reino de los cielos para las almas de estos según las bienaventuranzas? ¿pues por qué no han de poder tener cabida sus cuerpos donde la tiene los ricos? ¿es posible que exista esto entre cristianos? Y que no puedan borrar ciertas máximas antiguas, ¡coño estamos ya en 1813!

Más sucedió que en el de 1814, por fin se hizo realidad el deseo de acondicionar el campo santo fuera de la población, pero el proyecto de cementerio en la Cerca de los Muertos, quedaba de momento guardado en el cajón donde se guardan los proyectos pendientes del ayuntamiento, así las cosas, los avisados y entendidos de la villa cacerense se ponen a buscar otro terreno, y lo encuentran alrededor de la ermita del Espíritu Santo* y ya en 1814 se veían los primeros enterramientos en este cementerio provisional de la villa.

También seria encargado del acondicionamiento de este campo santo a Narciso Gallardo y la capilla fue pagada por Pedro Cayetano Golfín y Colón, nacido en 1765 y finado nen 1828, Conde de Torrearías, este cementerio en el año de 1828 todavía seguía en uso, al compás que el de San Blas, que ya llevaba varios años dando servicios de enterramientos.



*Pascual Madoz en su diccionario Historico-Geografico de 1855:

Hubo otro cementerio frente a la arruinada ermita del Espíritu Santo, que dejó de usarse por ser insuficiente*

Daba comienzo el siglo XIX, y hasta los años cincuenta del mismo, la villa cacerense sufre un incremento de mortalidad con trazas de catástrofe, las causas fueran varias, la guerra de la Independencia entre los años 1808-1814, malas cosechas sufridas en los años 1816-1817, desordenes políticos del periodo constitucional y la venida a la villa del Empecinado entre los años 1820-1823, epidemia de viruela de 1835, la epidemia de colera de 1855-1857,* en el año de 1837 se sitúa la cifra de fallecidos en 437 habitantes, lo que supone una tasa del 40% de una

 población que rondaba los 7400 habitantes, *

*J.A. Campesino-Estructura y paisaje urbano de Cáceres 1982*

 Estas circunstancias dieron en saturar los cementerios, así las autoridades se vieron obligadas a clausurar el cementerio del Espíritu Santo, por falta de espacio para más enterramientos.

Y al cerrar este campo santo del Espíritu Santo, la gestión del ayuntamiento de la villa cacerense fue nefasta, dejaron el cementerio abandonado a su suerte, con una superficie del suelo dejaron a la vista del público los huesos de los difuntos allí sepultados con los problemas derivados de una carente higiénicas, junto con una horrible administración que motivaron un sinfín de quejas que en 1844 la gestión pasó a manos de la Junta de la Beneficencia dependiente de la Diputación Provincial.



*aunque se ha publicado que esta portada era la entrada al antiguo cementerio del Espiritu Santo, no se corresponde con la realidad, en esta cerca nunca hubo cementerio, el cementerio estuvo ubicado en los alrededores de la ermita*

Y ya con la gerencia de la Junta de la Beneficencia un 20 de diciembre de 1844 se hace público el primer estatuto de cementerios donde se detalla la categoría de los enterramientos y los distintos precios, ya fueran sepultados en sepulcros perpetuos o temporales, hasta esta fecha los cadáveres eran conducidos al cementerio cubiertos tan solo con un sudario y a través de las calles de la villa, con gran peligro para la salud pública, y más en el caso que fuera persona fallecida por cualquier enfermedad contagiosa, al mismo tiempo que la gestión de los entierros pasan a depender de agencias funerarias en detrimentos de las cofradías, se impone el depósito de cadáveres en caja, al menos durante el traslado del cadáver hasta el cementerio.

La mayoría de las tumbas se seguían excavando con un hoyo en la tierra y a veces se lo acompañaba con una cruz con un número que identificaba al difunto, mientras los privilegiados de la sociedad seguían conservando el privilegio de recibir sepultura en las iglesias y conventos, pero con la gestión de la Junta de beneficencia se comienzas a construir en el cementerio los primeros nichos adosados a los muros y superpuestos hasta en tres alturas.

Resultó que, estas sepulturas por su novedad no gustaba al pueblo por su novedad, y hasta se mostraban reacios a enterrarse en ellos y tal vez fuera este el motivo por el que se decidiera inaugurar este sistema de inhumación trasladando desde el convento de la Concepción, cenobio que habia sido clausurado por la amortización de Mendizábal en 1836, los restos de Juan Duran de Figueroa, que fuera uno de aquellos llamados Indianos y natural de la villa cacerense y su mujer Isabel Baca, quienes en su testamente dejaron la manda de fundación del convento en el año 1604.

De este convento de la Concepción que ya en 1843 se encontraba en ruinas, se aprovecharon materiales y elementos arquitectónicos y ornamentales  para construir la capilla del cementerio, en esta capilla se encuentra la escultura en mármol blanco de la Virgen con el niño, esta imagen procedía de la fachada del Convento de San Francisco con la advocación de la Virgen de la Estrella, esta Virgen fue la que mando tallar a un escultor de Badajoz el Obispo Sancho Antonio de Velunza y Corcuera en el año de 1726, para colocarla en la hornacina del recién construido Arco de la Estrella y donde nunca llegó a estar ya que fue sustituida por la encargada por Bernardino de Carvajal y Moctezuma.



*El mencionado Convento de las monjas concepcionistas, se abrió al culto en 1611, seis años después de la muerte de su fundador y patrono, estaba ubicado entre las calles de las Ruizas y de la Cadena, ya desaparecidos del callejero, en 1836 con la desamortización de Mendizábal, en 1843 este edificio fue comprado por el Ayuntamiento que ya se presentaban en ruinas en la subasta de bienes nacionales, y en 1848 fue derribado el edificio conventual y urbanizar el solar en la plazuela que llevaría el nombre del Convento, es decir plaza de la Concepción*.

Volviendo al cementerio, en los muros de los patios más antiguos se encontraban los nichos de los difuntos de profesiones liberales, personajes ilustrados y de las clases medias acomodadas del siglo XIX y primera mitad del XX. Políticos, militares, empresarios, comerciantes, altos funcionarios, abogados, magistrados y hasta algún miembro de la nobleza:

Antonio Reyes Huertas 1952, el fotógrafo Javier García Téllez 1963, Joaquín Muñoz chaves 1923, José Muñoz chaves 1890, Luis Sergio Sanchez 1864, Juan Sanguino Michel 1921, el escultor Eulogio Blasco 1960, Joaquín Castel 1913, José Ibarrola 1944, Diego Maria de Crehuet 1956, y otros destacados miembros de la sociedad cacereña.

Ya durante la segunda mitad del siglo XIX, la Diputación Provincial y a través de la Junta de Beneficencia seguía ocupándose de la administración del cementerio, aunque el ayuntamiento cacerense seguía siendo el propietario, más las autoridades municipales se mantenían en el empeño de reclamar las competencias para la administración y conservación del campo santo y ante las negativas incluso se planteó la contratación de un nuevo cementerio municipal en la falda de la sierrilla.

De siempre la historia del cementerio estuvo escasa de nichos, con el problema de realizar exhumaciones, y en 1855 tuvieron que ampliar con un segundo patio con dimensiones parecidas del original, pero a pesar de esta ampliación y alguna que otra obra de mejora ya en 1893 el recinto de la Cerca de los Muertos, denotaba un gran estado de abandono y ruina.

(Fuentes Antonio Rodríguez González-cementerio)

(fuente J.A.Campesino-Estructura y Paisaje Urbano)

(fuente Publio Hurtado)



Agustin Díaz Fernández

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